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Canalón es un tributo al Cauca
Más que una agrupación musical, este colectivo es un homenaje a todos los hombres y mujeres que con valentía se dedican a buscar oro en las minas. El grupo folclórico Canalón de Timbiquí también le rinde tributo a las riquezas naturales del departamento del Cauca, y lo hace explorando la versatilidad de sus ritmos, aires y estilos musicales.
El grupo nació en 1974 en las aulas del Colegio Mixto Julio Arboleda de Timbiquí, rebautizado hoy como el Justiniano Ocoró, cuya misión es despertar las inquietudes folclóricas de los estudiantes.
Canalón está integrado por músicos y cantaoras con raíces étnicas y culturales procedentes de comunidades afrodescendientes del litoral caucano.
Esta agrupación, liderada por la docente Elizabeth Sinisterra y reconocida en Bogotá, Buenaventura y Cali, compitió en la final del Petronio Álvarez con los colectivos Voces de la Marea y Los Alegres de Telembí. Allí obtuvo el primer lugar en la modalidad de Marimba, tal vez la categoría de mayor tradición dentro de este certamen dedicado a las sonoridades del Pacífico.
Más cuerda para ese violín
De lunes a sábado es mecánico soldador. Con ese trabajo se gana el sustento diario para él y su familia. Pero los domingos es el primer violín del Grupo Palmeras de Santander de Quilichao y con esa labor alimenta su espíritu y complace a los cientos de seguidores del primer ganador en la categoría Violín Caucano (una de las novedades de la versión número doce del Festival de Música del Pacífico).
Su nombre es Luis Edel Carabalí, tiene 51 años y es heredero de una fuerte tradición musical. “El violín es mi amigo inseparable. Es un legado que me dejó mi padre y todas esas enseñanzas me han servido mucho. Cuando yo era pequeño y escuchaba algo interpretado con ese instrumento, me erizaba y por eso a los diez años ya lo tocaba. Recuerdo que mi papá me dejó una tarea en el violín, se fue para el trabajo y cuando regresó yo ya tenía mi labor realizada”, cuenta el actual director de este grupo folclórico, que lleva animando las fiestas dominicales en gran parte de las veredas del departamento.
Los integrantes del Grupo Palmeras realizaron su primera celebración cuando se enteraron de que existía una categoría dedicada al Violín Caucano. El segundo festejo lo hicieron cuando quedaron entre los finalistas con agrupaciones igualmente tradicionales como Caña Brava y Pluma Blanca. Y la tercera fue la vencida, porque recibieron con mucho orgullo un primer puesto más que merecido.
Fue su segunda participación en este evento musical. En su debut, hace un par de años, adquirieron experiencia, mientras que en esta oportunidad se aventuraron a proponer temas originales sin traicionar ese sonido autóctono que siempre los ha caracterizado.
Doce minutos fueron suficientes para convencer al jurado y al público asistente a la Plaza de Toros de Cañaveralejo, de la interpretación idónea de un ritmo particular, con alguna semejanza con los corridos mexicanos, que se impone en el Pacífico.
La chirimía es Ritmo Son
En los ires y venires de la música descubrieron la chirimía. Y quedaron fascinados con ese formato poco rígido en su conformación, complejo en su ejecución y sabroso a la hora de la apreciación.
Desde el año 2004 se unieron varios jóvenes de Quibdó, en el departamento del Chocó, con la única intención de rescatar los sonidos autóctonos de la región. Desde entonces esa tarea la han abordado bajo el nombre de Ritmo Son, liderado por el clarinetista Januar Arley Palacios.
“Ya habíamos ganado en el Festival de Música del Pacífico. Es la segunda vez que ganamos el Petronio. Somos jóvenes, pero investigadores, y queremos dejar un legado que no existía en nuestras veredas”, afirma este artista que, además, estudia matemáticas y física en la U. Tecnológica del Chocó.
Esta agrupación se llevó el primer puesto en la categoría Chirimía, el segundo lugar fue para el Grupo Pichindé y el tercer lugar lo ocupó el Grupo Tamboré.
Con el impulso del Petronio Álvarez, Ritmo Son espera publicar su primer disco en diciembre.