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Mamá e hija conversan sobre el progresismo, una invitación

A indecisos e indecisas o a quienes aún pueden cambiar su voto: la fuerza progresista colombiana es una fuerza de centro-izquierda, moderada, que puede seguir trayendo bienestar a nuestra ciudadanía.

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Alejandra Jaramillo Morales, escritora, Libertad García Jaramillo, estudiante de ciencia política y Especial para El Espectador
18 de junio de 2026 - 06:44 p. m.
Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda se disputan la Presidencia. Así buscan una victoria el 21 de junio.
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Foto: Eder Rodríguez
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El 31 de mayo a las 5:00 de la tarde, en una lista de chat de WhatsApp de profesoras de la Universidad Nacional, una de mis colegas preguntó con un tono de frustración y profunda sorpresa: ¿Por qué en Colombia desapareció el centro? Durante los días siguientes estuve conversando mucho con mi hija, Libertad, sobre ese tema. Queríamos entender cuál había sido el proceso que llevó a que en el año 2014 todavía la presencia de un candidato de centro como Antanas Mockus pudiera ser tan relevante, y que después, desde el 2018, nos moviéramos a votar por figuras del progresismo, hasta que se convirtiera en la primera fuerza política de Colombia.

Después de mucho conversar, llegamos a la conclusión de que es muy importante hablar sobre este tema en estos días previos a las elecciones del 21 de junio, cuando Colombia se debate entre la extrema derecha y el progresismo. La conclusión principal a la que llegamos es que el progresismo colombiano, pese a la inmensa estigmatización de los medios de comunicación, es una fuerza moderada, de centro-izquierda, que la gente ha preferido por poner en el centro de su quehacer los derechos básicos como derechos universales.

Para demostrarlo, es importante recordar cómo durante la segunda mitad del siglo XX, los partidos que en ese momento se fueron consolidando como los más tradicionales, el Partido Liberal y el Conservador, hicieron alianzas, sus élites se organizaron de tal manera que no quedara ninguna posibilidad a otras fuerzas políticas de participar con posibilidad de triunfo en la contienda electoral. Durante este siglo XXI, hemos visto un cambio profundo en las dinámicas electorales, aumento de número de partidos y fuerzas políticas, dispersión que permitió que poco a poco el progresismo fuera cogiendo fuerza. Sin embargo, por la larga estigmatización de la izquierda, basada en ideales del siglo XX y no en los progresistas del XXI, se ha hecho creer a la opinión pública que el progresismo es una fuerza de extrema izquierda. Nosotras queremos dar los argumentos para contrarrestar esos argumentos falsos y demostrar que la fuerza progresista colombiana es una fuerza de centro-izquierda, moderada, que puede seguir trayendo bienestar a nuestra ciudadanía.

Las reformas que en los últimos años se lograron o se quisieron lograr en Colombia son, sin lugar a dudas, reformas que se hicieron en Europa y en otros países de América del Norte y Latina en el siglo XIX. Lograr una jornada laboral de ocho horas (acá ni siquiera eso se logró, quedó de 10 horas); lograr que se paguen los dominicales; empezar una verdadera reforma agraria; apoyo al agro para hacer de Colombia una nación más productiva, capaz de alimentarse; la búsqueda de la educación gratuita de manera universal, es decir, que cobije a toda la ciudadanía, propósito que todavía no puede cumplirse, pero que podrá hacerse en la medida en que el derecho a la educación sea entendido por toda la población como el derecho principal para el crecimiento y la democratización del país, pertenecen a los logros sociales de hace dos siglos, y es justo que en nuestro país también los alcancemos.

Empecemos por clarificar las tres categorías que nos interesan: la definición de izquierda radical, de centro-izquierda y de centro, de manera que podamos mostrar cómo en Colombia el progresismo, por representar ideas de centro-izquierda, pudo llevarse una gran fracción de los votantes que antes optaban por el centro.

Libertad: la extrema izquierda está en contra del sistema capitalista como postura principal. También considera que se necesita una redistribución de la riqueza de forma radical, principalmente a través de la expropiación. Considera también que, por momentos, la democracia no es el mejor camino al cambio social. Por su parte, la centro-izquierda se propone realizar cambios dentro del sistema capitalista, acepta el libre mercado, pero considera que se necesita regulación estatal para que la pobreza y la concentración de la riqueza no sigan aumentando; un punto clave en su programa radica en los impuestos progresivos para poder subsidiar programas y políticas con impacto social. La fuerza de centro-izquierda, es decir, el progresismo, es una postura socialdemócrata; reconoce la importancia de fortalecer el Estado de bienestar (salud, educación, protección social). Quizás una de las características del progresismo que se llevó los votos de centro radica en que considera la desigualdad como un elemento a cambiar, y no como el centro y la derecha, que se enfocan más en la pobreza y focalizan recursos para solucionar problemas graves sin llegar de verdad a la restitución de derechos universales. De ahí deriva su apuesta por crear servicios del Estado que sean un derecho generalizado para toda la sociedad. El centro es una postura política que reconoce las desigualdades sociales y puede llegar a comprender que estas problemáticas también vienen de lo estructural; sin embargo, el centro prioriza los intereses privados sobre lo público. Por esto mismo considera que la intervención estatal debería ser moderada; aunque reconoce las injusticias y desigualdades sociales, considera que no se deben atacar de manera profunda, sino moderada y gradual. La inversión que hace para las políticas sociales suele estar menos centrada en la desigualdad y más en erradicar pobrezas extremas, de manera que no genera derechos universales, sino que busca subsanar esos extremos en las problemáticas sociales.

Alejandra: esta explicación que me da Libertad de las tres corrientes políticas es muy importante para ver qué es lo que ha sucedido en los últimos cuatro años en Colombia y por qué, lo que queremos mostrarles, es que el progresismo, en cabeza en este momento de Iván Cepeda y Aida Quilcué, representa una postura de centro-izquierda, moderada, y no es un extremo para nuestro país.

Hace cuatro años se temía que el progresismo colombiano estuviera en contra del libre mercado, en contra del capitalismo; que no quisiera mantener la democracia y sobre todo que expropiaría a los y las ciudadanos; también se temía que estatizara las empresas y muchos de los procesos económicos del país. Cuatro años después, nos hemos dado cuenta de que todo eso era parte de una campaña de estigmatización y que, pese a muchos errores del primer gobierno progresista, esas amenazas nunca se cumplieron. Sabemos hoy en día que la reforma agraria que ha realizado la entrega más grande de tierras de la historia del país se hizo gracias a que el Estado compró las tierras, nunca expropió; no se estatizó empresa alguna; el libre mercado siguió su curso de manera que la empresa privada tuvo grandes rentabilizades financieras.

Así, podemos ver que el progresismo colombiano se mantuvo dentro del sistema capitalista y apostó por una regulación estatal que derivó en que la economía se mantuvo en crecimiento, pero a la vez logró sacar de la pobreza millones de personas. Logros que solo pueden explicarse como políticas de centro-izquierda. Hemos visto también que la democracia ha seguido su curso. Todas las elecciones se han llevado a cabo de manera normal. Nuestras instituciones, aunque desde el gobierno nacional se han criticado las formas en que funcionan los diferentes poderes, han sido respetadas, de manera que hemos sido gobernados por un progresismo que respeta la institucionalidad del país.

Libertad: lo que vimos estos cuatro años en Colombia fue una dignificación de la vida desde reformas liberales. Lo que me hace cuestionar mucho es cómo algunas personas ven estas reformas que devuelven los derechos fundamentales planteados por la Constitución política de 1991, como subsidios innecesarios que el Estado “regala”. Algo ilógico, porque las personas de clase media alta que consideran innecesarias estas reformas son las mismas que al ir a Europa, se deleitan con el transporte público, la educación pública y gratuita universal desde la primera infancia, con sus infraestructuras, con el funcionamiento del sistema de salud público, el estado de los museos, de los parques, los programas de inclusión para migrantes, los programas de apoyo económico para las pequeñas y medianas empresas. Allá les parece maravilloso poder acceder a los derechos brindados por el Estado, pero no quieren que en Colombia se logre lo mismo. Inentendible.

Para un nuevo gobierno progresista

Creemos que es fundamental que el nuevo gobierno progresista, de así serlo, haga una buena evaluación de lo bueno, de lo malo y de lo nuevo, tenga una conversación nacional sobre lo que pasó en los cuatro años anteriores, construya un diálogo propositivo para los próximos cuatro años.

Libertad: elegimos continuar nuestra conversación sobre algunos temas que nos parecen esenciales. En primer lugar, la seguridad; en segundo lugar, la educación; en tercer lugar, la participación de una mujer indígena como Aída Quilcué para la Vicepresidencia, y en cuarto lugar la participación ciudadana propuesta por Iván Cepeda y Aida Quilcué.

Seguridad

Libertad: es necesario partir de la base de que en la historia política de Colombia ha habido una fuerte tendencia a pensar la seguridad como una forma de control que se resolvía principalmente con la fuerza pública. Esta visión de que la mayor problemática del país es su inseguridad y que el método para resolverlo es desde el fortalecimiento militar no ha funcionado, porque la violencia no se puede acabar con más violencia. Somos un país que ha vivido una política racista, machista, elitista y sobre todo centralista, y esta misma postura no permite ver que el principal problema es la falta de presencia del Estado en el territorio, pero que esta presencia no se hace solo con fuerza militar. Debemos continuar una expansión del estado de bienestar, expandiendo, centros educativos, salud, centros culturales.

Alejandra: de acuerdo, por eso la política pluridimensional que proponen Iván y Aida es relevante, porque transforma la idea de “seguridad” en una concepción de seguridad humana que debe articular muchas variables. De un lado el cuidado de los derechos humanos; del otro las oportunidades y los derechos de las personas para su desarrollo; del otro, el fortalecimiento del ejército en su capacidad de moverse por todos los territorios, y en cuarto lugar las instituciones, que, como decía Libertad, deben seguir llegando a todos los territorios. Hay que reconocer que somos un país extenso y que desde el gobierno se debe trabajar por todas las regiones, los pueblos, las comunidades. Por cuidar los territorios, los ecosistemas.

Libertad: es muy importante que no olvidemos la historia de nuestro país. El intentar resolver la violencia con mano dura solo nos ha traído muertos que no pertenecían a la guerra. El querer acabar con los grupos armados al margen de la ley sin una presencia del Estado en el territorio significó un deterioro para la vida de la población civil. Si no se hace una verdadera expansión del Estado y solo se busca llegar al territorio para exterminar estos grupos vamos a repetir la historia de los falsos positivos, no se puede caer otra vez en dar comisión a los militares por traer a estas cabecillas, con tiempo límite para cumplir con los indicadores propuestos. No podemos permitir que se repita esta historia. Como se lo está planteando el candidato Abelardo de la Espriella.

Educación

Alejandra: Estamos de acuerdo las dos en que promover la educación pública, lograr el crecimiento de las universidades públicas que ya están consolidadas y haber hecho nuevas universidades en los territorios, que sean gratuitas, es esencial para este país. Un ejemplo es la Universidad Nacional de Colombia, que desde 1989 no había crecido en su planta de profesores y solo hasta los cuatro años anteriores volvió a tener una ampliación importante de la planta profesoral que adicionalmente va a servir para que se abran programas propios en las sedes de frontera de la Universidad Nacional.

Nosotras creemos que eso es fundamental, que el país debe apostar por el derecho a la educación, sin embargo, sabemos que todavía el Estado no tienen la forma de ofrecer cupo a todos los jóvenes que salen de los colegios anualmente y exigen tomar exámenes que en muchos casos son muy difíciles para los estándares de los colegios públicos y también de muchos privados en el país. Por ello este gobierno está repensando la manera de hacer esa selección para lograr una admisión a la universidad pública, de forma que cada vez sea más democrática, abierta, universal.

Entre los diálogos nacionales que promueven Iván y Aida, urge una conversación cuidadosa con las universidades privadas para encontrar caminos nuevos para que la juventud menos favorecida tenga acceso a la educación superior a precios bajos. Podría ser que se regresara a formatos como los que tuvo la Universidad de los Andes a finales del siglo XX, cuando la gente pagaba de acuerdo a la declaración de renta de su familia y no obligar a las familias y a los y las jóvenes a endeudarse, ni al Estado a pagar sumas exorbitantes por cada estudiante que subsidia en las universidades privadas. Por esto, es importante continuar con la creación de una banca democrática, un Icetex, que no lleve a las personas a pagar cinco veces lo prestado por las altas tasas de interés con que cobran al estudiantado.

Participación ciudadana

Creemos también que la política de participación que plantea la candidatura de Iván Cepeda y Aida Quilcué es pertinente y necesaria para este país. Ellos, que representan los movimientos sociales, las luchas históricas de los pueblos de todas las comunidades, del campesinado, de los indígenas, de los afro, de las mujeres y de la juventud, pueden entrar en un diálogo fructífero con todos los sectores de la sociedad, de manera que sea a través de asambleas ciudadanas que se haga la elaboración de la reformas necesarias para mejorar las condiciones de todos y todas los colombianos, y que asimismo puedan ser las asambleas ciudadanas las que hagan el seguimiento al Congreso de la República para llevar a cabo la validación de esa reformas construidas de manera participativa, popular y colectiva.

De la mano de la lucha anticorrupción, y con las asambleas ciudadanas, será posible por fin acabar con la transaccionalidad de los contratos del Estado que sirven para conseguir apoyo de los congresistas. Será la gente misma la que le exigirá al Congreso por sus reformas. De esta manera, a lo que el progresismo nos invita es a una construcción dialogada, desde el talante estadista y de larga trayectoria de conversaciones por la paz y por los derechos humanos del candidato Iván Cepeda y de la candidata Aida Quilcué.

Fórmula vicepresidencial

Libertad: he escuchado a mucha gente cuestionando la decisión de la fórmula vicepresidencial, que trajo a Aida Quilcué, porque consideran que no es apta para tener un cargo tan alto por su falta educativa y por no tener títulos. Lo que a mí personalmente me hace cuestionarme muchas cosas, porque considero que la capacidad de ejecutar un proyecto político no viene de la cantidad de títulos académicos que se tenga. Es ilógico pensar que una persona puede gobernar si ha pasado más de cinco años estudiando la violencia del país, pero que una que ha vivido en carne propia esta violencia y ha luchado desde las organizaciones sociales contra ella, no tiene la capacidad de gobernar.

Claro, yo, como estudiante de ciencia política, puedo entender esta perspectiva que tienen muchos jóvenes sobre la necesidad de los títulos, porque nosotros en este momento estamos dando nuestra vida a estudiar y tener estos títulos con el fin de tener un buen futuro y un buen trabajo, pero lo que nos cuesta reconocer es que el título es un privilegio y que la única forma de obtener conocimiento no es en un aula, sino que la misma vida nos va formando como profesionales. Se debe descentralizar la política, quitarle su perspectiva tecnócrata y entender que la política tiene que ser multicultural, porque eso es este país. Tenemos que entender la necesidad de que todo el territorio sea representado en el gobierno y no que el centro y las élites sean los únicos que toman las decisiones sobre ellos, sin entender que es ser uno de ellos.

Alejandra: estoy de acuerdo en que la educación como derecho universal debería ser accesible a cualquier persona y que claramente en Colombia el campesinado, los indígenas, los afro no han tenido la misma posibilidad de acceder a la educación que otras personas; sin embargo, creo que en esta discusión sobre la importancia de tener a una mujer mayora indígena como fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda, es necesario recordar dos cosas más.

En primer lugar, la educación, la formación, las formas de comprender el mundo no tienen que venir de una única forma o de una única escuela, eso es lo que llamamos desde las universidades la justicia epistémica, hay diversidad de maneras de conocer y de concebir el mundo; es decir, por eso es tan importante que haya universidades constituidas desde el conocimiento propio de los indígenas, del conocimiento propio del campesinado, desde el conocimiento propio de las comunidades afro y en ese sentido sería bueno que la sociedad colombiana supiera que el movimiento que ha dirigido Aida Quilcué creó una universidad de conocimiento propio en el Cauca. Un proyecto propio que construye desde el conocimiento del movimiento indígena, de sus prácticas con la tierra, de su relación con la paz, de su relación con la juventud.

En segundo lugar, es importante tener en cuenta que, si bien Aida Quilcué representa el haber vivido en carne propia la violencia contra las comunidades indígenas, su formación política viene de una larga trayectoria en los movimientos sociales, se ha formado con el trabajo social hasta convertirse en senadora de la República donde ha hecho una tarea destacada. Que una mujer como ella esté a punto de ser vicepresidenta de Colombia es un paso más por la dignidad y la inclusión de todos los pueblos en nuestro país.

Libertad: Quisimos hacer pública esta conversación que hemos tenido mi mamá y yo, porque la decisión que tenemos que tomar cada uno como ciudadano el 21 de junio no debería definirla la etiqueta, si somos de derecha, si somos de izquierda o de centro, es una decisión que va más allá porque nos implica tomar una posición de si vamos a seguir protegiendo la vida y la soberanía, o si vamos a volver a ser un país que crece de espaldas a las mayorías y permite a otros aprovechar nuestra riqueza.

Alejandra: Piénsenlo con calma, con el progresismo no estamos entregándole el país a ninguna radicalidad; con el progresismo, nos jugamos por la paz, por una economía productiva que favorezca a todos los sectores y siga a la vez ampliando los derechos, que continúe sacando a millones de familias de la pobreza. Con el progresismo la dignidad humana estará en el centro y seguramente, en esta segunda etapa, tendrá un talante mucho más dialogante, un nuevo momento de apertura para un amplio diálogo nacional.

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Por Alejandra Jaramillo Morales, escritora

Por Libertad García Jaramillo, estudiante de ciencia política

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Jesús Vargas(0u41y)Hace 6 minutos
Una buena reflexión eso es educar a través de un diálogo sin ambaje, construyendo, no criticando con un lenguaje desmedido, queriendo imponer su posición. En Colombia hemos tenido líderes destacados de centro y de izquierda, moderados, convincentes, pero fueron asesinados: Gaitán, Galán, la UP. El partido Liberal de mis abuelos, que tenía la responsabilidad de conservar el centro, no existe pues Gaviria lo volvió de derecha, y los hermanos Galán se volvieron automatas, negandolo todo.
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