El primer sueño que tiene Arturo Cova en La Vorágine, en su paso por La Maporita, transcurre así: “Pasé mala noche. Cuando menudeaba el canto de los gallos conseguí quedarme dormido. Soñé que Alicia iba sola, por una sabana lúgubre hacia un lugar siniestro donde la esperaba un hombre, que podía ser Barrera. Agazapado en los pajonales iba espiándola yo, con la escopeta del mulato en balanza; mas cada vez que intentaba tenderla contra el seductor, se convertía entre mis manos una serpiente helada y rígida. Desde la cerca de los corrales, don Rafo agitaba el sombrero exclamando: ¡Véngase! ¡Eso ya no tiene remedio! También veía a la niña Griselda, vestida de oro, en un país extraño, encaramada en una peña de cuya base fluía un hilo blancuzco de caucho. A lo largo de él lo bebían gentes innumerables echadas de bruces. Franco, erguido sobre un promontorio de carabinas, amonestaba a los sedientos con este estribillo: «Infelices, detrás de estas selvas está el “más allá”» Y al pie de cada árbol se iba muriendo un hombre, en tanto que yo recogía sus calaveras para exportarlas en lanchones por un río silencioso y oscuro. Volví a ver a Alicia, desgreñada y desnuda, huyendo de mí por entre las malezas de un bosque nocturno, iluminado por luciérnagas colosales. Llevaba yo en la mano una hachuela corta, y colgado al cinto, un recipiente de metal. Me detuve ante una araucaria de morados corimbos, parecida al árbol del caucho, y empecé a picarle la corteza para que escurriera la goma. «¿Por qué me desangras?», suspiró una voz desfalleciente. «Yo soy tu Alicia y me he convertido en una parásita»”.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
El sueño anuncia tres aspectos. El primero, la relación de Cova, un escritor, con la selva: él se relaciona con ella mediante aquello que su imaginación le permite proyectar, sin ignorar -claro está- su estado físico en medio de ese ambiente. Luego, en lo que sigue de la novela, la selva se irá transformando, conforme él la vaya transformando: la vaya viendo, la descubra, la dote de sí mismo.
Le sugerimos El papel de la cultura en la Comisión de la verdad
El segundo, es evidente que el sueño es una suerte de predicción de lo que ocurrirá entre Cova y Alicia. Por un lado, se presenta la ausencia de Alicia en cercanía de Griselda (como sucederá), y la implicación de Barrera en la situación; cada vez que Cova intenta timarla con la escopeta, el arma se transforma en una serpiente: por otro lado, se presenta la problemática de las caucherías y la cantidad de víctimas que genera; y por último, la reaparición de Alicia. El comienzo del sueño refiere el comienzo de la travesía, el hecho de que Alicia desaparezca para introducir a Cova en la selva de tal modo que algo en él deviene un animal exótico, lo que sugiere una desinhibición de sí mismo que lo lleva a ser parte inherente de la selva: de hombre de armas a animal selvático. La segunda parte del sueño se corresponde con la segunda parte de la novela: la aparición de las caucherías y la lucha por la vida a la que cantidades de hombres se ven sometidos y cuyo destino, inevitablemente, es la muerte. La tercera parte del sueño, cuando Cova vuelve a ver Alicia, “desgreñada y desnuda”, enuncia la última parte de la novela, en la que Cova se pierde aún más en la selva para encontrarla; resulta interesante que en esta parte del sueño ella también afronta una metamorfosis en un elemento transversal de esta selva.
El tercer aspecto recoge los dos primeros: la relación de Cova con el entorno determina la ficcionalización de este (en el caso del sueño, por ejemplo), lo que propone, pues, una convivencia entre la ficción (el sueño) y la realidad (el estado de Cova).
Si bien La Vorágine aparece publicada entre un prólogo y un epílogo que dentro de la ficción de la novela presumen la veracidad del testimonio de Cova, el sueño es una reiteración de esa estructura que deambula entre la ficción y la realidad, y cuya terminación, en circularidad, no sería posible hasta el momento en que se consume el hecho enunciado: en el caso de Rivera, la enunciación es el prólogo y la consumación, el epílogo, cuando se evidencia el fin del manuscrito. En el caso de Cova, la enunciación es el sueño y la consumación es la historia en sí, que termina con Cova perdiéndose en la selva, persiguiendo a una Alicia imaginada.
Rivera, Cova. Cova, Rivera. La primera y última palabra de La Vorágine son prólogo y selva, respectivamente.