El músico ha sido nominado a los Premios Grammy y recibió una condecoración por su labor cultural en Roma. En ‘La Heroica’, además de sus presentaciones, el violinista tendrá una agitada agenda con charlas y conferencias.
Sus presentaciones como solista son tan frecuentes como las conferencias a las que asisten cientos de colegas que le quieren seguir los pasos a Robert McDuffie. Esa opción de no perderle el rastro se diluye cuando el violinista norteamericano comienza a ejecutar los movimientos más rápidos de una pieza clásica o contemporánea. En ese momento su habilidad es tal que parece que las cuerdas de su instrumento fueran parte de sus dedos.
Por esa destreza aplaudida por el público y alabada por la crítica es que Nueva York, Frankfurt, Roma, Taipei, Leipzig, Chicago y Venecia no son solamente algunas de las ciudades en las que se ha presentado con éxito, sino el complemento de los nombres de orquestas sinfónicas y filarmónicas que lo han acompañado a lo largo de su trayectoria artística.
Sus nominaciones a los Premios Grammy, sus figuraciones en trabajos discográficos de reconocidos artistas y su especial preocupación por la actividad docente motivaron la presencia de McDuffie por segundo año consecutivo en el Cartagena IV Festival Internacional de Música.
Este año usted va a hacer la premier del ‘Concierto para violín número 2’ del compositor norteamericano Philip Glass… ¿qué características tiene esta pieza?
Tiene el sonido original de Philip Glass con teclado eléctrico y un solo de cuerdas barrocas. Es hermoso, meditativo y termina siendo como un rock and roll. Es una pieza de 42 minutos pero uno siente que dura sólo cinco. Es fantástico.
Glass es un compositor de culto dentro del minimalismo y de la música clásica contemporánea… ¿Cuáles son los retos al momento de interpretarlo?
En realidad creo que el primer reto es sentirse cómodo, como si lo hubiera tocado muchísimas veces. Tiene que sonar fresco pero no como una composición nueva. Yo siempre he definido a Glass como un modernista del barroco, es como si el barroco siempre hubiera esperado por él. Glass es como el Vivaldi de los Estados Unidos y creo que Vivaldi fue el primer minimalista. Por todos esos lazos entre los dos músicos es que hemos pensado que el nombre de este concierto sea Las cuatro estaciones americanas.
¿Cuáles son las diferencias entre tocar a los clásicos (Mozart, Bach, Beethoven) e interpretar a los compositores contemporáneos?
Uno como compositor clásico o contemporáneo siempre quiere que su música viva para siempre y no sea como una pieza moderna que uno escucha una vez y la archiva en el olvido. El artista tiene que optar porque su pieza sea perdurable. Hay mucha música contemporánea que castiga a la audiencia. Philip Glass, por ejemplo, nunca atenta contra el público, nunca lo ve como un helado con salsa de chocolate. A mí me gusta tocar obras clásicas o contemporáneas que tengan la intención de perdurar.
¿Pertenecer a una familia tan musical como la suya, con madre y hermana dedicadas a la música, en algún momento fue un elemento de presión para su actividad artística?
Claro que fue un elemento de presión. Yo tenía que practicar el violín todo el tiempo, incluso hubo un momento en el que miraba mal a mi mamá porque me obligaba a hacer algo que yo no quería. A mí lo que más me gustaba era jugar basquetbol y golf. A los 14 años estaba en el equipo de basquet y tenía un juego muy importante, pero esa noche se presentaba Isaac Perman. Mis padres, por supuesto, me obligaron a ir, yo estaba terriblemente rabioso y quería dejar el violín. Él tocó Tartini, Devil’s stril y esa experiencia me hizo decidirme por el instrumento. Es muy chistoso porque ahora conozco a Perman porque jugamos póquer en un grupo y cuando le conté la historia me dijo: “Sabes... habrías hecho más dinero con el basquetbol”. Pero ese fue el momento. Además soy un pésimo jugador de póquer.
¿Cuáles son los principales recuerdos musicales que tiene de su natal Macon, Georgia?, ¿qué escuchaba en sus años de infancia?
El hombre que se sentó a mi lado en el avión que me traía a Cartagena conocía Macon y eso me pareció muy simpático. Yo crecí oyendo rock’n’roll del sur y música coral de la iglesia, pues mi mamá era la directora y tocaba el órgano. Aunque también escuchaba algunas piezas gitanas porque mi maestra de violín era húngara y me mostraba muchos estilos del centro de Europa para que yo los interpretara. De mi mismo pueblo natal son los integrantes de la banda REM y yo disfruté mucho tocar con ellos, al igual que ejecutar diversos ritmos... sin embargo yo tengo muy claro qué es lo que toco mejor.
Más de tres años lleva el Robert McDuffie String Center de la Universidad de Mercer… ¿Cuáles han sido los propósitos de la institución y esos propósitos han cambiado con el tiempo?
El Robert McDuffie String Center es uno de mis sueños realizados. Es magnífico tener la oportunidad de traer estudiantes del conservatorio de mi pueblo dos o tres veces al mes para que toquen con los músicos de las sinfónicas más importantes de Norteamérica. La institución va muy bien y mi objetivo es que los estudiantes tengan una educación universitaria además de la música. Es muy importante tener una educación completa en este mundo globalizado y competitivo porque es muy duro poder vivir sólo con la formación musical. Es necesario que aquellos que tienen talento para los negocios y otros proyectos sepan aprovechar sus cualidades. Así que me alegra mucho hacer esto.
¿De qué manera su labor como docente ha contribuido en su desarrollo como músico y como concertista?
Enseñar es maravilloso. Yo doy clases magistrales una vez al mes pero también viajo y además tengo un festival de música en Roma, Italia. Para mí es la vida profesional perfecta, seguir proyectos y hacer cosas que tienen significado. Dar clases ha complementado mi experiencia como concertista profesional.
Para usted qué ha significado más en su vida: ¿las nominaciones al Premio Grammy o el Premio Simpatía por su contribución cultural a Roma?
El Premio Simpatía fue un bello gesto del alcalde, la verdad es que desde hace muchos años mi corazón vive en Roma. Yo no pienso en los premios, pero mi mánager quiere escribirlos en mi hoja de vida.
¿En qué piensa cuando pisa por primera vez un escenario y el público espera lo mejor de un músico de renombre como Robert McDuffie?
Cuando subo al escenario no tengo pensamientos. Dos horas antes del concierto debo estar en otro mundo, no sé la ciudad ni la hora, sólo debo estar en la música. En ese momento sé que me debo perder dentro de la música para poderla interpretar. Me tomó mucho tiempo lograr eso, pero ahí es donde uno tiene que estar.
¿Cómo es su preparación para un recital?
Antes leía mucho de la manera cómo Tiger Woods se preparaba para llegar al campo. Él tiene la fuerza mental para bajarse la presión sanguínea en el campo. Con el paso del tiempo uno llega a un punto en el que no le importa lo que nadie piense, sólo lo que quiere y tiene que hacer. Llegar a eso me tomó 20 años. Cuando empezaba quería hacer grandes conciertos y que la gente me reconociera y aunque lo hacía bien faltaba algo, había una tensión muy fuerte. Es importante para un artista escénico tener la capacidad de hacer música sobre el escenario y no sólo en un estudio.
Por lo general el público no se da cuenta, pero los artistas sí… ¿Qué hace usted para dejar atrás una presentación desafortunada?
Hace 15 años o más no tengo una mala presentación.
¿Cuál es el público más difícil de conquistar?
La verdad es que yo no quiero ganarme a ningún público en particular. Los veo a todos por igual, ya sea el de mi pueblo, el del Festival de Música de Cartagena o el del Carnegie Hall. Todos son iguales para mí.
¿Qué recuerda de su participación en el festival del año pasado?
La gente. Nunca había visto ese incontenible sentido de apreciación y de gratitud con el hecho de que el festival se haga. Desde los organizadores hasta el público. Esto me ha enseñado mucho de cómo hacer las cosas para mi festival en Roma.
¿Qué proyectos tiene para 2010?
Mi proyecto se llama Philip Glass. Recorreré treinta ciudades en los Estados Unidos para tocar durante la primera parte del concierto a Vivaldi y luego Glass en compañía de la Orquesta Barroca de Venecia.