Publicidad

La vida en un parpadeo

Ésta es la historia basada en el libro autobiográfico ‘La escafandra y la mariposa’ de Jean D. Bauby, quien dejó sus notas  desde la cama dictadas letra por letra. Murió 10 días después de su publicación.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Liliana López Sorzano
02 de octubre de 2008 - 07:51 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Traducir a imágenes la voz de la conciencia y la del silencio no es fácil ni  para el más experimentado de los cineastas.

Sin embargo, Schnabel con tan sólo tres películas en su trayectoria (Basquiat, Antes que anochezca y La escafandra y la mariposa), todas excepcionales, supo plasmar lo aparentemente invisible y convertirlo en una obra de arte porque antes que pintor o director, es un artista en todo el sentido de la palabra.

La película trata sobre el giro repentino de la vida de Jean-Dominique Bauby, editor de la revista Elle, padre de dos hijos, separado, exitoso y con un gusto pronunciado por las mujeres. Un accidente cerebro-vascular lo deja en estado de coma, y al despertar le informan que sufre de una enfermedad poco común llamada “síndrome de cautiverio”. Su cuerpo está parcialmente paralizado y las conexiones entre el cerebro y el resto del sistema nervioso no funcionan. Su párpado izquierdo es el único puente que lo une con el mundo exterior y su herramienta de comunicación. Su cerebro está en perfectas condiciones, puede sentir, oír, pensar pero no puede hablar ni valerse por sí mismo. Afortunado y desafortunado al mismo tiempo, es dejado al cuidado de un trío de especialistas que más parecen los  Ángeles de Charly. 

Al protagonista, el hecho de asumirse en la impotencia y en un encierro sin sentido le costó rabia, desilusión, pataletas de infancia, ganas de morir y de mandar una vida tras las rejas de unas pestañas al más allá.

Bauby tiene mucho de parecido al Sísifo del ensayo de Camus El Mito de Sísifo. Este último es condenado por los dioses a empujar una piedra cuesta arriba de una montaña hasta la cima para dejarla rodar  y empezar de nuevo. Por su parte, Bauby, es condenado por la casualidad de la vida, el destino o los dioses a estar encerrado en vida como si estuviera aislado en una escafandra. Los dos son prisioneros en un mundo que resulta absurdo e inútil. Los dos toman conciencia de esto y al hacerlo se rebelan y deciden aceptar su destino experimentando instantes de libertad. Bauby dice: “He decidido dejar de compadecerme. Mi memoria e imaginación son las únicas vías para escapar de la escafandra”. Y así empieza un festín de imágenes y un recorrido por el calendario afectivo que va desde las olas de Martinica hasta las pirámides de Egipto, pasa por el sabor de las ostras y la champaña y el tacto de la piel de una mujer hermosa.

Ésta es la celebración de lo humano puesto en imágenes. Lejos de la sensiblería efectista, es una película que trasciende y conmueve recordándonos la fragilidad y la vulnerabilidad de la vida.

Por Liliana López Sorzano

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.