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Los "Picassos" más queridos de Pablo Ruiz

El Museo Nacional Reina Sofía de Madrid, en España, expone la colección más personal y preciada de Pablo Picasso. Son más de 400 obras, entre pinturas, esculturas y fotografías, que proceden de su sede habitual, el Museo Picasso de París.

Érika Fontalvo / Madrid, España

05 de marzo de 2008 - 09:12 p. m.
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“Pinto como otros escriben su autobiografía. Mis telas, acabadas o no, son como las páginas de mi diario, y como tales, son válidas. El futuro escogerá las que prefiera. No me corresponde a mí hacer la selección...” (Pablo Ruiz Picasso, 1946).

Dicen los que saben que la muestra es tan excepcional, que el genial artista, fallecido en 1973, se sentiría satisfecho de ver reunida su colección más cercana, las obras de las que no quiso desprenderse nunca, los conocidos como los “picassos” de Picasso.

Para albergar tal cantidad de obras, el Reina Sofía, uno de los centros de arte más importantes de España, habilitó tres de sus salas temporales y el ala completa de la colección permanente que posee del artista, y en la que se encuentra ubicado uno de sus trabajos más reconocidos, el Guernica.

Se trata de una oportunidad única para hacer un recorrido por la trayectoria creativa del inmortal pintor, desde sus primeros pasos en Málaga hasta su muerte en París.

Es como asistir a la simbiosis de dos museos o a la recepción temporal de uno en otro. Este acontecimiento cultural de gran relevancia ha sido posible gracias a los trabajos de remodelación que se adelantarán durante los próximos dos años en el Musée Picasso, un gran museo monográfico, creado en 198, para presentar la mayor parte de su producción artística, donada por sus herederos al Estado francés en 1979.

La directora del Museo Picasso de París y comisaria de la exposición, Anne Baldassari, precisó que en estas obras, que constituyen el “diario pictórico” del artista, su “autobiografía” singular, se encuentran “las claves y los resortes del movimiento de su pensamiento y de la pintura que estaba creando”.

EL RECORRIDO

Para no perder detalle de esta colección, hay que tomarse su tiempo. Visitarla demora, en promedio, unas cuatro horas. Pero incluso para los más inexpertos en la vasta obra de Picasso y en temas de arte, recorrer la exposición, es todo un placer didáctico.

Picasso 1 (1895 - 1924)

“Si el cubismo es un arte de transición, estoy convencido de que la única cosa que saldrá de él es otra forma de cubismo”: Pablo Ruiz Picasso, 1923.

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La sala 1 abarca sus primeros retratos, un Picasso que va buscando su camino a través de una intensa experimentación.

Son telas de gran relieve, como La muerte de Casagemas, que lo ubica cerca del expresionismo, mientras que el Autorretrato o La Celestina se exhiben como piezas emblemáticas de su período azul.

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También es posible descubrir aquí los primeros signos del cubismo, el protocubismo, que queda reflejado en los estudios para Las señoritas de Aviñón.

El cubismo analítico, representado por el gran díptico Hombre con mandolina y Hombre con guitarra, y el clasicismo de La flauta de Pan.

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Belén Díaz Rábago, jefa de Coordinación de Exposiciones del Museo Reina Sofía, aseguró a El Espectador que esta primera sala es la que ofrece mayor variedad, “desde las primerísimas obras, hasta las obras de los años 20, influenciadas por el mundo clásico, la época inspirada en los frescos de Pompeya”.

Picasso 2 (1924 - 1935)

“Tampoco hay un arte figurativo y uno no figurativo. Todas las cosas tienen forma de figuras”: Pablo Ruiz Picasso, 1935.

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En la segunda sala se encuentra el Picasso más surrealista. Los colores virulentos, las criaturas y quimeras engendradas por el artista y que quedaron plasmadas en obras tan excepcionales como El beso, La cruxifición y El acróbata o en esculturas lineales como Mujer en el jardín.

En esta misma área se destaca un espacio con menor luz, muy cuidado, en el que se exponen obras sobre papel de estos mismos años. Según Díaz Rábago, quien ejerce además como coordinadora de la exposición, estos pequeños esbozos y estudios “completan la obra mayor de este período y permiten conocer la manera de trabajar de Picasso, cómo se llega a una escultura o a un lienzo enorme”.

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Picasso 3 (1936-1951)

“Bastaría con romper en pedazos estas pinturas y luego unirlas siguiendo las indicaciones que da el color para hallarnos frente a una escultura”: Pablo Ruiz Picasso, 1936.

Su estrecha relación con la España Republicana, su horror por la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial, son visibles en la tercera etapa de la exposición. Aquí se exhiben las obras que preside el Guernica, el imponente óleo que el gobierno de la República española le encargó a Picasso, con el conflicto ya iniciado, para el pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937.

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Esta sala, que alberga la colección permanente del museo anfitrión, el Reina Sofía, ofrece la visión comprometida del artista en esa lucha que asoló a su España natal a finales de la década de los 30. Retratos de Dora Maar, La mujer que llora y La suplicante.

Son obras que reflejan su angustia, lo afectado que se encontraba Picasso por lo que estaba pasando. Todas resultan muy impresionantes y llenas de dramatismo”, precisa la coordinadora.

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También aparecen en esta etapa las series de Naturalezas muertas, Melancolías y Vanidades que se enriquecen con esculturas tan emblemáticas como Cabeza de toro y El hombre del cordero, con las que denuncia las matanzas de la II Guerra Mundial.

En esta sala es posible ver, además, unas 20 fotografías, muchas de ellas anónimas, relacionadas con la Guerra Civil Española.

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Picasso 4 (Última etapa )

“Si se marcaran en un mapa todos los itinerarios que he recorrido y se unieran con una línea, ¿no parecería quizá un minotauro?”: Pablo Ruiz Picasso, 1960.

La sala 4 recoge los trabajos realizados en sus últimos años.

Díaz Rábago precisó que es en esta fase donde Picasso, tras las guerras, vuelve a incorporar a sus obras temáticas relacionadas con la alegría de la vida: “Sí que se nota en esta última sala un cambio de tono muy grande. En las obras de posguerra es como un respiro donde se palpan la vida y su alegría, son obras deliciosas que muestran los últimos intereses de Picasso”.

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La exposición, que estará abierta hasta el próximo 5 de mayo en las instalaciones del museo madrileño y que también puede verse de manera virtual en su página en internet, www.museoreinasofia.es, se trasladará luego a Emiratos Árabes, Japón, Canadá, Estados Unidos, Finlandia, Rusia y Australia. Sin embargo, no estará completa, las obras del Reina Sofía se quedan en la capital española, sólo viajarán las del Museo Picasso de París.

Así que la muestra de Madrid es la mejor ocasión para conocer, la obra de Picasso, “ese gigante del arte que nunca estaba complacido, que trabajaba sin cansarse nunca, experimentando al máximo, algo que lo hace único”. Y tras recorrer la exposición, no queda duda de su inagotable capacidad creativa.

Por Érika Fontalvo / Madrid, España

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