Desde que María Cristina Arango de Tobón estaba en el colegio le gustaba escribir. Escribía y contaba lo que sucedía en el colegio, lo que le gustaba y lo que no, lo que le incomodaba, lo que pensaba. Su padre hizo el montaje de la rotativa del periódico El Correo, de Medellín, y ella iba con él, desde muy niña, en las noches, a ver las pruebas de esa rotativa. “Me interesó siempre eso, total que cuando terminé bachillerato me metí a estudiar”.
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Arango empezó a estudiar en la Escuela de periodismo de la Universidad de Antioquia y terminó la carrera en la Universidad Javeriana, de Bogotá. Siendo aún una estudiante, entró a trabajar al periódico El Vespertino, de El Espectador, que circulaba en las tardes.
Con el avance de su carrera, Arango se fue a trabajar a la redacción de El Espectador de Medellín. Un día de 1989 fue ella quien contestó la llamada de un emisario de Pablo Escobar que anunciaba un corto plazo para desalojar la redacción.
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Espectadora de primera fila es una selección de 55 crónicas y entrevistas que realizó Arango entre 1971 y 1995, sobre poetas, artistas, recreacionistas, entre otros personajes de los movimientos culturales de esos años.
¿Cómo fue el proceso de releer y editar textos suyos de hace varias décadas?
Yo tenía que cambiarme de casa y estaba organizando mis archivos, tenía guardados casi todos los recortes de lo que había escrito. Me acordé que Gloria Inés Palomino, directora de la Biblioteca Pública Piloto, me había dicho “por qué no recopilas esos artículos que has publicado en el Periódico para una publicación”. Así lo hice, fue volver a mirar un montón de historias y de información que estaba perdida en unos archivos y que vale la pena que la gente la conozca porque, como he dicho en algunas oportunidades, en los periódicos está la historia, entonces tenemos que sacarla a flote.
Teniendo en cuenta esa revisión de archivo, ¿cómo diría que se ha transformado el periodismo a lo largo de las últimas décadas?
Es lo que estamos haciendo en este momento telefónicamente, la entrevista, y ya teniendo tú información del libro. Antes era totalmente diferente. Cuando yo empecé a trabajar ni siquiera teníamos grabadora, todo tenía que ser con una libretita de apuntes. Me acuerdo que cuando yo salía para una entrevista llevaba mínimo dos bolígrafos, porque si fallaba uno me llevaba el diablo; tenía que ir uno dispuesto a retener. Además, se trabajaba contra el tiempo. Uno hacía la entrevista por la mañana y ya por la tarde estaba editado. Ahora se puede trabajar sin tanta premura. Antes no había el recurso de buscar información sobre un personaje o sobre un acontecimiento o sobre una historia en Google. Tenía que ser lo que uno supiera del personaje o lo que pudiera averiguar telefónicamente para tener un concepto de ese tema que se iba a manejar en el escrito. Ahora la información y el trabajo no son tan humanos, antes se trabajaba mucho a las personas, al personaje, ahora se habla del hecho. Es muy distinto el periodismo de hoy.
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Se tiene la idea de que el periodismo cultural es un género reposado, que necesita reflexión, ¿cómo puede el periodismo cultural entrar en el juego ante la rapidez que se exige hoy en día?
Con calidad. Si se hace un trabajo de buena calidad se está ganando el juego. Hay que dejar a un lado la superficialidad para poder darle al lector o al televidente o al oyente un producto que te invite a conocer y a reflexionar, no quedarse por las ramas. Sólo así puede el periodismo cultural ganar la batalla.
¿Qué es diría que es lo más difícil de hace periodismo en Colombia?
Encontrar quién te permita escribir o hablar y mostrar que lo que tú haces vale la pena ser divulgado. Como ahora hay tanta competencia y hay muchísimas facultades de periodismo en el país, eso es muy difícil de contrarrestar.
Ya que menciona las facultades de periodismo, ¿son importantes las academias para formar periodistas?
Es importante la academia. Pero no solamente eres un buen periodista si has estudiado, eres buen periodista si tienes la fibra dentro de ti, si tienes visión de las cosas, si tienes criterio, si puedes tener la facilidad de expresión. Hay muchas cosas que puedes aprender en la academia, pero es como en todas las profesiones: tienes que tener vocación para ello, no es conocer simplemente una técnica, es tener una vibración interior que te induzca a comunicar y a hacer conocer lo que tú crees que es importante.
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¿Hoy cómo es su relación con el periodismo?
Como lectora. Sí siento un poco de añoranza, pero como la vida es de etapas, ya pasó esa etapa. Sigo cercana al periodismo. Soy muy crítica cuando leo o escucho o veo un programa; hay tal pobreza de vocabulario en la radio que uno se queda aterrado. Tengo una cercanía con el periodismo, sí, pero muy crítica.
¿Por qué eligió la escritura y no, por ejemplo, la radio?
Me gustaba escribir. Hice una práctica en la Radio Nacional y no me entusiasmó mucho. Vi que el campo mío era el escrito.
¿Cómo considera que la virtualidad ha favorecido o desfavorecido el campo cultural?
Ha permitido que mucha gente pueda tener acceso al quehacer cultural, sobre todo en esta época de pandemia. Este estilo te permite releer, recrear. En un momento, si estás leyendo o viendo algo y no tienes conocimiento de eso, puedes suspender, puedes consultar, puedes leer más allá. Esto le da permanencia a la tarea cultural.