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Los viajes de Ciro Guerra

El cineasta colombiano empacó maletas para mostrar su arte en el Viejo Continente y para ultimar detalles de la coproducción con Alemania de su última cinta.

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Mónica Diago
25 de enero de 2009 - 10:00 p. m.
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Nació en Río de Oro, Cesar. Vivió en Valledupar, en Bucaramanga y actualmente reside en Bogotá. Su cine refleja esa diversidad regional que incluso se manifiesta en su acento, aún sin definir. El director colombiano Ciro Guerra llegará mañana a Moscú para participar de un encuentro de cine latinoamericano que se realiza en la capital rusa.

Lo hará con una película estrenada hace cinco años: La sombra del caminante. Después pasará a Alemania, donde concretará con la casa productora Razor Films, que cuenta con una nominación al Oscar con la cinta israelí Waltz with Bashir, los últimos detalles para la distribución de su más reciente largometraje, titulado Los viajes del viento.

Al igual que su anterior producción, la cinta recibió el apoyo económico de más de seis programas internacionales, entre ellos el Atelier del Festival de Cannes, que selecciona 15 proyectos de todo el mundo para que consigan recursos. En este caso, el resultado no pudo ser mejor: coproducción con Holanda, Alemania y Argentina.

La cinta cuenta la historia de un juglar retirado que decide emprender un viaje para devolverle a su antiguo maestro su acordeón. En el camino se encuentra con Fermín, un jovencito que lo acompañará en la travesía. Los paisajes de la costa norte colombiana hacen de la cinta un reencuentro con los desiertos, los indígenas kogui y especialmente las comunidades detrás del vallenato.

La intención del director con su obra siempre fue muy clara: “quiero mostrar la diversidad de mi región, que por tantos años ha estado sepultada bajo clichés falsos como el del costeño perezoso, gritón y parrandero”. Por esta misma razón escogió actores naturales, de la zona, pues como él mismo lo afirma, “no podía llevar gente del interior porque se notaría lo falso del acento y porque es necesario descentralizar el cine”. Esa inquietud ha llevado a Ciro Guerra a volcar su producción cinematográfica hacia el descubrimiento de historias y paisajes fuera de las capitales. “Nuestro cine es aún muy provinciano, poco arriesgado, pobre en lenguaje. No pensamos en la posibilidad de llegarles a muchos públicos, y esto sucede porque se ha centrado en las grandes capitales”, afirma.

Su anterior trabajo, La sombra del caminante, filmada con 8 millones de pesos, en blanco y negro, fue muy bien recibido por la crítica. “La cinta se atreve de varias maneras a proponer una forma y un tratamiento de lo ya visto (la guerra), con una perspectiva distinta”, dijo el crítico Hugo Chaparro. Sin embargo, ésta no llegó a ser vista por un buen número de espectadores, algunos ni siquiera saben de su existencia, pero para su director está muy claro que el éxito de un largometraje no reside ni en la taquilla que represente, ni en el elogio de la crítica cinematográfica. “Lo más importante es que el director se sienta satisfecho con la obra, que sienta que valió la pena todo el esfuerzo que representa una cinta. Para otros directores, esto se mide por el número de personas que la vieron; para mí, no es así”.

Por Mónica Diago

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