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La ruta de la serpiente

El equipo de producción de “El abrazo de la serpiente”, encabezado por Cristina Gallego, estableció un mapa de trabajo para superar la intensa humedad del Amazonas y los desplazamientos por ríos y caminos de tierra.

Karen Viviana Rodríguez Rojas

25 de febrero de 2016 - 11:13 p. m.
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La idea estaba clara desde el inicio para Ciro Guerra, director de El abrazo de la serpiente: esta sería una película grabada en la selva del Amazonas, en lengua indígena y en blanco y negro. Sin embargo, cuando le comentó el proyecto a Cristina Gallego, su esposa y productora del filme, ella fue la primera en oponer resistencia: “Me parecía interesante, pero habíamos tenido experiencias muy duras con Los viajes del viento. El trabajo con comunidades indígenas es muy difícil, y lo último que quería era grabar toda una película en uno de sus resguardos”.

Al final, la terquedad de Guerra hizo que su esposa aceptara ser la productora. El trabajo empezó con la búsqueda de recursos para financiar la película. Muchas veces les rechazaron el guion, les dijeron que no se entendía o que sería un proyecto muy arriesgado, pero siguieron tocando puertas hasta alcanzar un presupuesto de US$1,4 millones, con el que realizaron la producción. Una vez alcanzado el primer escalón, que los conduciría a hacer historia en el cine colombiano, viajaron por varias regiones del país, hasta llegar al Vaupés, en donde recorrieron el río, vieron el paisaje, conversaron con las comunidades y decidieron que ese sería el lugar para grabar.

“Viajé como seis semanas antes de empezar el rodaje para ubicar las zonas específicas en las que se grabaría la película. Como la selva es tan cambiante, tenía que estar mirando las orillas del río para encontrar el escenario que más nos sirviera. Tomé fotografías y las compartí con Ciro y el equipo de arte”, explica Miguel Antonio Zanguña, productor de campo de la cinta.

Su principal herramienta al momento de ubicar las locaciones fue el story board que había diseñado Guerra, el cual, según él, era tan claro que le permitía reconocer los espacios que serían después el set.

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El primer acercamiento de la comunidad indígena con la película fue a través del departamento de casting. Por su parte Zanguña, en compañía del jefe de producción César Rodríguez, les explicó de qué se trataba el proyecto. Buscaron las personas que los guiaran en la selva y los ayudaran a adecuar las locaciones. De esta manera los hicieron parte del proceso de preproducción y rodaje.

Junto con él estaba el también productor de campo Leonardo González, encargado de organizar la logística del grupo de trabajo. “Nos tocaba desplazarnos en bicitaxis porque no había automóviles. Además, trasladamos los equipos de todos los departamentos (cámaras, luces, micrófonos) en motos que tenían una parrilla atrás”.

Cuando llegaban a los sets que se habían establecido cerca del río, el grupo de producción de campo se dividía por lo general en dos lanchas, una en la que iban dos personas con las luces y cámaras y otra en la que se transportaban de siete a diez personas. Zanguña me aclara que esto cambiaba según el lugar en el que fueran a grabar, pues para cada zona había que llevar equipos distintos.

Uno de los mayores retos que enfrentó la producción fue el desplazamiento para grabar a la orilla del río, pues el lugar donde se hospedaban era un campamento ubicado en una hidroeléctrica a una hora de Mitú por tierra. Por eso el traslado de los equipos podía tardar más de una hora y media en llegar al punto del rodaje. El clima cambiante de la selva también los obligaba a detener las grabaciones.

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Seis semanas después del rodaje, buena parte del proceso de posproducción se realizó en Argentina. Esteban Mentasti, coproductor de El abrazo de la serpiente, me explica que la película, grabada en 35 mm, fue revelada a color. Una vez seleccionadas las secuencias, se escanearon para intervenirlas digitalmente y crear el blanco y negro.

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Al momento de editar el material se utilizó la técnica de transfer a una luz, que le permite al productor observar las imágenes originales y elegir las que se usarán en la cinta. La finalidad de este proceso es comprobar que las piezas se encuentran sin problemas para así pasar a la fase de off line, donde se edita.

Para aplicar el blanco y negro se usó el método de colorimetría cuadro por cuadro. Mentasti comenta que, aunque tuvo dudas sobre este cambio de color, pues los canales de televisión no suelen hacerlo, le pareció muy acertado eliminar el verde intenso para hacer la selva más ligera a la vista.

El abrazo de la serpiente creó en el equipo de producción una conexión con el mundo espiritual de las comunidades indígenas, con el cual aprendieron a escucharse entre ellos y soportar las largas jornadas de trabajo. Quizá la bendición que recibieron de esa comunidad en momentos previos al rodaje les permitió superar las adversidades.

Aunque Gallego dijo “cuando estás investigando sobre la selva, todo te indica que no tienes que filmar una película allá”, este equipo de más de 50 personas rodó allí una historia que es hoy reconocida a nivel mundial, después de 30 años de que se hiciera la última película de ficción en el Amazonas.

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Por Karen Viviana Rodríguez Rojas

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