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Las sombras detrás de la informalidad de los artistas

Leidy Marulanda, artista circense, se accidentó el pasado 25 de mayo de 2019 en un bar bogotano. Según ella, el bar tiene que responder por su recuperación, ya que ocurrió en el interior de su establecimiento y por fallas de su sistema de seguridad.

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Laura Camila Arévalo Domínguez/ @lauracamilaad
30 de noviembre de 2020 - 11:51 p. m.
Leidy Marulanda es artista circense desde hace más de 15 años.
Leidy Marulanda es artista circense desde hace más de 15 años.
Foto: Archivo Particular
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Leidy Marulanda recibió una llamada el 24 de mayo de 2019. Era Lorena Briceño, una artista circense que le pidió que la reemplazara al día siguiente en el bar Federal Rooftop, en Bogotá. Le dijo que era, sobre todo, para que interpretara un personaje a través de un espectáculo aéreo, así que no necesitaría mucha técnica. El show en aro o lira es una de las ofertas del bar: su objetivo es acercar a sus clientes a lo que podrían encontrarse en Las Vegas. Marulanda aceptó y llegó al otro día con su vestuario. En el bar la recibió Sebastián González, uno de los socios, quien le mostró el sitio en el que podría cambiarse, cuántas veces debía salir y el aparato que usaría: winche eléctrico.

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Marulanda dice que no tuvo mucho tiempo para revisar el sistema, pero que alcanzó a cambiar el aro que ya estaba montado. Con los labios rojos y los párpados fundidos en colores grises y negros, un sombrero de capitán de barco que en el frente tenía un ojo de lentejuelas casi tan grande como el sombrero, un body vinotinto de terciopelo adornado con brillantes, medias de malla y unas plataformas que le regalaron 10 centímetros a sus 1,55 m de estatura se puso el sistema de seguridad y salió. Para la segunda vez se volvió a montar en su aro y, en medio de una de las figuras aéreas, el sistema “hizo un brinco”, ella sintió un vacío que le ayudó a girar y cayó al suelo: primero la pierna derecha, luego la cadera, el codo y la cabeza. Los médicos de la Clínica del Country le dijeron que tenía una fractura de sacro no desplazada y una inflamación en el calcáneo. Marulanda estaba afiliada al Sisbén.

El contrato fue verbal. Según ella, ni Lorena Briceño ni los dueños del bar le preguntaron si su seguridad social estaba en regla. Ella tampoco avisó. En la clínica sobresalieron las consecuencias de la informalidad e improvisación con la que se suele trabajar en Colombia: el acuerdo se dio en cuestión de horas, no se corroboraron los requisitos básicos para la contratación, no hubo una revisión rigurosa del sistema de seguridad, tampoco un rigger (profesional en trabajo seguro en alturas) manejando el winche del que dependía Marulanda y el protocolo para la emergencia, según ella, fue un desastre. Tiene más de 15 años de experiencia como artista circense, pero para el momento de su accidente era parte del 17,4 % del personal ocupado en actividades artísticas dentro de la economía naranja que eran informales en 2019, según reportes del DANE.

“Nosotros trabajábamos con Lorena (Briceño), que tenía un contrato por prestación de servicios. Ella estaba autorizada a subcontratar, así que llamó a su reemplazo y a nosotros nos pareció bien. Nunca sospechamos que Leidy (Marulanda) no hubiese tenido seguridad social, porque fue algo muy rápido y actuamos desde la buena fe”, dijo Cristián Padilla, representante legal de Federal Rooftop. También sostuvo que cuando Marulanda cayó al suelo, activaron un protocolo de seguridad en el que un brigadista capacitado por la empresa de seguridad VISE la atendió. Ella, por su parte, dijo que alguien de seguridad quería levantarla del suelo, pero era evidente que no sabía sobre primeros auxilios. “Cualquier persona capacitada en estos temas sabe que lo que tenía que hacer era inmovilizarme, no moverme”, agregó.

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“Mi cabeza rebotó contra el suelo”, recordó. Una mujer se la sostuvo. Un grupo de personas se quedó auxiliándola y el otro rodeó al cliente al que Marulanda le cayó encima. No recuerda mucho. El hombre que se lastimó con su caída y ella fueron llevados a un piso distinto, lejos del ruido y en compañía de González, que solo la miraba y se apoyaba la cabeza en las manos. Según ella, se veía desesperado. Casualmente, entre el público había un médico, quien los examinó. Ni lo que pasó antes, durante ni después es claro para Marulanda, que además del dolor recuerda el caos. Se sintió segura hasta que, Andrea*, su hermana, llegó a la clínica.

Como no era un evento de mayor aglomeración, el bar podía ofrecer estos espectáculos sin los permisos previos que requería un concierto. Así lo confirmó la Secretaría de Gobierno de Bogotá. Por su parte, la Alcaldía Local de Chapinero, autoridad encargada de la vigilancia del establecimiento, le dijo a este diario a través de su referente de seguridad, Iván Ramírez, que hasta el momento el bar ha cumplido con todos los requerimientos para su funcionamiento, incluyendo el PEC (Plan de Emergencia y Contingencia). Gina Agudelo, coordinadora del grupo de Teatro y Circo del Ministerio de Cultura, coincidió con la información sobre los permisos, pero aclaró que hubo irregularidades en la contratación. “Si voy a contratar lo primero que tengo que preguntar es si tienen EPS, sobre todo por la actividad tan riesgosa que desempeñan los artistas circenses. Ese evento, que es de nivel bajo, no tiene que pedir muchos permisos, pero sí debió asegurarse de lo mínimo, que era la seguridad social de la artista”.

Efectivamente, el empleador nunca corroboró que Marulanda estuviese asegurada. En la clínica, y después de darse cuenta de que solo contaba con el Sisbén, pagaron los medicamentos que los médicos le formularon. Dos semanas después, Marulanda los citó a una audiencia de conciliación en equidad, en la que acordaron que, mientras se concretaba el diagnóstico y la incapacidad que tendría, el bar le consignaría $800 mil y se haría cargo de su EPS durante cuatro meses. Desde el accidente, Marulanda no pudo volver a trabajar. En Colombia, además de pagar EPS, se debe aportar para pensión, cuota adicional que no tuvieron en cuenta al momento de la conciliación.

“Tenemos una responsabilidad moral, no jurídica. La contratista es Lorena Briceño, así que nosotros no teníamos ningún compromiso con Leidy Marulanda. En la lógica jurídica Lorena Briceño fue quien tuvo que preguntarle a la persona que la iba a reemplazar si estaba asegurada, pero el gesto solidario con Leidy se mantiene”, fue la respuesta de Padilla a los reclamos de Marulanda, ya que alega que el bar incumplió su compromiso: según ella, solo consignaron $800 mil más $120 mil para EPS, suma que no alcanzó para completar el pago. Dos meses después hubo un giro por $236 mil y, de nuevo, Marulanda sostiene que es insuficiente para lo que, según ellos, debía cubrir dos meses de salud. “Me abandonaron”, concluyó.

La abogada laboralista Elida Ferrer contradijo la posición de Padilla, representante legal del bar: “Ellos tenían la obligación de solicitar la afiliación a Marulanda como independiente. No importa que la artista que necesitaba ser reemplazada haya llamado a Marulanda, el riesgo lo tenían ellos. Hay una responsabilidad civil contractual y una responsabilidad civil extracontractual. Ahí hay un contrato escrito, que es el de Lorena Briceño, quien es libre de cumplir su labor con cualquier otra persona. Leidy Marulanda, la artista que se accidentó, es el reemplazo de Briceño. Pero supongamos que se desvirtúe la responsabilidad civil contractual porque en el contrato no estaba contemplada esa posibilidad: seguían teniendo la obligación de salvaguardar a todas las personas que entraran a su bar. No es un asunto de solidaridad, sino de responsabilidad”. Por su parte, Briceño asegura que le preguntó a su colega si tenía seguridad social y la respuesta fue afirmativa. Marulanda lo negó: “¿Cómo iba a arriesgarme a que me pidieran certificar algo que no tenía?”.

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El sistema de seguridad que usaron en el bar, un winche eléctrico, fue montado por un arquitecto, que además es socio del bar. José Amaya soldó el aparato a la estructura principal de Federal. El sistema es mecánico y, según Padilla, funciona como un ascensor. “Nos pareció bien porque su ficha técnica decía que soportaba 500 kilos de carga. Lorena Briceño, nuestra artista, también nos dijo que no había problema”, agregó.

Según Iván Ramírez, artista de circo y rigger certificado para el trabajo seguro en alturas, sí se pueden usar winches, pero hay que tener claro que en Colombia no están certificados para usarlos con personas, aunque sean en su mayoría muy seguros. Para estos espectáculos se recomienda el uso de polipastos. “Conozco un poco el caso de Leidy (Marulanda), así que lo que percibo, según las fotos, es que el winche no tenía freno. Tuvieron que estar muy pendientes de la altura o del momento en el que tenía que parar. Estos aparatos deben ser manipulados por personas capacitadas. El accidente del que hablamos dependió, en gran medida, de la persona que estaba manejando el sistema, además de que es evidente que no tenía mucha experiencia: la línea de vida que tenía puesta Leidy estaba en la misma guaya, así que cuando esta se ‘toteó’, no sirvió para nada y todo se fue al suelo”.

Cuando Marulanda se presentó sí había una persona manipulando el control del winche, pero no era un rigger profesional. Según Padilla, después del accidente decidieron montar el sistema de polipastos y contratar a un experto para evitar más riesgos. También aseguró que la artista que trabajaba permanentemente en el bar tenía un contrato por prestación de servicios. Marulanda dice que esto es falso: días después del accidente habló con Briceño, quien le reveló que había acabado de firmar un contrato formal.

Antes de accidentarse, Marulanda pesaba 50 kilos, entrenaba mínimo seis horas diarias y dictaba entre cinco a diez clases semanales. Su peso actual es mayor, no entrena y le paga sus terapias a un especialista particular: tuvo que desafiliarse de la EPS porque no puede pagarla. Dice que su carrera quedó en ceros: el tiempo sin entrenamiento o experiencia solo puede recuperarse con trabajo. Recuerda que no tiene dinero y entonces llora. Sus lágrimas, explica, son porque nunca lo ha tenido, pero antes podía trabajar.

Cristian Padilla dice que está dispuesto a negociar. Que tampoco tiene dinero: por la pandemia el bar entró en una crisis que por poco los quiebra. Que no sabe de dónde saldrá la plata para responder, pero que está dispuesto a llegar a un “acuerdo justo”. En la última conversación que tuvo con Marulanda le ofreció 500 mil mensuales más el pago de su EPS durante seis meses. Ahora dice que el ofrecimiento no sería el mismo. Marulanda se mantiene en que la oferta es insuficiente para su recuperación y la responsabilidad que el bar tiene sobre su accidente. Según ella, conoce a más de una decena de artistas circenses que no volvieron a trabajar debido a contrataciones informales y accidentes que pudieron evitarse. “Que mi caso se sepa y que, además, entiendan que esto pudo ser peor, pero quedé suspendida. Lo que quieren es ahorrar, pero estamos hablando de mi vida, de mi profesión. No sé si lo tengan claro, pero los artistas también somos seres humanos”.

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