Desde el álbum “Debí tirar más fotos”, las sillas blancas de plástico, que acompañan a varios hogares y reuniones latinoamericanas, se han convertido en un signo distintivo del cantante Bad Bunny. A partir de esto, la artista puertorriqueña Edra Soto decidió que estas sillas, más allá de asociarse a la iconografía del reggaetonero, se convertirían en un lienzo para plasmar su rostro y así volver aún más estrecha la relación simbólica entre este objeto y el cantante.
Las “sillas BB”, como las denomina Soto, son una serie de piezas recubiertas con tapices que incorporan imágenes de Bad Bunny y que han sido transformadas en objetos artísticos. Actualmente son exhibidas en el Museo Kemper de Arte Contemporáneo y en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago (MCA).
De acuerdo con CNN, las sillas de este proyecto fueron realizadas en el último año y medio, aunque la idea artística de tapizar sillas se remonta a hace una década, cuando Soto empezó a forrar estos objetos inspirada en el negocio de su esposo.
Además, la artista es fanática del reggaetonero y en una entrevista con el medio estadounidense resaltó la conexión que tenía el “Conejo Malo” con la cultura puertorriqueña, algo que ella misma ha venido reflejando en sus obras: “Todos estos objetos tienen sus raíces en el hogar”, dijo.
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En el caso del MCA Chicago, estas sillas hacen parte de la exposición “Dancing the Revolution”, que explora la influencia del dancehall y el reggaetón como movimientos políticos y culturales. Con la participación de 40 artistas internacionales, entre ellos Soto, la muestra realiza un recorrido histórico por estos géneros y reflexiona sobre su influencia social.
“La gente suele considerarlo simplemente como entretenimiento, como algo relacionado con el baile, lo cual, por supuesto, es cierto, y no quiero descartar esa interpretación, pero también tiene una dimensión política. Estos géneros desafían el statu quo, se oponen a los discursos conservadores y tienen una larga historia, que se remonta incluso a la época colonial”, dijo Carla Acevedo-Yates, curadora de la muestra.
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Por su parte, la exposición de Soto en el Museo Kemper no se limita exclusivamente a las “sillas BB”, sino que aborda otros elementos de la cultura puertorriqueña a partir de objetos como biombos, muebles y ventiladores, que dan cuenta del día a día en este territorio. Además, la artista también presenta obras enmarcadas en su educación religiosa, como un atrio nombrado “El lugar de la morada”, lo cual sigue reflejando los temas de tradición y familia que son característicos de su producción artística.
“La obra de Edra es única por la forma en que envuelve al espectador; este se sumerge en la obra y en todas sus referencias a la vida cotidiana en Puerto Rico; se convierte en partícipe del significado de la obra”, manifestó Kevin Moore, curador invitado de la muestra, que estará disponible hasta el 7 de marzo de 2027.