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Los grabados de Antonio Samudio

El pintor bogotano presenta su último libro, una recopilación de 250 obras que lo llevaron a ser incluido en el grupo expresionista colombiano.

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Redacción Cultura
20 de junio de 2016 - 02:08 a. m.
Antonio Samudio en su estudio, ahora hace parte del selecto grupo expresionista colombiano . / Olga Lucía Jordán.“Los políticos dicen pío, pío, pío”. Técnica: litografía.
Antonio Samudio en su estudio, ahora hace parte del selecto grupo expresionista colombiano . / Olga Lucía Jordán.“Los políticos dicen pío, pío, pío”. Técnica: litografía.
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“De no haber permanecido fiel a sí mismo, a sus obsesiones y a las incansables búsquedas formales de una voz más que de su subsidiario eco, sería otro de los nombres de artistas insertos en el vago mapa del olvido, de la historia que pudo ser y no fue, de la inmensa legión de pintores y escultores postergados”, escribió Juan Manuel Roca en el primer capítulo de Los grabados de Antonio Samudio (Ediciones Jaime Vargas, 2016). El libro recoge 250 obras del pintor colombiano: grabados que muestran la figura humana, lo cotidiano, lo político, lo femenino, la melancolía y la sensualidad y que, al mismo tiempo, revelan el contexto social que pasaba el país cuando fueron hechos.

Antonio Samudio (Bogotá, 1934), tiene un carrera de más de 50 años. Odia las entrevistas y las fotos. Habla siempre que ve que no hay cámaras ni grabadoras esperando sus “declaraciones”. “Uno no puede describir qué es el arte porque con los años se olvida todo. Cuando empecé, quería representar lo que veía, pero pronto me di cuenta que pintar y grabar son cosas graves”, dijo en la inauguración de una de sus exposiciones en Bogotá.

Este libro tuvo la dirección artística de su hija Patricia Samudio. “Básicamente es un pintor, la pintura es lo relevante en la vida de él, y dentro de la pintura, el color, es un gran colorista, como lo han afirmado muchos críticos y muchas personas que han escrito sobre él y su obra. No hay un artista que tenga los colores ni combinaciones que él hace”.

“La verdad es que la ciudad de Samudio -su provincia- no se ve. Todos (los cuadros) la llevan dentro, como si se hubiera comido al prójimo”, escribió Santiago Mutiz refiriéndose a los paisajes inexistentes de la obra del artista bogotano, donde los personajes salen de la nada y a la nada vuelven, encerrados en viñetas.

Por Redacción Cultura

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