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Solo que ya ajustaba demasiados días resbalándose por entre nubes y pensamientos y tribulaciones, pero nada que lograba aterrizar.
¿Habrán desayunado mis hijos? ¿Estarán yendo regularmente a la escuela? ¿La Enfermedad habrá consumido al fin a mi anciana madre? ¿Masha habrá podido pagar puntualmente las cuotas de nuestro tráiler? ¿En dónde estará ahora instalada la carpa de nuestro circo? ¿Habré sido ya reemplazado por otro Hombre Bala, más joven e intrépido? ¿Se habrán enterado, al fin, de que todo fue un complot de Antón, el Traga Sables, metiéndole pólvora a mi cañón para, de esta forma, hacerme matar contra una roca o la fachada de un edificio, o volar, para siempre, como una bala perdida? ¿Cómo un Hombre Bala perdido como lo soy ahora?
Le invitamos a leer: F340 (Cuentos de sábado en la tarde)
El muy maldito siempre estuvo enamorado de mi Masha. ¿Habré de caer al fin? Cualquier cosa es preferible a la inercia de la incertidumbre.
Bendita sea la gravedad, cuánto la extraño.