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Luis Caballero en Jericó

Después de acoger la muestra de Andy Warhol en 2009, el municipio del suroeste antioqueño recibe una serie de grabados, óleos y carboncillos del artista colombiano.

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Juan David Montoya/Medellín
19 de diciembre de 2010 - 07:09 p. m.
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Si en 2009 las serigrafías de Warhol pusieron a pensar a los jericoanos en el arte pop que durante la segunda mitad del siglo XX marcó el arte contemporáneo, en 2010 los carboncillos de Luis Caballero Holguín trasladan la reflexión al plano artístico nacional.

Hasta el 30 de enero se expone en el Museo Municipal de Jericó una veintena de obras del artista bogotano, a quien Marta Traba perfilaba desde 1966, cuando éste apenas tenía 23 años, como “uno de los grandes pintores de Colombia”.

Durante 30 años de carrera artística, el “erotismo insatisfecho” que reconocía Traba en la obra de Caballero pudo ser apreciado en galerías de Bruselas, Berlín, Nueva York, Cannes, París y ahora, a 15 años de su muerte, en una casona tradicional jericoana que acoge la colección.

Erigida en diócesis en 1915, Jericó carga el estigma de ser uno de los municipios más católicos de Antioquia: tiene dos museos de arte religioso y por estos días el Museo Municipal también exhibe una exposición llamada ‘Con devoción’, una colección de unos 1.300 objetos religiosos que le entregaron al ex presidente Álvaro Uribe durante sus ocho años de gobierno. Sin embargo, el erotismo incómodo, perturbador, que se desprende de los cuerpos entrelazados de Caballero fue bien recibidos por la comunidad.

“Por la temática de Caballero, teníamos la inquietud sobre cuál sería la respuesta de la gente del municipio, pero hemos obtenido una excelente acogida, no sólo entre la gente joven, sino con todos los públicos”, afirma Roberto Ojalvo Prieto, director del museo. Los desnudos masculinos del artista que exploraran esa delgada frontera entre la agonía y el placer, el orgasmo y la muerte, el deseo y la insatisfacción, un aparente “fatalismo sexual”, según el análisis de Marta Traba, han sido interpretados y contextualizados en Jericó tanto por jóvenes como por curas.

Contagiarse de la vehemencia y el erotismo de ‘Luis Caballero en Jericó’ es recordar las palabras del artista, para quien no se puede establecer si los personajes de su obra “acaban de morir o de gozar”. “Un desnudo se debe pintar sensualmente, eróticamente, amorosamente —recomendaba Caballero—, con semen y no con trementina”. Una muestra que redescubre a este importante artista.

Por Juan David Montoya/Medellín

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