
118 obras en comodato de sus familiares —pinturas, acuarelas, dibujos, bocetos,
cerámicas y piezas en tiza— revelan la dimensión más íntima de una de las artistas fundamentales del arte colombiano.
Foto: Museo de Antioquia
Era pecado pintar montañas de carne. También era pecado admirarlas. En 1940, Débora Arango exponía en el foyer del Teatro Colón algunos de sus cuadros. Uno de esos días descubrió a un grupo de jóvenes turnándose para verlos. Mientras unos veían, otros vigilaban que no fuese a venir “el hermano”, un cura que no podía descubrir que les interesaban las indecencias por las que esta artista paisa ya había tenido que aclarar en Medellín que “el arte no tenía nada que ver con la moral”. “Un desnudo es un paisaje de carne humana. Esta es una...

Por Laura Camila Arévalo Domínguez
Periodista en el Magazín Cultural de El Espectador desde 2018 y editora de la sección desde 2023. Autora de "El refugio de los tocados", el pódcast de literatura de este periódico.@lauracamilaadlarevalo@elespectador.com
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