1 Nov 2020 - 10:36 p. m.

La toma del Palacio de Justicia: entre la historia y la literatura

La toma y retoma del Palacio de Justicia, ocurridas entre el 6 y el 7 de noviembre de 1985, es un ejemplo que nos lleva justamente al debate sobre la literatura y la historia. ¿Influye el arte en la historia? ¿Puede hablarse de un deber o una obligación de la literatura con el conocimiento de nuestro pasado como nación? ¿Cuándo la literatura deja de tener un relato de ficción y pasa a presentar una narrativa histórica?

Una de las tesis de la historia planteadas por el filósofo Walter Benjamin dice que “el cronista que narra los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños da cuenta de una verdad: que nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia”.

Todo en la narración de la historia cuenta. Todo detalle, todo suceso, por pequeño, grande, intrascendente o relevante, cuenta. Toda versión está sujeta a un interés, pero también a una subjetividad que ya señalaba Paul Ricoeur y que determinaba, de una u otra forma, el recuerdo del cual parte el relato del narrador. Y por eso al hablar de historia es tan complejo confiar en las versiones, pues muchas podrán carecer de detalles, y por eso no debe hablarse de memoria, pues ello ya implica un discurso homogéneo y totalitario de un acontecimiento, sino que debe hablarse de memorias, incluyendo así la diversidad de visiones, vivencias y voces que reconstruirán un suceso en común en una comunidad.

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