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Los lugares de la poesía

La obra de Ballart Fernández da un nuevo aire al cuerpo cambiante de la poesía con varios  recursos.

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Celedonio Orjuela Duarte
25 de septiembre de 2008 - 08:38 p. m.
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Encontrarse con el libro El contorno del poema, del profesor Pere Ballart Fernández, es alentador por cuanto airea con nuevas reflexiones el cuerpo mutante de la poesía, aparte de las reflexiones que hiciera en nuestro medio hispanohablante Octavio Paz en libros como El arco y la lira o Cuadrivio.

Divido en varios apartados —La impresión del límite, Nos oprime el plural, Del natural artificio, Epifanías, El ventrílocuo, Sobre las buenas maneras y Del misterio a la forma—, este ensayo tiene, entre otras, la propiedad de interrogarse sobre el efecto que la imposición de límites causa en nuestra visión de lo que atrapa el marco y lo que queda por fuera de él. Para ello, el autor no se vale de lo estrictamente teórico, sino que da voz a diferentes testimonios, tomados de la literatura y el arte en general, para abordar la cuestión con mucha más intensidad que a través del mero discurso técnico. Encontramos entonces ejemplos en Giacomo Leopardi, Pessoa, Walter Benjamin, René Magritte, Jorge Guillen, entre otros.

Luego, aparece esa nueva “dimensión estética regida ya no por la secuencia narrativa lineal, sino, en todo caso, por una especie de espiral concéntrica en torno a un solo motivo poético, discontinuo y estático”, aquí la huida hacia los múltiples o virtuales terrenos de la pluralidad, lejanos al yo y lo “real”, condenados a la marginalidad y desprovistos de la otrora existente aureola del poeta, como lo confirman desde Ortega y Gasset hasta el mismo Baudelaire. En otro capítulo, baste con citar el epígrafe de W. H. Auden que reproduce con exactitud una de las teorías esgrimidas por Ballart: “Bienaventuradas las reglas de la métrica que anulan las respuestas automáticas, nos fuerzan a pensar dos veces y nos liberan de los grilletes del yo”, dado que, ya en palabras de T. S. Elliot, “sólo el mal poeta podría saludar el verso libre como una liberación de la forma”. Otros temas son visitados por el ensayista barcelonés en el curso de su “pequeño tratado”, desde la Odisea de Homero hasta la occidentalización del haiku por cuenta de autores como Ezra Pound o Pellicer. Entre tanto, Ballart nos recuerda el papel de médium del poeta, dado que, como lo sentencia Wallace Stevens, “la voz del poeta es siempre la de otro”.

El contorno del poema Pere Ballart Ed. El Acantilado Barcelona, 2005 $48.000.

Caminos que conducen a Weimar

Gabriela Amar

La efímera República de Weimar. Aquí, Hemingway nunca hubiera podido escribir “Berlín era una fiesta”. Recorriendo las calles polvorientas de Berlín de la mano de Joseph Roth, descubrimos los contrastes urbanos entre el viejo esplendor imperial, las ruinas de la posguerra, y los albores del nazismo. Roth creía que “sólo son importantes las pequeñas cosas de la vida, (donde) lo diminuto de las partes impresiona más que la monumentalidad del conjunto, (por eso) yo soy un paseante”.


La mayoría de crónicas fueron publicadas por periódicos alemanes. Salvo una. La que cierra el libro. Escrita desde París, donde Roth vivirá en el destierro desde 1933 hasta su muerte. Su irónico título, El auto de fe del espíritu. Es su despedida. Una foto acompaña la crónica (“Estudiantes con libros para quemarlos en la Bebelplatz, frente a la Ópera Nacional, 10 de mayo de 1933”). Roth nos recuerda que el antisemitismo no fue una creación “exclusiva” de los nazis (“Desde 1918, los libreros de provincias, antes de exponer un libro en el escaparate, antes incluso de haberlo leído, preguntaban si el autor era judío”).

¿Qué interés tienen hoy los artículos de Roth? La respuesta es de Michael Bienert, editor de Roth: “Se esperaba de la página de cultura mucho más que hoy en día. La información cultural se consideraba de segundo orden, y de la actualidad se ocupaba la redacción de noticias. Los lectores esperaban encontrar textos literarios y ensayísticos de un valor intemporal”. El lema de Roth siempre fue, “decir en más o menos media página cosas que merezcan la pena”.

Sugiero leer el ensayo sobre Roth de Guillermo Cabrera Infante que se puede encontrar en http://www.letraslibres.com/index.php?art=7498. Todas las novelas de Roth han sido traducidas. Este libro es el número dieciséis de la colección Paisajes narrados, que incluye a Balzac, Gogol y Pushkin.

‘Crónicas berlinesas’, Joseph Roth, Ed. Minúscula,  Barcelona, 2007 $81.000

Todos los Funes, él, Funes

La primera vez que vi el nombre de Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) fue en el Magazine Littéraire (mayo de 1999). Allí Berti hablaba de la relación de Borges con la música, pero sobre todo con la milonga y el Blues. Berti ha construido su obra, como tantos de su generación, a la sombra de Borges. Decir Funes es decir Borges. Decir Eduardo Berti es decir Funes, el memorioso. La novela Todos los Funes, de Eduardo Berti, es más que un homenaje al cuento de Borges de 1942, Funes el memorioso, es una suite. Es un viaje de ida con un (otro) Funes. Un Funes francés, acaso primo de Pierre Menard, profesor de literatura iberoamericana. Jean Ives Funes, un hombre que viaja en un tren hacia un Sur que le mostrará su pasado; la inmensidad de su “fantásmico” pasado. Un Funes que (se) buscará en medio de las tinieblas de sus memorias, en un viaje en tren hacia Lyon. Un viaje final tras sus memorias. Casi unas “memorias de ultratumba”.

A los amantes de Borges les digo que la novela no los defraudará. A quienes no asocian a Funes con Borges, les diré que hay algo de Vila Matas en este paseo inmoral por las memorias de Funes.

Por Celedonio Orjuela Duarte

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