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Las obras de estos 50 años

'Cien años de soledad', 'Violencia', de Alejandro Obregón; la música de Bovea y sus Vallenatos y el montaje 'Guadalupe años sin cuenta', del Teatro La Candelaria, son obras que sobrevivirán a sus autores.

Redacción Cultural

30 de diciembre de 2010 - 05:00 p. m.
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Medir la calidad de las obras de arte, tarea difícil y arriesgada, atrevida dirían algunos, imposible sentenciarían otros. La crítica calificada lo hace continuamente, pero es sólo el tiempo, elemento ajeno al oficio, el que depura la tarea.

Para cerrar la primera década del nuevo siglo invitamos a críticos y expertos del arte, la música, el teatro y la literatura a que aventuraran un listado de las 10 obras indispensables en estas disciplinas. Son 50 años, un período nada despreciable en una época llena de cambios que ha desafiado leyes naturales, creencias milenarias y que revolucionó incluso el concepto del tiempo mismo. Más aún partiendo de una década revolucionaria, emblemática por los cambios, como fueron los años 60. Después de la revolución sexual, la píldora y la liberación femenina, ya las artes no fueron las mismas.
   
El objetivo de este especial es hacer un homenaje a nuestros artistas y recordar aquellas obras que son reflejo y paradigma de nuestra identidad cultural contemporánea. En el caso de la literatura y las artes, muchos opinaron, buscamos aquellas obras que un mayor número de expertos y críticos consideraran memorables. En el caso del teatro y la música, fue distinto. Menos voces, todas expertas. Algunos prefirieron votos anónimos, otros asumen la paternidad de las listas. Sin embargo, en todos los casos las decisiones fueron motivadas por el conocimiento, la pertinencia, la perdurabilidad o lo innovativo de las obras que marcarían nuevos rumbos en cada género.

Esta apuesta nuestra es también una invitación a redescubrirnos, a buscar aquellas 10 obras memorables para cada quien y a visitar la cultura como un mapa que determina los puntos cardinales de nuestra identidad. No se trata entonces de excluir, a pesar de que la naturaleza misma del ejercicio parte de ahí, sino de hacer nuevas lecturas.

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10 libros que hay que leer

Si se busca algún elemento común entre las obras que conforman esta lista, la violencia es el más recurrente: episodios, personajes y lugares que habitamos están ahí bañados en la sangre derramada por la Guerra de los Mil Días, la violencia partidista o la más reciente azuzada por el dinero del narcotráfico. Seguramente la literatura ha sido una de las vías para exorcizar los dolores y los temores de nuestra realidad, una de las manera que se han encontrado para no olvidar.

En estos 50 años Colombia pasó de la literatura representativa de ese boom latinoamericano que la sacó al mundo y la llevó a Estocolmo a recibir un Premio Nobel, con la obra que ningún crítico ni lector se atrevería a sacar de esta lista, Cien años de soledad, a historias urbanas y rebeldes como ¡Viva la música!, una obra que apenas ahora está recibiendo en el mundo el reconocimiento que se merece, pues la obra de Andrés Caicedo poca difusión tuvo por fuera del país, hasta unos pocos años atrás.

Si bien en esas dos obras y en algunas otras las voces se unieron, encontrar sólo 10 libros representativos o emblemáticos de nuestro tiempo fue realmente difícil, pues la lista incluía muchos autores. Algunas obras poéticas mencionadas fueron: León de Greiff: Obra completa; Poemas principales, Jaime Jaramillo Escobar; Poesía, William Ospina; Duración y leyenda, Giovanni Quessep; Del amor, 1982-1987 y

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Tríptico Ceretano, Raúl Gómez Jattin.

Las 10 de la literatura colombiana

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‘Cien años de soledad’, Gabriel García Márquez. (1967)
‘¡Que viva la música!’, Andrés Caicedo (1977).
‘El olvido que seremos’, Héctor Abad (2007).
‘Sin remedio’, Antonio Caballero (1984).
‘El otoño del patriarca’, Gabriel García Márquez (1975).
‘Summa de Maqroll el Gaviero’, Álvaro Mutis (poesía de 1948-1988, editada en 1997.
‘La virgen de los sicarios’, Fernando Vallejo, 1999.
‘La tejedora de coronas’, Germán Espinosa (1983).
‘Los parientes de Esther’, Luis Fayad 1978.
‘Historia de Horacio’, Tomás González (1997).

Realidad sobre tablas

Al igual que en la literatura, ha sido la realidad del país lo que más ha enriquecido nuestra dramaturgia. Con un movimiento comprometido con los procesos sociales, que consideraba la actividad teatral más un compromiso político que una expresión estética, el sector teatral colombiano se fortaleció en estos 50 años.

La Agonía del Difunto, Teatro Libre (1985).
La Siempreviva, Teatro El Local (1994).
Guadalupe años sin cuenta, Teatro La Candelaria (1975).
Mosca, Teatro Petra (2002).
I took Panama, Teatro Popular de Bogotá (1976).
A la diestra de Dios Padre, Enrique Buenaventura (1960).
La procesión va por dentro, Proyecto Pirámide (2004).
Con el corazón abierto, Teatro Leonardus (2002).
El león y la domadora, Mapa teatro (1988).

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Plástica frenética

La plástica en Colombia vivió uno de los períodos más fecundos en los años 60. De hecho, además de nombres como Fernando Botero o Ramírez Villamizar, considerados promesas de los 50, la década recibió a Alejandro Obregón como un pintor consagrado, ganador del Salón Nacional de Artistas de 1963 con una obra revolucionaria que es reconocida tal vez como el emblema de una época: Violencia. Pero del ambiente cerrado y exclusivo, marcado por el peso de las valoraciones de una crítica como lo fue Marta Traba, el escenario se abrió a artistas marcados por el interés de experimentar y arriesgarse. Es así como aparecen artistas como Doris Salcedo, crítica y transgresora; otras pioneras en el performance como lo fue María Teresa Hincapié o en el video como Óscar Muñoz o Juan Manuel Echavarría. En estas cinco décadas la plástica se transformó, abriéndole espacio al videoarte y al performance. Esta lista  representa la dinámica de las artes visuales en nuestro país.

Las 10 del arte

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Colombia-Coca Cola, Antonio Caro (pintura 1977)
Violencia, Alejandro Obregón (pintura 1962)
Shibboleth, Doris Salcedo (intervención 2007)
Atrabiliarios, Doris Salcedo (Intervención 1993)
Grano, Miguel Ángel Rojas (Intervención 1980)
Una cosa es una cosa, María Teresa Hincapie (Performance 2001)
Trailer Exhibition, Danilo Dueñas (ensamblaje, 1996)
Los suicidas del sisga, Beatriz González (pintura, 1965).
Bocas de Ceniza, Juan Manuel Echavarría (video, 2003).
Narciso, Óscar Muñoz (video, 2001).

Dos expertos seleccionan algunos de los discos más representativos

Cincuenta años de música

El sonido tropical de Joe Arroyo, la salsa del Grupo Niche, el jazz de Antonio Arnedo y manifestaciones del interior como la carranga están en estos subjetivos listados.

Juan CarlosGaray*

Totó la Momposina‘La candela viva’.
Carlos Vives‘La tierra del olvido’.
Aterciopelados ‘Caribe Atómico’.
Alé Kumá ‘Cantaoras’.
Grupo Niche‘No hay quinto malo’.
Liliana Montes ‘Corazón Pacífico’.
Joe Arroyo
‘Fuego en mi mente’.
Lucho Bermúdez ‘Cosas de Lucho’.
Los Carrangueros de Ráquira‘Los Carrangueros de Ráquira’.
Antonio Arnedo‘Travesía’.

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* Crítico musical de la revista ‘Semana’.

Jaime Andrés Monsalve*

Bovea y sus Vallenatos‘Los cantos vallenatos de Escalona’, (Circa 1962).
The Speakers‘En el maravilloso mundode Ingesón’, (1968).
Gentil Montaña,Blas Emilio Atehortúa ‘Confidencias de una guitarra en el siglo XIX - El cuaderno de Carmen Caicedo’, (1976).
Francisco Zumaqué ‘Macumbia’, (1984).
Joe Arroyo‘Fuego en mi mente’, (1988).
Grupo Niche‘Cielo de tambores’,  (1990).
Totó la Momposina‘La candela viva’, (1993).
Carlos Vives‘La tierra del olvido’, (1996).
Antonio Arnedo‘Travesía’, (1996).
Egberto Bermúdez‘Historia de la música en Santafé y Bogotá 1538-1938’, (2000).

* Crítico musical de la revista ‘Cromos’.

Por Redacción Cultural

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