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19 Apr 2022 - 12:00 p. m.

Andrés Obando: “Hay tres tipos de amor: por uno mismo, por el arte y el Estado”

Andrés Obando, autor del libro Entre lágrimas y cintas, es uno de los invitados a la Feria Internacional del Libro de Bogotá, que empieza hoy.
Andrés Osorio Guillott

Andrés Osorio Guillott

Periodista Deportes
Andrés Obando, autor de libros como "Entre lágrimas y cintas", "Tintoretta" o "Bajo el suelo de París".
Andrés Obando, autor de libros como "Entre lágrimas y cintas", "Tintoretta" o "Bajo el suelo de París".
Foto: Cortesía Penguin Random House

“Las pasiones en la vida son muy importantes. Mi amor por la literatura lo plasmé dentro del director de cine y su necesidad de seguir siendo director, de que el arte sea todo. Y creo que eso proviene de un tema personal de que la vida no la puedo ver a través de hojas de excel, así haya sido esa mi educación, sino que hay algo más allá y hay que balancearlo. Apartándome del tema del amor romántico, la novela está orientada en ese amor por el arte”, dijo Andrés Obando, que aunque ha dedicado buena parte de su vida a la administración de empresas, sabe que si hay algo que lo mantiene vivo y con certezas es el arte, es escribir y leer.

Personajes que no necesariamente encarnan a seres humanos, personajes que encarnan una idea, una convicción. Y cuán agradecidos podríamos ser con la literatura, pues esta nos permite justamente personificar una certeza o un pensamiento que habíamos tenido en la cabeza. Y más que la historia de amor que encierra varias de las decisiones que toma Edmundo, es el Señor Lobo, un director de cine nostálgico por la Unión Soviética, el que parece ser el personaje central de Entre lágrimas y cintas, la más reciente novela de Andrés Obando, pues este representa lo que al autor lo ha movido a escribir: el amor por el arte.

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“Ese personaje puede ser hasta el gran protagonista de la novela. Yo no quería escribir una historia de amor, sino una en la que el personaje pudiera entender el mundo soviético, y aunque la historia no esté basada en esos años sino en 2007, este personaje del director es la representación del arte y el amor por la Unión Soviética, por la nostalgia que muchos tienen por esta”, cuenta Obando.

“ -Déjese de bobadas, señor Álvarez. En esta vida solo hay dos tipos de amores el amor a uno mismo y el amor al arte”, dice el señor Lobo en un diálogo de la novela. Y Andrés Obando aclaró que: “Hoy en día le habría agregado otro más: el amor al Estado”.

Esta historia que cuenta el escritor antioqueño viene de años atrás, de un gusto por la historia del siglo pasado y por un viaje a algunos de los lugares que se mencionan en el libro. Hablar de la Unión Soviética en tiempos de guerra entre Rusia y Ucrania fue un asunto del azar y no un producto de la causalidad: “No soy historiador, pero sí me gusta mucho la historia, especialmente la del siglo XX y la Guerra fría. Siento que en el mundo en el que estamos nuestro predecesor es ese conflicto y por eso somos lo que somos ahora. Me causa mucha curiosidad ese manejo del mundo comunista, de cómo era el arte allí, por eso nació el interés de situarme allí y también por un viaje que tuve a Letonia y Lituania. Me generó mucho agrado la ciudad de Riga, así como los sentimientos de nostalgia que se sienten en las calles y museos de la época soviética. Sentía que había mucho para hacer”.

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Dice en el epílogo del libro: “Por ahí dicen que la verdadera soledad es no tener adónde volver. Sí, yo también pensaba eso; ahora no estoy tan seguro. Quizás la verdadera soledad es la abundancia de memorias y la carencia de ilusiones. Cuántas más memorias, más soledad; más te consume el pasado, y menos ganas tenés de vivir el presente. Eso fue lo único que me traje de Riga: memorias”. Y a veces pareciera que nos obligamos a encontrar epifanías, y Obando no se quiso quedar con la primera definición de soledad, así que quiso ir más allá: “Cuando estaba escribiendo ese epílogo alguien me dijo eso. Le empecé a buscar la caída y luego me di cuenta de que tiene unas debilidades, y es lo que le sigue a la frase. Puede que uno tenga a donde volver, pero si estás lleno de memorias y carencias de ilusiones, puede que te sientas muy solo”.

Aunque es claro que el Señor Lobo encarna una idea, para Obando era importante que retrotraer a la Unión Soviética y una mirada a ese mundo fuera un hecho sutil y no se convirtiera el relato en un panfleto de más de 250 páginas: “Muchas veces para uno como escritor es fácil caer en la tentación de derrocharse en las ideologías políticas, y esto sí puede ser una especie de crítica al manejo del arte en la Unión Soviética, pero no quería que fuera solo eso, que fuera un tema sutil”.

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¿Por qué el cine tan presente en libro?

No es que sea fanático. Veo mucho cine, y más el europeo, y el ruso lo vi mucho mientras escribía esta novela, pero más allá de esto, lo que quería era que la historia tuviera algo que ver con el arte de la Unión Soviética, con la censura y ese amor que se expresaba por la cultura. Ya la parte literaria sí tiene que ver con una fijación. Uno como lector cumple ciclos, y hubo un tiempo en que leía mucho a Dostoievski, Tolstói o Chéjov. Para mí son grandes de la literatura y no era un tema del que me tenía que esforzar para meterle detalles a la novela, sino que iba surgiendo mientras escribía y que provenía de las ideas que me dejaban esas lecturas.

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¿Y la literatura rusa?

Es una literatura placentera. Dentro de las novelas de Tolstói o Dostoievski, que son largas y en las que hay mucho pensamiento de los personajes, se encuentra uno con los dilemas de Anna Karenina o de Raskólnikov, y yo por ejemplo creo que Dostoievski es uno de los grandes psicólogos de la humanidad porque explica muchas cosas, muchos dilemas que uno no pone en voz alta, pero que se piensan.

En los personajes hay una tensión constante con sus pasados, ¿por qué esta relación con el tiempo?

El pasado de los personajes me da la posibilidad de incluirle misterio a la historia. Uno va soltando detalles de ellos y de por qué hacen lo que hacen, y eso poco a poco se va aclarando, sobre todo en el desenlace.

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