El Magazín Cultural

4 Feb 2020 - 9:46 p. m.

Leonardo Favio: "He visto a Cristo a diario crucificado" (Como de cuento)

Fue el amor, “Esto es el amor”, como cantó algunos años más tarde, lo que lo motivó a hacer cine, y para hacer cine, a cantar. Estaba enamorado de una actriz, o eso decía. Eso dijeron.

Fernando Araújo Vélez

Leonardo Favio en plena acción como director de cine, una de sus más grandes pasiones.  / Cortesía
Leonardo Favio en plena acción como director de cine, una de sus más grandes pasiones. / Cortesía

Y una tarde, a la salida de un ensayo, le prometió que algún día haría una película para ella. Pero pasaron el tiempo, las películas, los proyectos, las derrotas, alguna sonrisa, y aquel muchacho no lograba conseguir el dinero que necesitaba para hacer su película.  Entonces alguien le sugirió que cantara. Que con esa voz. Que con esas canciones que escribía. Que el amor, que el amor vendía, que era lo que más vendía. Él sonrió. Sonrió con ironía, con una ilusión rosa, con un poco de amargura. Luego comprendió. Y más luego aún empezó a armar su primer disco, aquel que en un tiempo estaría en todas las vidrieras de almacenes de discos de las grandes ciudades de América Latina: un cuadro medio rosa, un fondo medio negro, y él con una guitarra recostada contra una pared.

Leonardo Favio, decía en la parte de arriba. Fuiste mía un verano, en la de abajo. Con los meses, aquellas cuatro palabras del título se convirtieron en un estribillo que se repetía una y otra vez entre los adolescentes de finales de los 60, y salía casi que a borbotones de las viejas radios portátiles. “Hoy la vi pasar, por casualidad. Yo estaba en el bar, me miró al pasar. Yo le sonreí, y le quise hablar, me pidió que no, que otra vez será, que otra vez será...”, cantaba la gente sobre la voz de aquel muchacho que, decían, dijeron, había vivido su niñez en un conventillo de Buenos Aires y había aprendido allí sobre lo duro y lo honesto, sobre lo leal y lo criminal de la ciudad. Sobre lo justo y lo injusto. Aprendió a robar, o por lo menos, hizo parte de alguna pandilla, como la de Silvio Astier, El club de los caballeros de la medianoche,   en El juguete rabioso de Roberto Arlt. Fue personaje de Arlt. 

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