El Magazín Cultural
Publicidad

Los manuscritos de Escalona

Músicos y amigos del maestro Rafael Escalona lo recordaron el viernes. Las historias de sus cantos narradas de su puño y letra.

Sara Araújo Castro / Enviada Especial Valledupar
16 de mayo de 2009 - 05:00 p. m.

“Si me preguntas qué es lo más bello de Escalona, yo, que conozco su obra de arriba a abajo, te digo que es un verso que terminaron metiendo en una canción de Morales pero era de Escalona y dice ‘con esos ojos bellos que tienes, todo lo que se te antoja tú puedes/ tú puedes causar la honda herida/ o puedes levantar un muerto si quieres”, dice Ricardo Gutiérrez Gutiérrez mientras hurga entre sus papeles buscando esos manuscritos que hoy se convirtieron en tesoros. Son, una a una, las historias de las canciones que su amigo, celestino de sus padres y compañero de parrandas, Rafael Escalona, escribió .

Es viernes 15 de mayo. El fallecimiento del maestro Escalona ha movilizado a vallenatos, samarios, guajiros y patillaleros que cuentan cómo en ese caserío, cuna de los Escalona, el día de su muerte cayó agua a cántaros y las nubes se querían reventar a truenos y relámpagos. En Valledupar el cielo, cenizo, es parte del duelo de tres días que más que decretado es autoimpuesto por los ciudadanos. En cada familia, en las esquinas y en los patios de las casas no se habla de otra cosa, y quienes fueron compañeros o contertulios del maestro o de Rafa —como sólo permitía que le dijeran sus más amigos— evocan constantemente sus anécdotas, esas hazañas de parrandero incansable que una vez en la eternidad se convierten en parte del patrimonio inmaterial de la reconocida oralidad vallenata.

“Escalona era capaz de irse a parrandear con uno y pedirle que lo llevara primero al Molino, después a Villanueva y de ahí a Riohacha. La única manera que había de escaparse de esas correrías era que uno de los dos se durmiera”, cuenta uno de los amigos que lo evocan. Pareciera que la única manera de exorcizar el dolor de la ausencia es conjurándola con los recuerdos.

Mientras tanto, Gutiérrez ha encontrado la carta con letra elaborada que le escribió su amigo, aquella vez que le organizó un homenaje público en Valledupar y grabó un disco con sus canciones. Además, muestra con gran orgullo el máster de algunos clásicos cantados por el mismo autor con el acordeón de ‘Colacho’. “Esto se lo voy a dar a sus hijos para que ellos si quieren reproducirlo lo hagan”. Los tesoros que este coleccionista incansable tiene podrían servir para hacer un museo del vallenato, y la idea no le parece descabellada.

A algunas cuadras de ahí, en la Plaza Alfonso López, el hogar tradicional de los reyes del acordeón, sobre la tarima Francisco el Hombre, Escalona mira y sonríe al lado de su nombre escrito en inmensas letras de molde. Del lado opuesto de la tarima, otro telón enuncia: “Como es estudiante ya se va Escalona”.

Hacia las tres de la tarde, músicos, compositores, autoridades locales y nacionales van entrando a la zona destinada para amigos y familiares. Los curiosos, los seguidores del maestro, los vallenatos que sólo quieren darle un último adiós, están por toda la plaza, incluso algunos muchachos ya reservaron las mejores ramas del sólido mango que lleva décadas dando sombra a la Plaza Alfonso López.

Se podría decir que salvo su comadre Consuelo Araújo, su jefe político, Alfonso López, y sus compañeros de parranda Jaime Molina y ‘Colacho’ Mendoza, que lo esperan “arriba de las estrellas, donde está el reino de Dios”, no faltaba nadie en esa despedida de acordeones y recuerdos. Con la llegada de la comitiva presidencial, una fila de reyes subió a la tarima y las mejores voces que han entonado sus cantos le rindieron honores. Antes, dos grupos de niños, de las escuelas de la Fundación y del Turco Gil, interpretaron algunas canciones y los maestros de ceremonia leyeron infinitos decretos oficiales del Cesar, La Guajira y el Magdalena que reconocen la grandeza del maestro.

‘Poncho’ Zuleta, Jorge Oñate, Carlos Vives y Diomedes Díaz entonaron sus versos. Egidio Cuadrado, ‘Cocha’ Molina, Sergio Luis Rodríguez, Hugo Carlos Granados y los demás reyes vallenatos interpretaron los aires de sus cantos. Los asistentes sacaron pañuelos blancos y alguno, en medio del barullo de las canciones, se atrevió a decir: “Esto es más que un entierro guajiro”.

Ya caída la tarde, después de la ceremonia religiosa, el presidente Uribe intervino con un discurso completamente ajeno a la política y cercano al sentimiento y a la amistad que lo unió al compositor. Eran las siete de la noche, los miembros de la Fundación de la que él fue creador y promotor tomaron el féretro. Las piloneras y los asistentes hicieron el mismo recorrido que cada año inaugura el festival, sólo que esta vez se detuvo frente al cementerio central, en donde junto a sus amigos Consuelo y Jaime Molina, el maestro Escalona entró a la inmortalidad.

Los funerales del juglar

Valledupar despidió a su rey y lo hizo de la única manera en la que podía hacerlo: con música. Las notas provenientes del acordeón caracterizaron el gran homenaje que la capital del departamento del Cesar le rindió a Rafael Escalona, el célebre compositor de creaciones como El testamento, La casa en el aire y La patillalera.

Músicos vinculados al folclor, personalidades de talla internacional y sus amigos de siempre se hicieron presentes para darle el último adiós al juglar. ‘Poncho’ Zuleta y el ‘Cocha’ Molina fueron los encargados de interpretar La creciente del Cesar. Luego Jorge Oñate hizo que todos los asistentes entonaran El testamento y La Maye. Los turnos siguientes fueron para Carlos Vives y Diomedes Díaz. El cierre corrió por cuenta de los reyes vallenatos.

‘Esperanza’

“Todos sabemos, es bien conocido el que nuestro querido presidente, el doctor López, siempre a donde se encuentra anda rodeado, primero de la niña Ceci, desde luego, y luego de un enjambre de angelitos femeninos.

En uno de sus tantos acostumbrados y gratísimos viajes a Valledupar, entre su séquito angelical trajo un angelito llamado Esperanza. Y ocurre que Esperanza me dio muchas esperanzas y, como somos los patillaleros y los provincianos, la traté muy románticamente”.

Vea, en su totalidad, los textos del Maestro Escalona haciendo clic AQUÍ

Por Sara Araújo Castro / Enviada Especial Valledupar

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscribete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.
Aceptar