El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Mario Mendoza: “Llegamos a un punto de no retorno”

El escritor colombiano habló para El Espectador sobre el paso de la literatura a los cómics, los movimientos de resistencia que debemos crear para generar cambios, las redes sociales, la sociedad colombiana y los conceptos de éxito y liderazgo.

Laura Camila Arévalo Domínguez

02 de noviembre de 2020 - 05:30 p. m.
Este lunes, 2 de noviembre, el escritor colombiano interactuó con los lectores sobre el Proyecto Frankestein y su actual ocupación como guionista de cómics.
Foto: Archivo particular
PUBLICIDAD

Usted explicó que en los últimos capítulos de “Akelarre” sintió que se sintonizó con el final de Frank Molina, el personaje insignia de muchos de sus libros. ¿Lo interpreta como el final de su tiempo como escritor de novelas?

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar

Muchas de las situaciones creativas, de los ritmos, suceden en el inconsciente. No podría estar 100% seguro porque en el lado creativo siempre hay una sombra. Uno también tiene zonas oscuras. Lo que sí fue muy evidente para mí es que, en la medida en que Frank iba cayendo en el abismo, yo también caía con él. Lo que no pude evitar fue disociarme de Frank. Eso sucede, por lo general, con los actores, que a veces quedan atrapados en un solo personaje. A los escritores también les puede ocurrir: se meten de una manera tan radical y extrema en una persona, que no encuentran el camino de retorno. Eso significó para mí frenar y reflexionar. También tenía mucho miedo de repetirme. No quería entrar en una cadencia de imitación de mí mismo. Eso para mí es grave. Siempre he explorado y me he arriesgado: tengo novela negra, un ciclo de una saga juvenil de 10 volúmenes, un libro sobre lo paranormal y otro sobre las revelaciones. Tengo libros que son inclasificables como “La locura de nuestro tiempo” o “La importancia de morir a tiempo”, en fin. Lo que he hecho es moverme permanentemente y de repente sentí que estaba llegando a un punto de callejón sin salida. Por fortuna, cuando frené Keco Olano estaba ahí. Él fue mi gran salvavidas. Ya habíamos hecho “Satanás” gráfica, nos había ido muy bien, yo me había sentido muy cómodo haciendo el guion y necesitaba nuevas formas de expresión, necesitaba renovarme. Fue en ese momento cuando le propuse entrar a hacer una trilogía gráfica de ciencia ficción de anticipación y él se entusiasmó muchísimo.

¿Cómo se siente de guionista?

Muy bien. Venía de una época en la que escribir ficción me quedaba imposible.

Read more!

Cuando hizo los capítulos finales de “Akelarre” atravesó una crisis física y emocional. Habló de sentirse desorientado, de haber perdido el sentido y el placer de hacer lo que antes disfrutaba… Habló de sensaciones que coinciden mucho con la depresión. Esas sensaciones se están volviendo muy comunes en estos tiempos de pandemia: pérdida de motivación, desorientación, tedio…

A lo largo de toda mi obra sospeché que se venía una catástrofe de gran envergadura. Incluso lo anuncié: hablé de una pandemia en “Diario del fin del mundo” en el capítulo final. Lo dije en el quinto volumen de una novela juvenil que se llama “Crononautas”, lo dije también en el capítulo final de “El libro de las revelaciones” y está en “Akelarre”. Yo venía leyendo en los informes de la Organización Mundial de la Salud que se avecinaba algo. Ellos lo denominaron “Patógeno x”, pero estaban preparados para una pandemia. El problema es que los presidentes de las repúblicas están muy disociados de la ciencia y siempre actúan de una manera inmediatista. Siempre decían que sí, que eso sucedería, pero que seguramente no les tocaría a ellos, y resulta que no. Esto se veía venir. Si uno estudia bien a los teóricos y oye a los filósofos se da cuenta de que estamos reproduciendo prácticas que convierten la vida en el planeta en algo insostenible. Hay otro tema que tampoco hemos controlado y es que desde los años 60 y 70, la gente habló de “la bomba demográfica”. El planeta no es un sistema integrado, es un sistema aislado: nosotros no podemos mandar gente a Marte ni a la Luna. Si eso fuese así no tendríamos problema en seguir reproduciéndonos, pero el lío es que nuestro sistema no soporta el número de personas que ya vivimos en la Tierra. Si sobresaturas el sistema, este colapsa y viene una reversibilidad que tiende a cero. Hay un punto de retorno en el que entras en la entropía, en el caos. Nuestro comportamiento ha sido pésimo. El hombre occidental es narcisista, ególatra, engreído.

Así que es normal la desorientación que sentimos por esto que tuvimos que atravesar, pero ¿qué hacer para volver a enfocarnos? La vida sigue…

Esta crisis ha sido un cambio de coordenadas en el que nos quedamos sin brújula. Nuestros líderes políticos han sido sumamente torpes. No hay una revisión de todo el programa. Naciones Unidas no nos ha dado una nueva hoja de ruta, no hay un examen de conciencia, no hay nada. Estamos convencidos de que esto es una crisis que pasará y ya, luego vamos a volver, pero no. No vamos a volver nunca. Cuando pasas el punto de no retorno, ya no hay nada que hacer. El informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas de la Alimentación y la Agricultura), por ejemplo, anuncia una catástrofe humanitaria para el 2021. Una cantidad de personas caerán de la franja de pobreza a la de indigencia. Eso es lo que nos espera. Por eso creo que es normal que durante la pandemia la gente se sienta desorientada y perturbada. Es que además hay que ver a los políticos: siguen preocupados por cosas absolutamente banales y obviando lo que se viene. Lo que tenemos que hacer es formar movimientos de resistencia independientes.

Cuál es, por ejemplo, su movimiento de resistencia independiente...

Lo hago con mi grupo de trabajo. Somos ocho personas trabajando creativamente. Damos conferencias y asistimos, por ejemplo, a casi todas las ferias del libro regionales. Estamos en casas de la cultura, en clubes de lectura, etc. Allí les recomendamos a las personas lecturas, sociólogos, filósofos, gente que creo que está dando en el blanco del problema. Creo que eso es lo que a nosotros nos corresponde. Estamos en la obligación de buscar sentido, de informarnos bien. Hay que resistir y un movimiento es lo único que nos queda, no veo más salida: debemos hacer las cosas nosotros mismos. Lo otro es deprimirnos, claro, pero esa opción es la peor.

No ad for you

Siempre se ha hablado de fines del mundo, de momentos apocalípticos…

Pero hay una diferencia entre todo lo anterior y lo que estamos viviendo: las crisis de 2001 o la de 2008 no se parecen a esta. Esto es una sobresaturación del sistema. Aquí tenemos que entender algo: llegamos al punto de no retorno. Eso nos obliga a una reflexión que no hemos querido hacer y que nos seguimos negando a hacer. Si revisas el siglo XIX y el XX, en buena medida la mayoría de los escritores y poetas venían aullando algo: detrás de ese hombre pretendidamente inteligente, de ese proyecto moderno, se esconde un narciso, un ego gigantesco, una voluntad de poder y control. Todas esas formas anunciadas en las distopías literarias como “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury; “1984”, de George Orwell; “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, todos ellos anunciaron que una salida de la democracia en medio de crisis significaba una entrada en lógicas que son más cercanas a las tiranías. Ya no es lo mismo que antes, ya se nos están muriendo nuestros parientes, ya no podemos volver a este capitalismo depredador. Pensábamos que si seguimos portándonos de la misma manera no pasaría nada. ¿Qué hacer? Los mecanismos de resistencias y reflexiones le corresponden a cada uno de manera individual. Cada uno tiene que encontrar la forma de rediseñar su vida para que no tenga que cargar el cadáver de sí mismo.

No ad for you

¿A qué se refiere con que llegamos al punto de no retorno?

Byung-Chul Han tiene un libro llamado “La sociedad del cansancio”, ese texto para mí es indispensable. Primero vino la sociedad del rendimiento en la que te decían “tú todo lo puedes porque estás llamado a grandes cosas”. Si soy tu jefe y te llamo a mi oficina para decirte que eres especial y que creo que serás la directora de la empresa, quedaste presa de mis expectativas. Pero la sociedad del cansancio es distinta: ya no tengo un jefe que me explote ni que me ordene nada, ahora me exploto solo. Yo me encargo de volverme pedazos, de siempre estar ocupado. La sociedad de los termos de café y la Coca-Cola y el resto de sustancias que me dan más rendimiento. Esa carrera del narcicismo, del liderazgo, del “tú todo lo puedes”, termina en que un día no te puedes levantar de la cama. No puedes más. Bueno, pues nosotros ya somos la sociedad del cansancio, ya estamos agotados, ya tenemos patologías originadas por la sobrecarga de trabajo. Todo esto sucede por la reversibilidad del sistema. Antes teníamos ocio, teníamos días libres. Antes uno timbraba en la casa de los amigos para ver qué estaban haciendo, pero eso ahora es impensable, y eso era lo sano. Eso es lo que tenemos que hacer. No es estar más ocupados, sino más desocupados porque las horas de ocio son indispensables. El punto de no retorno es que no vamos a poder volver a las lógicas sanas de antes, además de los pronósticos de la FAO que dicen que nos acercamos a una crisis de “proporciones bíblicas”. Entre los países que están metidos en esa lista de, por ejemplo, una hambruna incontenible, está Venezuela. ¿Qué vamos a hacer nosotros con una hambruna y una catástrofe humanitaria en un país con el que compartimos frontera? ¿Cómo será eso? Pues entraríamos en esa misma catástrofe.

No ad for you

Ya somos la sociedad del cansancio y no hay forma de frenar las catástrofes humanitarias…

Creo que a nivel macro no podemos pretender que cambiaremos la situación. No nos podemos tomar ese derecho. Exigirnos eso es también un exceso de ego. Lo que estamos viendo es que hay unos comportamientos tribales que sobresalen dentro de la política internacional, además de que las redes sociales también están generando un colapso. Ahí también hay narcicismo centrípeto. Las selfies, por ejemplo, son eso. Mi generación usaba la máquina de fotografía hacia afuera. Darle la vuelta a la cámara para tomarse la foto era rarísimo porque la cámara estaba diseñada para ir hacia el mundo, para sorprenderse con lo que estaba afuera. Estas generaciones se dicen todo el tiempo “yo tan lindo”, “yo aquí en el gimnasio”, “yo en este restaurante”, yo, yo y yo. No hay nada que fatigue más que eso. Las redes en esa sobresaturación narcisista ya están generando grandes colapsos dentro de la personalidad, del carácter. Ya hay patologías originadas en ese narcisismo.

No ad for you

Las redes y el capitalismo están generando esa reversibilidad que usted menciona...

Sí, hay que frenar. Hay que parar para entender cómo se podría rediseñar la vida, la forma en la que podríamos hacer algo en lo micro. En lo macro ya no se puede: ya no puedo pretender que mi obra va a generar un cambio en la estructura social de Colombia. No. Pero sí puedo generar un poco de conciencia y reflexión en un colectivo pequeño, y no me parece poca cosa. Si yo logro cambiarles la vida a 10 personas, me sentiría muy satisfecho.

El arte conduce a ese tipo de reflexiones. ¿Qué tan difícil es convencer de que tomarse el tiempo para la contemplación y reflexión contribuirá a que salgamos del adormecimiento en el que nos tienen las redes y la inmediatez? Usted ha sido un conquistador por excelencia… Se lo digo por la acogida que han tenido sus libros y la relación que tiene con los lectores.

Vivo en solitario. Lo mío ha sido una profunda búsqueda espiritual en la mitad de la crisis. Hace poco alguien me hizo una entrevista. Esa persona me consideraba un líder de opinión, además de que hablaba mucho sobre el liderazgo. Le dije que creía todo lo contrario. Si yo pudiera dar conferencias, hablaría sobre el anti liderazgo y diría: ustedes no son nada, no son nadie, así que hagan la fila como todo el mundo, saluden e inclínense. Eso es lo que me parece sano en la mitad de ese capitalismo que nos ha creado conceptos de éxito, triunfo, liderazgo, etc. ¿De dónde viene la larga fila en la Feria del libro? De la obra, no de mí. Fueron porque se sintieron conmovidos por algo que está en la obra, y creo que es maravilloso que así sea. Parte de eso que dices, de esa buena relación con la gente y de esa cercanía, es que yo no me siento convencido ni muy seguro de mí mismo dando indicaciones de nada. Me muestro tan confundido como ellos. Yo estoy tan extraviado como tú. Voy sobre la marcha tratando de entenderme a mí para ver por dónde renazco.

No ad for you

Y en esa desorientación que ahora padecemos ¿no necesitaríamos de referentes? Hay cosas que, por obvias que parezcan, no identificamos. Tiene que ver con las distracciones a las que estamos expuestos…

No hay que afanarse ni preocuparse por lo que dices: quizá lo que la sociedad necesita, sobre todo la nuestra que llega a aberraciones como el “usted no sabe quién soy yo”, es menos de ese liderazgo que nos tiene tan desorientados. Yo haría seminarios sobre por qué los demás están primero que yo. Primero tú, el pronombre de la segunda persona, y después yo. Y en el caso laboral primero el nosotros y después el yo. Si uno intenta esa nueva gramática, esa nueva sintaxis del ser, educaríamos muy bien.

Hablemos de ejemplos de esa nueva educación que propone…

Un amigo que estuvo en Japón durante el terremoto y el posterior tsunami me contó que cuando salió la lista de los desaparecidos y la gente que estaba en los hospitales, en las filas hubo una expresión: suminasen. Le dije que no entendía, que me tradujera, y me contó toda una historia para entender la complejidad de esa palabra: significa “excúseme que mi dolor me haga sentir más importante que usted. Perdóneme porque, como perdí a mis hijos y estoy obnubilado por el dolor, quiero acercarme a mirar el listado primero que usted. Excúseme si el hambre y la sed de mi familia me hacen disputar los alimentos, no estoy en mis cabales, qué pena, lo siento”. Para mí eso es maravilloso.

No ad for you

Por Laura Camila Arévalo Domínguez

Periodista en el Magazín Cultural de El Espectador desde 2018 y editora de la sección desde 2023. Autora de "El refugio de los tocados", el pódcast de literatura de este periódico.@lauracamilaadlarevalo@elespectador.com
Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.