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La primera vez de Strauss en Colombia

Las dos cabezas principales del montaje “Salomé”, Josep Caballé Domenech, director musical, y Joan Anton Rechi, director escénico, conversan sobre la nueva producción en gran formato del Teatro Mayor, que incluye la participación de 17 solistas, ocho figurantes y la Orquesta Filarmónica de Bogotá.

Juan Carlos Piedrahíta B.

13 de febrero de 2016 - 09:00 p. m.
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Josep Caballé Domenech (J.C.D.): Salomé es la primera ópera de Richard Strauss (1864 - 1949) que se hace en Colombia, así que es el estreno de ese compositor alemán en Colombia y es impresionante saber que eso puede ocurrir.

Joan Anton Rechi (J.A.R.): Así es, es muy extraño porque Bogotá es una ciudad que tiene tradición operística. Hay muchos sitios del mundo donde no son habituales estos conciertos. De hecho, Madame Butterfly o Tosca, una de las dos, se estrenó en Bogotá tan sólo cinco años después de su composición, lo que pasa es que en muchos países de Latinoamérica la ópera está más relacionada con las piezas italianas. Colombia se está abriendo a compositores alemanes.

J.C.D.: En muchas partes Salomé no se ha interpretado todavía, por ejemplo en la Isla de Pascua o en Andorra.

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J.A.R.: Es algo muy especial el plantear que los espectadores la van a escuchar en vivo por primera vez. Esa característica la hace muy especial para nosotros.

J.C.D.: Claro. Creo que Richard Strauss ofrece poca flexibilidad porque en la partitura escrita por él está muy bien detallado lo que se debe hacer. Como director musical yo tengo un poco más de margen de maniobra y por eso nunca habrá dos Salomé iguales.

J.A.R.: Esa pieza es una de las óperas que más he visto representada y se ha hecho de todo, desde montajes historicistas hasta propuestas descontextualizadas. A mí lo que me ha pasado es que al realizarse por primera vez, yo quería hacer una lectura moderna y que la gente reconozca el personaje. El reto fue hacer algo de nuestro tiempo y que fuera fiel tanto a la original de Oscar Wilde como a la de Richard Strauss.

J.C.D.: A mí lo que me pasa es que cada vez que hago una ópera el equipo es distinto y eso ya plantea dinámicas nuevas. En este caso vimos que ambos directores vamos en la misma dirección y eso ya refleja una enseñanza.

J.A.R.: Es que toca ser permeable y dejarse influenciar por todo. Estamos ante una obra tan rica que siempre surgen aspectos nuevos y por eso en las grabaciones que hemos hecho he escuchado cosas que jamás me hubiera podido imaginar. Yo me atrevería a decir que Salomé es una obra maestra porque yo no le quitaría ni le añadiría nada. Ahora puedo decir que conozco mejor a Strauss después de este trabajo tan intenso.

J.C.D.: Un gran logro es que los dos entendimos que un proyecto de esta magnitud es un proceso de creación. Por eso uno puede tomar decisiones que se van perfilando, aunque yo no vengo con una idea preconcebida de que Salomé tiene que sonar de una manera específica. El secreto está en ver qué pasa y el éxito no radica en decir: “Ahí está mi versión de la obra, sino nuestra visión de esa pieza”.

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J.A.R.: Estoy totalmente de acuerdo con eso. Hemos hecho un trabajo muy de equipo. Creo que todos aportamos y así yo tenga una imagen preconcebida, eso se puede revertir con la energía con la que aparecen los artistas.

J.C.D.: Y todo eso se resuelve en el mismo escenario. Nos toca tomar muchas decisiones que solamente se pueden plantear en el momento de la puesta en escena.

J.A.R.: Por ejemplo la altura que tanto afecta a los cantantes. Yo me puedo imaginar a una protagonista saltando todo el tiempo, pero eso tal vez no se puede hacer a 2.600 metros sobre el nivel del mar. Uno como director es un poco el capitán del barco y lo difícil es superar esa creencia de posiblemente haberse equivocado al tomar una decisión.

J.C.D.: Como director se pueden tomar muchas decisiones, pero lo más complejo es mantener una lógica sintonizada con el espectáculo. A mí me pueden formular 400 preguntas distintas, pero mis respuestas deben ser consecuentes unas con otras.

J.A.R.: Es muy difícil no perder los nervios en este oficio.

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J.C.D.: Aprendemos de nuestras experiencias.

J.A.R.: Y cómo no si son sobre el escenario 17 solistas, más ocho figurantes, la orquesta y todo el equipo técnico. Hay que mantener tranquila la úlcera.

J.C.D.: Mi trabajo no se resume en mover la mano, sino tener la visión para establecer hasta dónde se puede llegar. Se trata de poder prever cosas y me tiene muy contento el trabajo que hemos hecho con la Orquesta Filarmónica de Bogotá, porque sus integrantes han captado el lenguaje operístico de Richard Strauss.

J.A.R.: Lo mejor es aprender a confiar y delegar porque siempre hay un equipo que va a reproducir lo que uno tiene en mente. Nosotros hacemos espectáculos desde la sensibilidad y también tenemos que pensar que por fortuna un montaje no es, ni mucho menos, una operación a corazón abierto. Es como hacer la salsa mayonesa, que uno compra los mismos ingredientes pero nunca sale igual, así será Salomé.

J.C.D.: Yo, por ejemplo, no estoy haciendo un espectáculo para el público, sino en un proyecto creativo. Por eso ninguna función de Salomé será igual a la otra.

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Martes 16, jueves 18 y sábado 20 de febrero, 8:00 p.m. Teatro Mayor, calle 170 N° 67-51 (Bogotá). Información y boletería: www.primerafila.com.co.

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Por Juan Carlos Piedrahíta B.

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