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El director de cine Juan José Campanella encontró en una vieja librería de Buenos Aires, cuando apenas corría el año 2003, el germen de la idea que lo llevaría a ganarse un premio Oscar a la mejor película extranjera en 2010. Escarbando entre algunos títulos viejos arrumados en la estantería, el cineasta se encontró con Te conozco, Mendizábal, de Eduardo Sacheri. El título le pareció ideal para una película y como invadido de un impulso inexplicable compró todo lo que la librería tenía en su catálogo de ese autor.
Después de leer los cuentos que Sacheri había escrito sobre fútbol, de descubrir esos personajes anónimos de esquinas y barrios como los que él había conocido toda su vida, Campanella consiguió el teléfono del escritor, que para entonces era muy conocido en Argentina, porque en la radio de vez en cuando se leían sus cuentos inéditos de fútbol.
Juan José y Eduardo, ambos argentinos, se encontraron para tomar café y quedaron de hacer algún día algún proyecto juntos. “Yo no lo veía tan posible”, recuerda Sacheri, “la filmografía de Campanella era más alegre, más liviana, por lo menos más luminosa que mis historias, así que no pensé que realmente la promesa del café fuera algún día a cumplirse”.
Pasaron unos años, y cuando en 2005 Sacheri se estrenó como novelista con La pregunta de sus ojos, Campanella, que por entonces se encontraba en Nueva York, leyó el libro con la seguridad de que tenía en sus manos el próximo guión que llevaría a la pantalla grande. “A Campanella le interesaron mis personajes cotidianos y es que de eso va esta novela, de personas comunes y corrientes. Mis historias siempre se anclan en vidas aparentemente sencillas rutinarias, anodinas, parecidas a la de cualquiera de nosotros, pero lo que creo es que la belleza artística no está en lo extraño de un objeto, sino en que seamos capaces de hacer una mirada profunda sobre el objeto, y eso se hace en esta historia”.
De vuelta en Argentina, los dos narradores se encontraron para escribir juntos el guión de la película que llevaría como nombre El secreto de sus ojos. “Fue una experiencia muy enriquecedora, pero también muy ardua. Ahora que ya han pasado un par de años, uno se siente tentado, como en tantas cosas de la vida, a decir que todo fue fácil, pero fue difícil, sobre todo para un escritor, eso de compartir un trabajo, eso de conversar una trama entre dos costó mucho trabajo”, cuenta Sacheri.
La técnica que adoptaron fue sencilla: Sacheri escribía las escenas y Campanella luego ponía sobre el texto su mirada cinematográfica, sintetizándolo todo, porque como lo reconoce el novelista, “ los escritores tendemos a escribirlo todo”.
El director de cine, que ya había triunfado con películas como El hijo de la novia y El mismo amor, la misma lluvia, necesitaba que en esta cinta algunas cosas del libro sucedieran de modo diferente. El gran temor del novelista, por su parte, era que se modificaran los personajes, porque al ocurrir otras situaciones se corría el riesgo de que los personajes perdieran su fisonomía. Sacheri volvió a echarle un vistazo a su protagonista, Benjamín Chaparro, el hombre de juzgado que en la película perdería su apellido para adoptar el de Espósito.
“Este personaje lo construí ante la necesidad de una voz narradora. Lo primero en lo que pensé al escribir esta novela, fue la historia criminal propiamente dicha, la violación de la chica, el homicidio, la desesperación del viudo de la víctima, la injusticia del sistema jurídico argentino y el castigo terrible al final decidido por la víctima”, cuenta Sacheri, “y sentía que un narrador testigo podría sorprenderse de otro modo y pasar de la ignorancia al conocimiento en un tiempo muy similar al del lector, y eso iba a permitir que el lector acompañara la narración en lo abrupto del hallazgo del final”.
Los argumentos eran muy fuertes, así que Benjamín Espósito se convirtió también en la película en la voz narradora. Se mantuvo también el tiempo histórico en el que transcurría la historia. Al final, Sacheri había elegido situar su novela en los años anteriores a la dictadura por razones fuertes. “En Argentina hemos dedicado mucho tiempo a hablar de la dictadura militar, pero no hemos hablado lo suficiente sobre los años anteriores, no nos hemos preguntado cómo generamos esa situación monstruosa de la dictadura, por eso quise retratar ese momento de violencia exacerbada, de una justicia precaria en esta novela”.
Así, en un arduo debate, con una voluntad de hierro, estos dos hombres de las artes argentinas dieron origen a la película El secreto de sus ojos. Pero no suficiente con llevar sobre los hombros una estatuilla dorada, la película le ha ido abriendo nuevos horizontes a esta novela, que se adentra en los vericuetos del castigo. “Lo que está pasando con la película es que abre el apetito en relación con la novela. Lo digo porque, como en Colombia, a raíz del filme la editorial Alfaguara publicará la novela en varios países”. En la Feria del Libro de Bogotá, los lectores colombianos podrán encontrar cuál es el verdadero ‘secreto de sus ojos’.