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El colapso de la vida (Cuentos de sábado en la tarde)

Estoy atrapada en el tráfico y tarde para llegar al trabajo, reniego para mis adentros. Gente al rededor desesperada y dentro de sus carros pegada a la bocina al unísono, como si con esa caravana insoportable de ruido lograran solucionar algo. Ni con tal ruido lograrían levantar los muertos que reposan bajo los escombros del edificio recién colapsado unas pocas cuadras más atrás.

Mary Pachón

03 de julio de 2021 - 03:21 p. m.
Las operaciones de búsqueda y rescate en el edificio Surfside que colapsó en Miami están amenazadas por tormenta Elsa.
Foto: Agencia AFP
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Es la llegada del presidente a la zona del desastre, hay policía y servicio secreto por todo el área, también hay mucho movimiento de prensa y curiosos. ¡Malditos curiosos! Solo vienen a alimentarse del dolor ajeno y a estorbar, porqué para nada más sirve la muchedumbre que se junta al rededor de la tragedia. Bajo del carro y camino unos metros donde está el control del tráfico, trato de averiguar cuánto tiempo estaremos ahí represados y entre las voces que van y vienen, quedan las palabras de “apaguen motores y llénense de paciencia”, volví a maldecir. Con los pasos de vuelta hacia el carro, veo al fondo el edificio que se vistió de muerte, donde probablemente hay gente con la que me crucé en las calles, en la playa, en el supermercado. Humanos que fueron mis vecinos hasta la madrugada del pasado 24 de junio. De ese lado el ambiente es más trágico y lúgubre, centenares de rescatistas, más policía, ambulancias y todo el movimiento que se requiere el mover escombros y rescatar cuerpos. Sí, cuerpos sin vida, porque a estas alturas y pasando el día ocho de la hecatombe, no se espera de señales de vida. Cuerpos humanos de los cuales ningún dios se apiadó de ellos, a quienes ni el dinero de sus cuentas bancarias ni sus estratos sociales les sirvió para comprar seguridad; pero si una ilusión de humo mal cimentada. Humanos, al final humanos víctimas de su misma estafadora especie.

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Me quedo unos cuantos minutos colgada en mis pensamientos, que divagan entre lo trágico de la muerte y lo realista de la vida. Los que estamos atrapados en el tráfico tenemos los afanes diarios del vivir, los compromisos y horarios por cumplir, las tareas por realizar, las cuentas por pagar, etc. Eso nos reduce a simples cumplidores y eternos deudores. En cambio allá debajo de esos escombros, están atrapados los que ya no esperan nada de nadie. Cuerpos libres de afanes, de dolores, de sufrimiento, de toda esta peste de malas noticias que inundan el día a día. Me subí de nuevo al carro con la sensación de haber deseado estar atrapada allá entre los escombros pero libre de todo mal, y no aquí atrapada en el tráfico con todos los males por delante. Y aseguro males por delante, porqué en las recientes notificaciones que entran a mi celular hablan de la tormenta tropical que se formó en el Atlántico, con altas probabilidades de pegar como huracán en este lado del mundo ya azotado por el desastre.

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Es un colapso entre la vida y la muerte, lo más trascendental que podemos pasar. Abren el tráfico, el presidente ya está en su lugar seguro, pienso dentro de la realidad que me acoge de nuevo, y entre el paisaje que pasa por mi ventana, relevo la idea de que no concibo la muerte como tragedia ni como dolor; sino como el mayor de los alivios.

Si es para agradecer algo a las entelequias supersticiosas que se inventaron los humanos, les agradezco que seamos mortales. Solo eso. Surfside/ Miami FL Julio 1/2021. 10:30 a.m

Por Mary Pachón

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