El Magazín Cultural

Publicidad
12 Feb 2021 - 3:32 p. m.

La teoría de la evolución en los colegios (Relatos y reflexiones)

La teoría de la evolución por selección natural de Charles Darwin es tal vez la teoría más manoseada y mal interpretada de la historia de la ciencia. La educación en Colombia, secuestrada por la iglesia católica, ha contribuido a enraizar en las personas un montón de falsedades y de malas interpretaciones de la teoría darwiniana.

Ricardo Llinás

Enseñar la teoría de la selección natural, de Charles Darwin, no solo exige conocer sus conceptos básicos sino comprenderla.
Enseñar la teoría de la selección natural, de Charles Darwin, no solo exige conocer sus conceptos básicos sino comprenderla.
Foto: Archivo Particular

Siempre pensé que el problema era exclusivamente de prejuicios religiosos, pero, con el tiempo, he constatado que además del claro sesgo cristiano que se impone a la hora de enseñar este asunto, está el problema de las didácticas empleadas. Una de las prácticas más comunes en los colegios, casi infaltable, es la de pedir a los estudiantes enfrentarse en el famoso debate entre ciencia y religión, entre darwinismo y creacionismo, como si fueran ideas del mismo nivel. Al plantear a los estudiantes la discusión de esta manera, implícitamente se les está diciendo que es un asunto de mera opinión. Si seguimos esa línea, habría que hacer también el debate entre la idea de una tierra plana y una redonda, entre la frenología y la neurobiología o entre los analgésicos y las compresas de manzanilla.

Le sugerimos leer esta reseña de “Vindictas”, una antología publicada en 2020 de veinte relatos de cuentistas hispanoamericanas: Las voces de la ira

Pero lo más grave es la falta de apropiación del tema por parte de los docentes. Enseñar la teoría de la selección natural no solo exige conocer sus conceptos básicos sino comprenderla. Rodolfo Llinás, hablando precisamente sobre educación, dijo alguna vez: “La diferencia entre aprender y entender es monstruosa”. En ningún otro caso aplica tan bien esta frase contundente. Dicha falta de comprensión no ha sido superada por muchas de las personas que enseñan la biología en los colegios. La explican en términos lamarckianos, leen uso y desuso donde dice selección natural, y desconocen los principios básicos de la epistemología.

Todo lo anterior ha traído como consecuencia que la mayoría de las personas crean que pueden rechazar la teoría de Darwin con argumentos del sentido común. Nadie cuestiona el modelo del sistema solar ni la teoría de la gravedad, pero todo el mundo cree que la teoría de la evolución es un asunto de opinión y que puede elegir entre creer y no creer.

Una vez encontré en un texto escolar la explicación de la teoría de la selección natural más arbitraria y ridícula que haya leído. Era un manual diseñado (¿o plagiado?) por una profesora para enseñar a estudiantes de noveno grado. En este se plantea que la teoría de la selección natural es sencillamente falsa. Luego hace un resumen de cuatro ideas, de las cuales solo mencionaré la primera: “Su teoría (de Darwin) NO es teoría ni entra en el campo de la ciencia, ya que el método científico no es aplicable. Puede caer dentro de creencia, hipótesis de trabajo o modelo, pero jamás teoría”. Las mayúsculas y negrillas son del texto original.

Casi no valdría la pena discutir semejantes afirmaciones si no fuera por los cientos de niños que leerán este libro y que serán engañados. Esto me recuerda otro debate recurrente, aquel entre aprender pedagogía o aprender sobre la disciplina que se enseña. Por cosas como estas es que siempre afirmo que es mejor un profesor que conozca su disciplina antes que un pedagogo ignorante. Pero ese es otro debate.

Podría interesarle leer este ensayo que hace parte de la serie Palabras independientes: Sobre el desamor

Conocí este infame libro gracias a una estudiante que no aceptaba la teoría de Darwin, contradiciéndola con ideas falsas. Al insistirle en que se encontraba equivocada me enseñó el libro en cuestión para probar que quien estaba equivocado era yo. Le dije que aunque el libro decía eso la verdad era otra. Ante esto, la estudiante me despachó con una falacia de autoridad.

—Profesor, usted quiere saber más que el libro.

Síguenos en Google Noticias