Publicidad

La Esquina Delirante LXXXIV (Microrrelatos)

Este espacio es una dentellada a la monotonía, mediante el ejercicio impulsivo y descarado de la palabra escrita.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Autores varios
15 de agosto de 2021 - 07:18 p. m.
Bienvenidos todos los microrrelatos a laesquinadelirante@gmail.com, máximo 200 palabras. @diana_bejaranoo_
Bienvenidos todos los microrrelatos a laesquinadelirante@gmail.com, máximo 200 palabras. @diana_bejaranoo_
Foto: Pxfuel
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

El río no tiene la culpa.

No te preocupes, mi amor, que el río no tiene la culpa... El río también llora los cuerpos y tiembla de miedo, porque incluso a él lo están masacrando.

No te preocupes, mi amor. El río no tiene la culpa y tú tampoco.

Por: Juliana Uribe

Momentos de oro

Cada día probaba sus galletas de mantequilla. El sabor, el olor, la textura hacían sentir a “Muñeca” —así le decían de cariño— una niña amada. Su mamá las sacaba del horno; papá servía la leche y juntos las saboreaban. El deleite mayor se originó al comer muñecos de jengibre.

Un año después, cuando llegó un nuevo integrante a la familia, “Muñeca” quiso hacer suculenta y especial su estancia, así que, lo puso sobre la mesa. Aunque le costó mucho prender el horno y conseguir jengibre, su hermanito quedó bien tostado, crujiente, listo para probarse con leche y reforzar el amor de familia.

Por: Chris Morales (México).

Le sugerimos leer Bob Marley: la voz que cantó contra la guerra en medio de una sociedad rota

Burlesque Austral

De repente, una pregunta aguijoneó a Emilio Mapamundi. En el aeropuerto pidió un billete para el primer avión que saliera a cualquier parte del hemisferio sur, le dieron un pasaje para Buenos Aires. Al llegar al aeropuerto de Ezeiza se dejó llevar por el tropel de pasajeros soñolientos hasta tomar un taxi que le dejó en un local nocturno del barrio de Pompeya.

Cuando la primera bailarina apareció en el escenario se disipó la incógnita que ofuscaba a Mapamundi: en el hemisferio sur las borlas de los pezones de las bailarinas giran en la misma dirección que en el resto del planeta.

Por: Miquel Zueras. Barcelona, España.

Rutina

El hombre llega a su oficina 10 minutos tarde. Está cansado y en su cuerpo siente el peso de una mala noche, sumada a muchos días de ansiedad e incertidumbre. Su jefe lo regaña por el retraso. El hombre baja la cabeza y resiste las ráfagas de quejas y nuevas tareas. La reunión transcurre en medio de la tensión y se prolonga más de lo esperado. El hombre entiende que esta noche también deberá pasar más tiempo del usual en la oficina. Se levanta de su escritorio. Bosteza. Estira sus piernas. Apaga el computador y regresa a la cama.

Por: Jerónimo Rivera.

Síndrome del Titanic

Hay personas que ante una hecatombe prefieren refugiarse en la negación, teniendo conversaciones que obnubilen el foco central de sus preocupaciones, o lo que es lo mismo, El Síndrome del Titanic, como le pasó a Verónica, que, cuando faltaban dos días para su boda, se enteró de que su novio la engañaba con Lorena. Ella se quedó pensativa y respondió:

-Yo no creo que Richard Gere sea el hombre más atrayente del planeta. De acuerdo que se ha convertido durante muchas generaciones en un ídolo de masas, que tiene algo, pero no creo que sea para que salga de repente en la revista Forbes como el hombre más atractivo y solidario. Todo depende de modas. Hoy se llevan los pantalones piratas, mañana las faldas escocesas. Es inevitable cuando hablamos del gusto y la estética.

-Me parece bien tu observación. Pero yo te he contado algo muy importante: que tu novio te ha engañado con Lorena, cuando faltan dos días para la boda. ¿Qué vas a hacer?

-Sí, hay hombres más guapos que Richard Gere. Fueron sus últimas palabras, como cuando la música del violín daba vida a lo que iba a ser el final del Titanic.

Por: Celia Ortiz Lombraña.

Hágase nuestra voluntad

Al menos cuando era agudo lo soportaba mientras adoptaba mil posiciones o rememoraba instantes felices, pero desde que se tornó crónico estos trucos se volvieron inocuos. Quiero poner fin a esto, me digo y les digo.

- Ni lo pienses. Es pecado, recuerda que la vida no nos pertenece. Es una prueba que debes soportar con resignación. ¿Tienes mucho dolor?

Mi expresión responde a la pregunta absurda de siempre.

- Te daré 14 gotas. Mejor 16. El rescate del rescate. Ya verás que pronto no sentirás nada.

El mundo gira a mi alrededor distorsionado, como visto desde debajo el agua. Se afanan por

acomodarlo; las mantas, las cortinas, las medicinas. Quiero gritarles que el desorden no está afuera.

Lo intento una vez más: esto no se parece en nada a la vida. Ya no más, imploro.

- Son los efectos del analgésico, es normal, alcanzo a escuchar. La conclusión de la Junta es que, aunque irreversible, todavía tengo unos días más. Pero es mi derecho y necesito otras 14.

- El procedimiento debe radicarse de nuevo. Esto puede tardar.

Se acercan y me informan: consultadas todas las partes, nuestra decisión es que todavía no

es tiempo.

Por: PATHOS

Bienvenidos todos los microrrelatos a laesquinadelirante@gmail.com, máximo 200 palabras. Síganos en Instagram #laesquinadelirante.

Por Autores varios

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.