Llueve desde Tanpinar

"Lluvia de verano". El autor de esta noveleta es el narrador turco  Ahmet  Hamdi Tanpinar. Llueve al comienzo de la novela. Llueve caudalosamente y bajo la lluvia, ajena a todo en un jardín, una jovencita sonríe feliz. Sabri, protagonista masculino, “estaba contento de haber encontrado a alguien con quien hablar  en aquella lluviosa mañana de verano”.

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Umberto Senegal
13 de mayo de 2019 - 07:06 p. m.
Ahmet  Hamdi Tanpinar, escritor turco, nacido en 1901 y fallecido en 1962 en Estambul, es considerado por Orham Pamuk como el maestro de la narrativa turca contemporánea.  / Cortesía
Ahmet  Hamdi Tanpinar, escritor turco, nacido en 1901 y fallecido en 1962 en Estambul, es considerado por Orham Pamuk como el maestro de la narrativa turca contemporánea. / Cortesía
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Todo es volátil y sereno en ella. Leerla, me desborda de apacible melancolía por no sé qué sueños interrumpidos y olvidados. El personaje femenino es de traslúcida ambigüedad,  propia para que en la novela hubiera seguido entre la lluvia, pronta a disolverse en el sol de la mañana, entre las deliberaciones del protagonista para quien la inescrutable personalidad y palabras de la jovencita, despiertan infrecuentes sensaciones. “Debe de tener unos veintisiete o veintiocho años. Pero también podría tener dieciocho o incluso quince…”

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Indefinible, más cerca de quince que de los veintiocho, se crece con especiales florescencias de personalidad mientras suceden los hechos. Leves también. Etéreos, hasta en el incendio de la inmensa casa. Estambul es el sitio donde lluvia, recuerdos, mujer y hombre, sentimientos y deseos reprimidos, escenas y escenarios de tenue belleza e insinuantes emociones, humedecen el alma. Prosa poética línea tras línea. Erotismo y emoción cuyas manifestaciones tienen más ímpetu que cualquier desbordada fogosidad, es una novela breve  tejida con tiernas caricias. 

Para una mujer así, solo es posible emerger entre la lluvia de verano. Otra categoría superior de Lolita. Otros razonamientos estéticos para el autor retratar el cuerpo, los gestos, la sensualidad de Fatma. “Hacía suya aquella hora lluviosa, como si fuera una parte de sí misma”. Luego de leer esta elegante, mesurada noveleta, ¿qué haré conmigo cuando llueva parecido y no aparezca entre el agua nadie equivalente a esta mujer? No aparecerá ninguna como ella. Tendremos que imaginarla y fraguar lluvias parecidas. ¿Llueve en Calarcá, como llueve en Estambul?

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Desde las páginas de esta impalpable novela, llegan a mi piel, mi sexualidad y sentimientos, tanto la humedad del aguacero como el perfume desprendido del cuerpo empapado de Fatma, de quien nada sabremos aunque ella rememore detalles de su vida. Se nos disuelve mientras habla y adquiere algo de realidad durante el lapso de los hechos. La leo mientras en mi pueblo es mayo y continúan las lluvias de abril en el Quindío. Densas nubes grises en el cielo. ¿Cómo son de grises, los grises de Estambul?  Si entre la música de esta lluvia quindiana escuchara  la risa de una mujer parecida a Fatma… Si la soñara, y recordara parte del sueño…

En mi pueblo las mujeres le huyen a la lluvia. Las he escuchado insultar la lluvia. Lamentarse de los aguaceros, como si las gotas de agua fuesen bofetones o escupitajos. A la protagonista la percibo  como si hija de Justine, la de El cuarteto de Alejandría. Un estilo como surgido de aquellas páginas que retratan dicha ciudad. Noveleta apropiada para favorecer el encuentro con otras obras de Tanpinar. Luego de ahora, ¿cómo podré mirar lluvias sin desear que entre ellas brote una mujer así? Alucinaré en silencio. Me verán deambular bajo la lluvia con la mirada fija en algún lugar.

Decir Estambul es pronunciar un inédito sinónimo de lluvia. Sabri, tiene más de 40 años. Ella, es de una “faceta increíblemente joven”. Me cautivan los largos aguaceros porque pienso que habrá tiempo para encontrarme con una mujer igual. Me entristecen los largos aguaceros cuando finalizan… Dice la jovencita, conmovida a orillas del Bósforo: “Me gusta todo lo que se siente a través de la piel”. Si entre las decenas de poemas que he escrito a la lluvia, se gesta una mujer así, ¿los reescribo para configurarla a ella verso tras verso? El refinamiento narrativo sin excesos de ningún tipo, es armónico en los claroscuros de esta noveleta con total simetría narrativa de lo sugestivo y lo evidente.

El vigor erótico de lo insinuante, tiene aquí más gravitación poética que si el autor hubiera decidido relatar algo escabroso. Sucede en un verano de 1944, cuando Turquía decide romper relaciones con la Alemania nazi.  Qué extrañas sensaciones de sorprendentes melancolías deja la lectura de esta encantadora novela. ¿Algún nombre para la tristeza que embarga al autor y a los personajes y se nos transmite a lo largo de los cuatro breves capítulos? No son lágrimas. Es alguna clase de lluvia que el viento arroja sobre mi rostro.

Por Umberto Senegal

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