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Lo divino del mito, lo humano del símbolo

La memoria colectiva de la nación colombiana parece negarse a aprender ninguna regla, que pudiera desprenderse de la lectura juiciosa de su propia historia violenta. Como si esa forma de gestión social —de la tierra, de lo público, del afecto mismo— que precisa desacralizar mejor al otro para luego eliminarlo, no hiciera parte de un cierto orden natural de nuestra vida social.

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Robinson Marín Valderrama/ Diana Marcela Arias Naranjo
23 de octubre de 2008 - 08:58 p. m.
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A partir de la inversión del modelo del cuerpo humano como representación del cuerpo social, de Mary Douglas, la profesora María Victoria Uribe desea establecer qué cosa pueden decirnos del cuerpo social y de sus pactos fundantes los cortes y mutilaciones infringido al cuerpo del otro durante los ejercicios de violencia realizados en Colombia a lo largo del siglo XX.

En sus 154 páginas y organizado en tres partes y una consideración final, la Antropología de la inhumanidad indaga a propósito de las condiciones que harían posible la particular expresión del antagonismo durante la violencia bipartidista. Luego formula una lectura del recurrente uso de la masacre cómo técnica simbólica y comunicativa del terror, y el uso del cuerpo del otro, la deconstrucción de su alteridad, como recurso de elaboración de entidades corporales sin humanidad. La antesala de su consumo simbólico. La autora presenta un ensayo interpretativo sobre las técnicas de la violencia colombiana del siglo XX, sus implicaciones simbólicas y sus consecuencias para los discursos identitarios individuales y colectivos.

Unas técnicas que parecen persistir idénticas a sí mismas, apenas sin ser modificadas por el contexto producido por la modernización del país a partir de la última mitad del siglo XX. Las evidencias de estas afirmaciones son lo que ofrece el texto al lector.

Esta interpretación puede interesar a un público no especializado. Puesto que el género narrativo escogido por la autora le faculta a ciertas libertades, el lenguaje coloquial o la ausencia de una red sistemática de notas al pie, éste amplía su capacidad comunicativa para simplificarse democratizando su target. Una afortunada e interesante lectura de las causas antropológicas, políticas y simbólicas de nuestra creciente “degradación de los fundamentos morales de la acción política” presente hasta hoy en nuestro corpus social como nación.

¡Maledetto Cristoforo Colombo!

Recientemente reeditada por Babel Libros, Stefano, novela de María Teresa Andruetto (Argentina, 1954), cuenta la historia de un joven inmigrante italiano que parte hacia la Argentina, buscando descubrir aquel “Nuevo mundo” que sin embargo lo alejaría -pese esa suerte de exilio voluntario- de sus más entrañables afectos, hasta llegada la muerte de su madre. “Y yo grité como ella gritaba: ¡Maledetto Cristoforo Colombo que descubrió la América!”

A la novela, antecede un poema de Cesare Pavese (“Recordar una cosa/ significa verla/ -ahora solamente-/ por primera vez) que evidencia, en la primera lectura, una relación en el tratamiento del objeto y que trasciende a través de las palabras a un nivel de enunciación e iluminación del hecho narrativo. Este tipo de personaje construido a través de una redefinición continua del héroe, en este caso, nada más que un chico saxofonista con una valija llena de ropa. 

Andruetto explica al final del libro: “Stefano me permitió recuperar la sensación de hambre, desarraigo, extrañamiento, de hombres y mujeres que, tal como los que hoy se marchan, ayer llegaban a buscar una vida mejor”. Con el propósito de extender la afirmación de la autora respecto a esta novela breve, es importante subrayar su propuesta narrativa vista desde el juego entre líneas que va de la primera a la tercera persona y que recuerda la intermitencia misma de la memoria.

Stefano, junto a otros miles de libros, hará parte del segundo festival de libro infantil que presenta, además de actividades en librerías, bibliotecas y parques, la exposición del Primer Salón de Ilustradores en la Sala Alterna del Centro Cultural Gabriel García Márquez a partir del 27 de octubre hasta el 4 de noviembre.

Por Robinson Marín Valderrama/ Diana Marcela Arias Naranjo

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