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Las alas de Diana Garavito

Su obra fue una de las tres ganadoras del Concurso ‘Arte +’ organizado por la Escuela Colombiana de Rehabilitación y estará exhibida allí hasta el 19 de junio de 2014.

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Mariángela Urbina Castilla
30 de mayo de 2014 - 03:00 a. m.
Diana Garavito con una de sus obras.  / Cortesía
Diana Garavito con una de sus obras. / Cortesía
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“La gente cree que la obra es maciza, pero no, es tan frágil como yo”, comenta Diana Garavito cuando descubre que algunos de los asistentes a la exposición juegan con los cierres de su trabajo. Teme que termine hecho añicos, pero no le molesta que la gente quiera tocarlo. Es su forma de mujer dibujada en un yeso y entiende por qué a algunos les resulta una silueta anormal. Ella sabe bien que es simplemente distinta.

Lo supo leyendo a Frida Kahlo: "Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo. (...) Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú”, escribió alguna vez la artista mexicana quien hizo de su discapacidad una figura literaria, una pintura. Tuvo que forrar su cuerpo en yeso para no desarmarse y quedarse en cama durante años. Un accidente en el tranvía y las secuelas de la poliomielitis marcaron por siempre a Kahlo y a su obra.

Diana Garavito también usó un yeso a los quince años. “Lo necesitaba para sostenerme y se convirtió en una parte más de mí. Empezar a usarlo fue duro, pero ya luego lloraba cuando me lo quitaba, me sentía sin estructura”. Así que, cuando decidió expresarse a través del arte, quiso reconstruir su estructura. Gracias a su pregrado, Diseño Gráfico, Garavito ha estado muy cerca de la creatividad. Sin embargo, nunca como ahora, nunca con una expresión de su sentir. Eso es ‘Huellas de Vida’, como bautizó su trabajo.

Garavito está cursando la maestría en ‘Discapacidad e inclusión social’ en la Universidad Nacional y la idea surgió como resultado de una tarea de clase. Se ayudó de una amiga para que le ayudara a reconstruir el yeso que la sostuvo buena parte de su vida. Ya no debe usarlo, pero a veces lo extraña.

Cuando era niña y los médicos empezaron a abrir distintas partes de su torso en mil cirugías, Diana Garavito se preguntaba por qué simplemente no dejaban cierres en su abdomen y espalda en lugar de rajar, coser, volver a rajar. “Todo habría sido más fácil”, pensaba. Por eso los cierres no podían faltar en la obra. “Además son mis cicatrices, las que me han quedado de todos mis procedimientos médicos”.

Con ‘Huellas de Vida’, la artista representó a Colombia en el ‘Encuentro Internacional de Arte Incluyente’ realizado en Sevilla, España. Otras obras de creadores colombianos que participaron en la convocatoria también están exhibidas en la Escuela Colombiana de Rehabilitación. Según Olga Lucía Ruíz, jefe de proyección social de esta institución, “el jurado del concurso lo integraron artistas o conocedores de arte no relacionados con la temática de la discapacidad. A veces la gente piensa que cualquier cosa es bonita solo porque la pinta alguien con discapacidad. Eso no está bien. En esta muestra se seleccionaron las mejores piezas con un criterio calificado”.

Un tumor maligno apareció a sus tres años de edad y le ocasionó a Garavito una lesión medular que dejó sin movilidad los miembros inferiores. Usa bastones para caminar y cuando son trayectos largos, se ayuda con la silla de ruedas. Por eso agrega: “Si me hubieran dicho que este era un concurso de arte como terapia, salgo corriendo. ¡He estado en terapia toda la vida!”. Tiene claro que aunque su discapacidad física es una fuente de inspiración determinante en su trabajo, eso no significa que el arte la cure, porque, ¿cómo se cura la diferencia? “Si tu te fracturas una pierna los médicos quieren arreglarla y dejarte ‘sana’. A mí quieren dejarme como tú. Yo no quiero eso, es imposible. Yo soy como soy”.

Mientras el sistema de salud y el grueso de la sociedad le insisten en remediarla, Diana Garavito solo escucha a Frida Kahlo: "Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?".

 

mariangelauc@gmail.com

Por Mariángela Urbina Castilla

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