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Los libros que tienen en su biblioteca los candidatos a la presidencia de Colombia 2026

Con las elecciones presidenciales cerca, este texto recopiló algunos de los títulos literarios que los candidatos albergan en sus bibliotecas y lo que estos pueden decir de ellos como lectores.

María Paula Ramírez - @mp.ramirez

22 de mayo de 2026 - 07:42 a. m.
Iván Cepeda, Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Sergio Fajardo y Claudia López preparan caminos para sus cierres de campaña.
Foto: El Espectador
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La relación entre política y literatura atraviesa nuestra historia desde la Colonia, cuando la épica legitimaba a los conquistadores como élite heroica digna de autoridad. En el siglo XIX, las novelas fundacionales, como “María” de Jorge Isaacs, se entrelazaron con el proyecto de construcción nacional. En la primera mitad del XX, la figura del intelectual venía muchas veces atada a la política. Teníamos políticos que también eran referentes literarios, como Rafael Núñez o Guillermo de León Valencia (abuelo de la candidata Paloma Valencia), así como escritores con una marcada posición política, como Gabriel García Márquez. Esta relación entre literatura y política aún es apreciable, pues ahora que estamos en medio de campañas presidenciales principalmente digitales, las y los políticos aparecen muchas veces con bibliotecas de fondo o con libros en sus escenografías. A partir de un rastreo cuidadoso de las bibliotecas de los candidatos y de recomendaciones de libros en sus cuentas de redes sociales, construí los perfiles lectores de los candidatos presidenciales colombianos.

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Empecemos por el que va liderando en las encuestas: Iván Cepeda. Su biblioteca evoca una preocupación central: la paz. No como aspiración vaga, sino como problema político, jurídico, histórico y filosófico. La coherencia entre lo que lee y lo que propone es llamativa y no es casual, pues coincide con su participación en las negociaciones de paz. Ha reunido una colección sobre el conflicto y sus posibilidades de resolución con títulos como: “La guerra y la paz” de Santiago Gamboa, “La batalla por la paz” de Juan Manuel Santos, “Guerra y paz en el siglo XXI” de Eric Hobsbawm, “Saliendo de la selva” de Dag Nylander y Tove Gravdal sobre el proceso con las FARC, y una sección dedicada al estudio del uribismo: “Las perlas uribistas”, “Los doce apóstoles” de Olga Behar y su propio “A las puertas de El Ubérrimo”. Su perfil lector es complementado por Hannah Arendt, Martha Nussbaum, Piketty y Naomi Klein en pensamiento crítico; y en ficción por Kafka, Orwell, Camus, Cervantes y Fernando Vallejo.

La biblioteca de Abelardo de la Espriella está muy alineada con su profesión como abogado: colecciones de derecho organizadas con esmero, catorce tomos de “Derecho Civil Francés” de Planiol y Ripert, veintitrés de la “Enciclopedia Jurídica”, dieciséis de “Derecho Civil” de Mazeaud. Lo que escapa al derecho es biográfico y de análisis político: las “Obras Selectas” de Carlos Lleras Restrepo, una biografía de Napoleón, los cinco tomos de biografías de Emil Ludwig —que retrató a Napoleón, Bismarck, Jesús y Stalin— y “Por qué fracasan los países” de Daron Acemoglu y James Robinson. El único libro de ficción que pude identificar fue “Cuentos completos” de Julio Cortázar en edición Alfaguara.

Seguimos con Paloma Valencia, la única candidata que tiene un posgrado en escritura creativa. Es la candidata con mayor presencia de obras literarias en su biblioteca, en la cual vemos nombres como Clarice Lispector, Ernesto Sábato, Vargas Llosa, Unamuno, Valeria Luiselli, Orhan Pamuk, Marvel Moreno y Ricardo Silva Romero, junto a curiosidades como una antología de 93 autores estadounidenses de 1942 y una guía literaria sobre Kafka. Tiene una biblioteca con una amplia colección de libros de arte sobre Magritte, Picasso, Dalí, Botero, Obregón, Luis Caballero. Asimismo, tiene la poesía y biografía de Rafael Núñez, presidente que Valencia ha declarado admirar, así como los libros de su abuelo y de Iván Duque, que trazan su interés político con claridad.

El candidato de centro, Fajardo, tiene el liderazgo como uno de los temas centrales de su biblioteca con títulos como: “Sobre liderazgo” de Tony Blair, “Liderazgo” de Henry Kissinger, “Leadership on the Line”, “Lo que un líder no debe delegar” de Salvador Alva y “Leaders Eat at Last” de Simon Sinek.

Uno de los autores que más se repite es Walter Isaacson, autor de “Einstein”, “Los innovadores”, “Leonardo da Vinci” y “El código de la vida”, entre otros. En esa misma línea aparecen las memorias de Barack y Michelle Obama; en economía política tiene a Acemoglu, Piketty y Byung-Chul Han; en ciencia, a Pinker y Henrich con perspectivas opuestas sobre el progreso humano; y en lógica formal, tratados de teoría de modelos que recuerdan su formación como matemático.

Lo más llamativo es la actualidad de sus lecturas, que contrasta con las de Miguel Uribe Londoño, apenas tres años mayor, cuya biblioteca se ancla en las últimas décadas del siglo XX: los “Almanaques Mundiales” de 1971 a 2007, “Megatendencias 2000″, la enciclopedia de la Segunda Guerra Mundial de Time Life, “La tercera ola” de Toffler y “La rebelión de Atlas” de Ayn Rand. Son lecturas que sitúan a Uribe Londoño en la tradición del conservatismo anticomunista de los años ochenta y noventa.

Otra biblioteca actual es la de Claudia López. De hecho, parece ser la más variada del grupo. Su rasgo distintivo es la fuerte presencia de mujeres autoras: Jacinda Ardern, Nancy Pelosi, Naomi Klein, Florence Thomas, Melba Escobar, Piedad Bonnett, Isabel Allende, Alice Munro, Julia Navarro, entre otras. La segunda temática que organiza su colección es la ciudad y el urbanismo: “Street Fight” de Janette Sadik-Khan sobre la transformación urbana de Nueva York, “The New Localism”, “Metrópolis” de Ben Wilson y “Cities of Civilization” de Peter Hall. Su biblioteca da cuenta del cargo que desempeñó como alcaldesa de Bogotá y de sus banderas políticas: la movilidad sostenible y la defensa de agendas progresistas vinculadas al feminismo, la diversidad y la participación ciudadana.

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Hay otros candidatos que no lideran en las encuestas pero que tienen perfiles interesantes. Roy Barreras es el que más abiertamente se ve a sí mismo como escritor: declaró que preferiría ganarse el Nobel de Literatura antes que la presidencia, y soñaba con irse a Portugal a escuchar a Camões y Saramago. Su biblioteca de ficción es canónica con libros como “La vorágine” y “Don Quijote”, y autores como García Márquez y Pérez-Reverte. Además, cuenta con la saga completa de “Juego de tronos” como guiño popular. En Sondra Macollins se perfila un interés en la reinserción social, la superación personal y el esoterismo. Y Mauricio Lizcano, quien declaró en entrevista que la ficción no le interesa, concentra sus lecturas en tecnología e inteligencia artificial.

Algunos libros se repiten entre candidatos muy distintos y revelan qué textos organizan hoy el debate intelectual en la política colombiana: “Por qué fracasan los países” de Acemoglu y Robinson, “Capital e ideología” de Piketty, “Esto lo cambia todo” de Naomi Klein y “Metrópolis” de Ben Wilson. La reiteración de estos títulos no parece casual: todos, desde registros distintos, intentan explicar las tensiones entre desigualdad, poder, crisis climática y organización urbana. Por lo que vale la pena preguntarnos cómo están leyendo estos mismos libros figuras ideológicamente diversas.

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Antes de que el lector se lo pregunte, vale la pena aclarar que este rastreo de los perfiles lectores de los candidatos presidenciales parte de una convicción: las bibliotecas son dialécticas. Entre las elecciones y disposiciones de libros, heredados, empezados, abandonados o exhibidos, también se comunican ideas, aspiraciones y maneras de habitar el mundo. La pregunta, entonces, no es si los candidatos han leído o no cada uno de esos títulos, sino qué revela sobre ellos el conjunto de lecturas que deciden mostrar en sus redes sociales. Muchos de estos libros, además, han sido recomendados explícitamente por ellos mismos y presentados como lecturas significativas.

Juzgar a un candidato por tener un libro “bueno” o “malo” sería, en cualquier caso, una conclusión resbaladiza: un libro polémico puede dar lugar a una lectura crítica e inteligente, mientras que una gran obra puede ser abordada de manera superficial o instrumental. Lo verdaderamente importante, al final, es aprender a leer entre líneas.

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Por María Paula Ramírez - @mp.ramirez

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