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"Llámame por tu nombre": sentir sin restricciones

Esta temporada de premios ha sido complicada, no por la falta de buenas películas, sino por el exceso de ellas. Todas diferentes, cada una con mérito propio; una historia en particular, un mensaje que trasmitir y una visión única que plasmar.

Luisa María González Ramírez

01 de marzo de 2018 - 05:10 p. m.
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Desde Get Out,  The Shape of Water, Three Billbords Outside Ebbing Missouri, hasta Call Me by your Name (todas grandes y feroces competidoras) merecen ser mencionadas y alabadas por sus múltiples virtudes, lastimosamente, acá, en esta pequeña reseña sólo tenemos espacio para una.  

Aún no tengo favorita y me costó en el alma escoger sobre cuál escribiría, así que esta reseña no representa más que el orden en el que comencé a verlas. Llegó el turno de Call me By your Name.

-¡Qué hermosa historia! Por Dios-, eso es lo primero que se me viene a la mente.  Oliver y Elio, Italia, el verano, dicha y placer, un universo completamente sensorial en el que quieras o no te verás totalmente sumergido.

Es una película que nos evoca sensualidad, que nos hace ver, oler, tocar aquello que está en la pantalla; lo intangible. Nos encontramos en una villa italiana, y aunque en realidad estamos bajo el frio aire acondicionado de una sala de cine en Bogotá, sentimos el sol tocando nuestra mejilla y el agua que salpica del lago a nuestro costado, todo nos hace sonreír, somos presos de la indulgencia y nos permitimos sentir a través de las puestas en escena que este gran director  construyó para nosotros.

En esta película, más que una historia con giros extraordinarios, Luca Guadagnino nos invita a sentir y a transformar prejuicios en dicha y placer, somos amantes de una pareja en la que no vemos dos hombres o una gran diferencia de edad, sino el dulce encanto de dejarse llevar por tus pasiones, de ser feliz sin algún tipo de restricción, de querer y dejarse querer.  

Admitiré que en un principio no me vi reflejada en los personajes, para mí, eran figuras completamente ajenas a lo que conozco y me es familiar, pero de ahí la magia del director y su increíble visión, y aquello que pensé sería su mayor debilidad, se convirtió en su mayor fortaleza. Luca nos presenta a un par de personajes que parecen perfectos, sin fallas o defectos y después nos demuestra que el sentir, no mide inteligencia o riqueza,  no da pistas extras, ventaja o superioridad, la realidad es que sigues siendo igual de torpe al resto de nosotros. El amor nos hace disfrutar y sufrir a todos por igual y las dudas que éste genera, permanecerán en ti, en ella, en él, por más que creas tener todas las respuestas.

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Por Luisa María González Ramírez

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