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Varo nace hace un siglo (1908) en Anglés, Gerona (España), estudia bellas artes en Madrid y luego viaja a París. A finales de 1941 llega a México, huyendo del terrible fantasma que recorre a Europa: “Llegue a México buscando la paz que no había encontrado ni en España —la de la revolución— ni en Europa —la de la terrible contienda—, para mí era imposible pintar entre tanta inquietud”.
México es entonces para innumerables artistas, como lo definió Breton, “el lugar surrealista por excelencia”. El mundo afronta no sólo el inexorable cataclismo de la guerra, hay por entonces otro fantasma que se presenta como ajeno: la inquietante presencia de los fenómenos inconscientes.
A través del arte y la investigación de principios y mediados de siglo XX, el mundo de Remedios Varo reciente aún de los aportes de Freud, de las anticipaciones de Nietzsche, que develan, que más allá de las firmezas del “conciencialismo” reinante, no vivimos, sino que somos habitados por el inconsciente.
Más allá de la extrañeza y el retraimiento improductivo que puedan generar tan novedosos fenómenos psíquicos, encuentra Varo remedio en esa voluntad creadora que el artista logra al sublimar el conflicto.
Remedios Varo ve en los sueños “la vía regía” para acceder al inconsciente y en “la interdependencia de los objetos domésticos y su influencia sobre la vida cotidiana”.
En los objetos como en los sueños, encuentra substancias similares, que se manifiestan en un “azar objetivo” en el que elementos irreconciliables aparecen “desempeñando un papel”.
El remedio de Varo para el mal del siglo se compone entonces, como nos lo señala Castells, a partir de su propia alquimia; de sus Fórmulas y Recetas; en la decidida creación (pictórica y literaria) de su Homo Rodans, como modelo de su antropología imaginaria; en el “ancestral motivo del mundo al revés”, que da lugar al humorismo de sus textos alegóricos, a la parodia de la “la pedantería y la erudición”.
La vida convertida en literatura
Manuel Osorio
El africano de J.M.G. Le Clézio, Premio Nobel de Literatura 2008, es una novela en la que el autor no se limita a recordar un hecho de su pasado para luego ficcionarlo y transmitirlo de una manera “pulcra y bella”. También es una obra en la que el tema político es calculado, medido en cada palabra. El resultado es una novela en la que se resalta el recuerdo sensible, delicado, casi poético, de un mundo que se debate entre su pasado y su presente.
Si bien este libro contiene algunas descripciones de momentos de la infancia del escritor en África, que son acompañadas por fotos tomadas por su padre, la novela es más que un texto autobiográfico o un simple relato de viajes, es un libro autorreferencial ya que Le Clézio convierte su vida en ficción. Pero, ¿de qué trata la historia? En primer lugar, el narrador contará sobre su niñez en África, para luego comprender la vida y la historia de su progenitor y finalmente saber quién es “el africano”; es una manera de comprender a su padre y los hechos de su historia personal.
En esta novela la naturaleza tiene una importancia fundamental, pues la vegetación se presenta exuberante, hay conciencia del cuerpo, de las diferencias y semejanzas, y se relata el comportamiento de éste ante el paisaje africano y familiar. La naturaleza es cómplice y reveladora del padre.
El africano es un libro en el que Le Clézio escribe desde la añoranza, describe a su padre desde la memoria para acomodarlo al momento en que el olvido se es recobrado. Es la exploración de su vida, para convertirla literatura.