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Cansados de advertirles a los humanos acerca de la inminente destrucción de la Tierra sin que éstos se dieran por enterados, los delfines decidieron abandonar el planeta. Su última comunicación fue interpretada como “un intento sorprendente y complicado de realizar un doble salto mortal hacia atrás pasando a través de un aro mientras silbaban el Star Spangled Banner. En el fondo, lo que los delfines dijeron fue esto: ‘Hasta luego, y gracias por el pescado’”.
Por cuenta de una aparente confusión burocrática, la Tierra fue destruida cinco minutos antes de que hubiera cumplido su propósito final; su destrucción tenía como fin construir en este cuadrante de la galaxia una vía rápida hiperespacial, que, con alguna suerte, aliviaría el tráfico interestelar.
Los encargados de la destrucción del planeta fueron los vogones, una especie desagradable y sin mayor imaginación que, sin embargo, está encargada de la mayoría de las tareas en la galaxia, cosas como la construcción de vías hiperespaciales y las labores de gobierno, en general. Al respecto de los vogones, la Guía del autoestopista galáctico advierte que, bajo ningún pretexto, se les debe permitir leer poesía. “La poesía vogona ocupa, por supuesto, el tercer lugar entre las peores del Universo. El segundo corresponde a los azgoths de Kria. Mientras su principal poeta recitaba su poema (…) cuatro de sus oyentes murieron de hemorragia interna, y el presidente del Consejo Inhabilitador de las Artes de la Galaxia Media se salvó al comerse una de sus piernas. La peor de todas las poesías pereció junto con su creadora, Paula Nancy Millstone Jennings, en Essex, Inglaterra, en la destrucción del planeta Tierra”.
Volviendo al asunto de la destrucción de la Tierra, este nefasto hecho ocurrió el mismo día en que Arthur Dent, británico, intentó que su casa no fuera demolida por el consejo municipal local para construir una vía de circunvalación que, con alguna suerte, aliviaría el tráfico intermunicipal. Dent falló en esta tarea, pero poco antes de que su planeta fuera destruido fue rescatado por su amigo Ford Prefect, quien en realidad era un extraterrestre dedicado a investigar y escribir artículos para la Guía del autoestopista galáctico.
Unas cortas palabras acerca de la Guía: “En muchas de las civilizaciones más tranquilas del margen oriental de la Galaxia, la Guía ya ha sustituido a la gran Enciclopedia galáctica como la fuente reconocida de todo el conocimiento y la sabiduría, porque si bien incurre en muchas omisiones y contiene abundantes hechos de autenticidad dudosa, supera a la segunda obra, más antigua y prosaica, en dos aspectos importantes: en primer lugar, es un poco más barata; y luego, grabada en la portada con simpáticas letras grandes, ostenta la leyenda ‘NO SE ASUSTE’”.
En su capítulo acerca de la Tierra, la Guía asegura lo siguiente: “Fundamentalmente inofensiva”. Siendo justos, esta definición es verdadera, aunque tal vez algo extensa, pues el planeta no es más que un computador gigante encargado de descifrar la pregunta acerca de la vida, el universo y todo lo demás. Todo el planeta es una enorme matriz operacional para encontrar la pregunta, pues la respuesta ya había sido calculada por otro computador, llamado Pensamiento Profundo.
En su momento, Pensamiento Profundo precisó, después de 7,5 millones de años de cálculos exhaustivos, que la respuesta a la pregunta por la vida, el universo y todo lo demás era 42.
Ante la evidente decepción de los creadores de Pensamiento Profundo por el carácter de la respuesta (algo escueta, sin duda), esta raza de seres hiperinteligentes y pandimensionales le encargaron la creación de un computador que a su vez calculara una pregunta más exacta que pudiera ofrecer más relevancia a la respuesta ulterior (42).
La pregunta, por desgracia, se perdió cinco minutos antes de que el programa terminara de calcularla por cuenta de la destrucción del planeta hecha por una flota de construcción vogona el mismo día en el que la casa de Arthur Dent, británico, fuera demolida por cuenta de una flota de construcción enviada por el consejo municipal local.
Por suerte, aunque esto sigue siendo materia de debate, los constructores de la Tierra (habitantes de un planeta que se dedica a construir planetas por encargo) hicieron un repuesto. Uno de los trabajadores incluso llegó a ganar un premio galáctico de diseño por la construcción de un lugar llamado Noruega.
slarotta@elespectador.com
@troskiller