Más que una novela, aunque se publica como tal, es una crónica de la insulsa, monótona y deprimente vida del protagonista. Pero no por ello exenta de interés. Al contrario, debería ser lectura obligada para aquellos que analizan la conducta humana, sea desde las humanidades o desde las ciencias de la conducta.
Muestra la manera como nosotros mismos nos manipulamos para evadir el confrontarnos interiormente y nos autojustificamos para salir de la depresión: “En general, por más miserable que se sea, siempre se es mejor que otro, inventado para la ocasión. Sentirse superior será siempre un pretexto para no verse bajo la luz de la lupa”.
Mira al interior de un sujeto común (aunque no tanto) que narra sus vivencias y sus interioridades desde la monotonía de un vivir dificultoso y dependiente. Es a la vez catarsis y desprendimiento interior. A veces parece divagar; en otras ocasiones es crítico y hasta cruel, explorando la dualidad de nuestros propios sentimientos.
Muestra, por ejemplo, la realidad de incontables relaciones de pareja que, poco a poco, van cayendo en la monotonía y la rutina, pero que continúan porque se convierten en dependencia: “Enorme miseria, la humana (suspiraba): condenados a la soledad y la frustración como individuos autónomos, o al conformismo y la renuncia a los otros en la vida de pareja (...). Mi privilegio se hacía a costa de ella, haciéndome copartícipe de la podredumbre patriarcal, machista y antimujer que yo mismo quería erradicar”.
Sirve, indudablemente, para meditar y cuestionar nuestra propia vida desde el espejo que constituye la obra. A muchos nos recordará esa época del 60 al 70, de liberación femenina y amor libre, de minifaldas y rock and roll, en la que era elegante ser intelectual a la vez que parásito.
Termino con una cita muy diciente: “Que se desengañen aquellos que creen que estuve contando mi vida. Pero que no se engañen quienes piensan que no lo estuve haciendo”.
En suma, es un libro para reflexionar, no para ser tomado a la ligera, que debe leerse tanto en cuanto será un buen ejercicio intelectual, como una fuente de mejoramiento interior. Armados, eso sí, de un buen diccionario y el traductor de Google.
Freddy Téllez, colombiano, nacido en Bogotá en 1946, radicado en Suiza. Profesor universitario, autor de múltiples obras, publica esta narración luego de más de 30 años de estar inédita, iniciada en París en 1982 y terminada en Caracas en 1983. Narrada en primera persona, tiene un innegable tinte autobiográfico.
La obra, editada por Sílaba Editores, se divide en cuatro secciones o capítulos: “Introito”, “París no es siempre una fiesta”, “De la pareja, el amor y otros bemoles” y, “Exit”.