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La vida secreta de las cosas

Starewitch, Švankmajer y los hermanos Quay son tres referentes del cine de animación con marionetas. Una exposición los reúne en Barcelona.

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Isabel-Cristina Arenas
19 de julio de 2014 - 03:51 a. m.
Fotograma de ‘Frame of Surviving Life’ (2010) de Jan Švankmajer. / Cortesía de Athanor Ltd. Film Production Company
Fotograma de ‘Frame of Surviving Life’ (2010) de Jan Švankmajer. / Cortesía de Athanor Ltd. Film Production Company
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“Nos sentimos tan apegados a nuestro trabajo que no es trabajo, es una manera de reproducir la vida al máximo”. Hermanos Quay.

Esta es una de las frases que hay casi al final de una exposición dedicada a su obra y la de otros dos cineastas: Starewitch y Švankmajer, referentes mundiales del cine de animación con marionetas y de quienes se podría pensar que se han pasado la vida jugando.

El autógrafo de los hermanos Quay está formado por dos Q, una al lado de la otra. Junto a la segunda hay una s pequeña que puede interpretarse como un factor: QQs. Sólo firma uno de ellos, y dice: “Esta vale por los dos”. Stephen y Timothy Quay (Filadelfia, 1947) llevan toda la vida trabajando juntos; son gemelos idénticos, uno tiene aspecto de samurái con peinado alto y el otro lleva el pelo suelto sobre los hombros. Cuentan que descubrieron su pasión cuando estaban en la universidad y empezaron a ver los carteles de películas checas y polacas que promovían lecturas de autores desconocidos e impronunciables para los dos, como Kafka, Borowczyk o Schulz. Esas imágenes y palabras como pistas de su destino fueron el detonante de una carrera dedicada a la animación.

Los Quay son conocidos principalmente por su película La Calle de los Cocodrilos (1986) (https://www.youtube.com/watch?v=EgqmXK1pf7Y), adaptación al cine y visión muy personal del cuento homónimo de Bruno Schulz. Sus películas son para verlas más de una vez; la primera experiencia se siente como un proceso de autoconocimiento que no deja apreciar los detalles. Sin embargo, las siguientes veces, después de haber aceptado las reglas de su mundo, abren caminos desconocidos, asombrosos y aterradores. Una de las piezas más interesantes, In Absentia (2000), muestra la vida de una mujer que escribe una y otra vez la misma carta. Las uñas sucias llenas de grafito y la presión que ejerce contra el papel muestran su ansiedad; cuando parte la punta saca su tajalápiz, la afila y sigue escribiendo. Mientras tanto, un ser pequeño y extraño que vive en el subsuelo colecciona las puntas partidas. La escena se repite acompañada de la música de Stockhausen que suena a metal. Esta película fue inspirada en una exposición llamada Arte y psicosis: más allá de la razón, en donde los hermanos Quay vieron la carta que Emma Hauk, nacida en 1878 y diagnosticada con demencia, escribía a su esposo muerto: “Cariño, ven”, repite y repite la mujer en cada rincón del papel. En el siguiente enlace se puede ver la película completa: https://www.youtube.com/watch?v=sxOMGdx5UBM&noredirect=1.

La obsesión por lo diminuto, lo extraño, la relación con lo monstruoso, los objetos antiguos y la ciencia determinan el mundo de los hermanos Quay, quienes manifiestan su aprecio y la influencia del también cineasta Jan Švankmajer. Sin embargo, ni los Quay ni Švankmajer hubieran llegado tan lejos si no hubieran conocido antes el universo creado por Starewitch.

Ladislas Starewitch (1882-1965), ruso de familia polaca, es considerado el padre de la animación con marionetas. Desde niño estuvo obsesionado con los insectos y la fotografía. De mayor hizo sus primeros modelos realistas basados en sus colecciones y en las fábulas tradicionales. Antropólogo de profesión y trabajador incansable, produjo más de cien obras en Europa, principalmente en Francia, en donde vivió junto con su esposa y dos hijas, inmerso en el mundo del cine.

Starewitch es conocido como el Méliès de la animación y representa el triunfo de la niñez y de la fidelidad a sí mismo. Alguna vez lo llamaron a trabajar en Hollywood, pues una de sus creaciones, el perro Fétiche, se había vuelto muy famosa y la industria estadounidense estaba a la caza de nuevos personajes. Sin embargo, Starewitch se negó y prefirió seguir creando fábulas con su familia en un taller reducido. Ser libre, así tuviera que dedicar un día entero de trabajo para conseguir seis segundos de película. Ejemplos de su trabajo son El reloj mágico (1928) o una de las aventuras de Fétiche (http://www.youtube.com/watch?v=tjSppyMU33E). Sus marionetas conservan la inocencia de la niñez, aunque en el fondo tienen el toque de picardía de los adultos.

Mientras Fétiche se hacía cada vez más reconocido, otro maestro del stop motion (rodaje fotograma a fotograma) nacía en Praga: Jan Švankmajer (1934). Con un estilo reconocible dejaba atrás la candidez de las marionetas de Starewitch. Las conservó en esencia pero les agregó otros elementos, miedos, obsesiones: la descomposición, el sexo, las texturas y la comida, entre otros temas que se ven en forma clara en su obra.

Eva Švankmajerová (1940-2005), artista y esposa de Švankmajer trabajó con él en la dirección de arte de muchos de sus filmes: Posibilidades del diálogo (1982), Algo de Alicia (1988) o Los conspiradores del placer (1996). Además de colaborar en el diseño de sus carteles publicitarios. Las películas de este cineasta muestran imágenes transgresoras, escandalosas en su época. Temas como la escatología, la muerte, el psicoanálisis, el humor negro y el terror marcan sus creaciones.

Hoy, Švankmajer vive en Praga rodeado de su obra. Para él los objetos conservan la memoria que no tienen los humanos, los lugares vacíos son un tormento. En su casa guarda todas sus creaciones. Sin embargo, ha prestado gran cantidad de sus esculturas, películas e inventos curiosos, como la máquina masturbadora, para la gran exposición del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona CCCB). Cada año este evento se enfoca en la vida y obra de personajes diferentes. En 2013 el protagonista fue el escritor Roberto Bolaño. En 2014 Starewitch, Švankmajer y los hermanos Quay son los invitados y estarán hasta principios de septiembre en una muestra que necesita por lo menos dos fines de semana para visitarla, para adentrarse en sus ideas y obsesiones.

Son 550 piezas, entre marionetas, dibujos, grabados, esculturas, pinturas, carteles, fotografías, libros y cortometrajes, entre otros. Además de las obras de artistas relacionados con su visión del mundo como Giuseppe Arcimboldo, Francisco de Goya, James Ensor, Georges Méliès, Alfred Kubin, Luis Buñuel, Felisberto Hernández, Tim Burton, Wes Anderson, entre muchos otros. La exposición está organizada en forma cronológica, comenzando por el pionero Ladislas Starewitch hasta terminar con los hermanos Quay. También podría decirse que empieza con la inocencia, pasa por la extrema libertad y termina en la minuciosidad. Al finalizar una jornada en sus mundos se ha pasado por los cuentos de terror y de hadas, la alquimia, el mundo de los sueños, los gabinetes de curiosidades, la ciencia, la magia, la crueldad, la inocencia, el sexo, el ilusionismo y el surrealismo.

Actualmente, Švankmajer, con ochenta años de edad, disfruta de la compañía de sus objetos y del reconocimiento y la devoción de sus seguidores. Entre ellos los hermanos Quay, quienes en 1987 le dedicaron una de sus obras: El gabinete de Jan Švankmajer. Los Quay siguen trabajando, “reproduciendo la vida al máximo”. Metamorfosis: visiones fantásticas de Starewitch, Švankmajer y los hermanos Quay es el nombre de la muestra que los reúne en el CCCB y es la mejor oportunidad para conocer la vida secreta de las cosas.

 

 

@ModiKees

Por Isabel-Cristina Arenas

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