Recuerdo todavía el día en que fui acusado injustamente de bocón; de sapo, para usar el término más adecuado a la idiosincrasia colombiana. Cursaba séptimo grado, y una tarde, mientras estaba en clase de religión, mi profesor de inglés tocó la puerta del salón y pidió hablar conmigo un momento. Sin saber qué era lo que tenía que decirme que fuese tan importante como para que no pudiese esperar a nuestra siguiente sesión, salí. Según él, alguien le había dicho que yo había leído el final del libro que él nos había asignado y andaba contándoselo a todo el mundo. Era “And Then There Were None” (“Y no quedó ninguno”, antes conocida como “Diez negritos”), una de las novelas más exitosas de la escritora británica Agatha Christie, donde un grupo de personajes llegan a una isla tras una misteriosa invitación. Pero lo que presumían como unos días de descanso en una lujosa mansión, termina siendo la trampa de un asesino que los va matando uno por uno.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Visto en retrospectiva, en lo que creo que falló mi profesor ese día fue en dos frentes. Primero, no me permitió defenderme de sus acusaciones antes de irse. De hacerlo, se habría enterado de que yo no le había revelado nada a nadie, sino que su versión de los hechos venía de una conversación que yo había tenido con algunos compañeros, en la que estábamos botando nuestras apuestas sobre quién era el o la responsable de esos crímenes, pero únicamente basados en especulación y suerte. Es decir, yo no tenía idea, pero, al parecer, había acertado. Y segundo, y más importante, había asumido que la revelación de un nombre desmontaba todo el entramado que Christie había construido; que lo importante era quién, por encima del cómo. De eso, precisamente, venimos a hablar hoy.
Agatha Christie, la reina del suspenso
Agatha Christie es una de las autoras más vendidas a nivel mundial, con más de 2.000 millones de copias distribuidas, según los cálculos más conservadores, y llegando a codearse en esa clasificación con las obras de Shakespeare y la Biblia. Publicó alrededor de 80 novelas, más de 150 cuentos, dos autobiografías, una veintena de obras de teatro y algunos poemas. En pocas palabras, se trata de un nombre ineludible en la historia de la literatura. Sin embargo, más allá de las cifras, que por sí solas pueden no decir nada, fue una autora que tuvo una gran influencia en toda la creación artística de este género. Para entender los alcances que ha tenido su obra, primero revisemos qué fue lo que la convirtió en la “Gran dama del misterio”.
Como lo señaló Mónica Acebedo, escritora, profesora de literatura de la Universidad de los Andes y columnista de este diario, no es que Agatha Christie haya inventado un nuevo tipo de historia. “El argumento detectivesco, es decir, aquel que propende por averiguar el responsable de la comisión de crimen, ha existido siempre en literatura. Posiblemente, una de las tragedias más conocidas de la literatura clásica, la de ‘Edipo rey’, escrita por Sófocles, aproximadamente en el año 430 a. d. C., ya contiene en su trama la investigación de un asesinato”, escribió en una de las entregas de su serie “Plumas transgresoras”, dedicada a esta autora británica.
Además, aclaró, escritores como Edgar Allan Poe y Arthur Conan Doyle ya habían explorado las historias del crimen resuelto por un astuto detective, por lo que podríamos decir que Hércules Poirot y Miss Marple, dos de los personajes más importantes de Christie, probablemente no habrían tomado la misma forma de no ser por Auguste Dupin o Sherlock Holmes. Pero esto no quiere decir que la obra de esta autora no fue revolucionaria para su época, pues lo que hizo fue beber de toda esa tradición para crear su propio método para hacer historias irresistibles para sus lectores. Su arma secreta: lograr giros de trama tan insospechados, que ninguno de sus lectores pudiese predecir cómo se resolverían sus casos.
“Probablemente la respuesta a la pregunta de por qué se volvió tan popular, aunque no estoy segura de que sea la única, es que en ella hay una mezcla entre lo básico o lo equilibrado de las tramas con lo inesperado de sus finales”, explicó Acebedo.
Desde 1920, cuando publicó su primera novela, “El misterioso caso de Styles”, y durante los más de 50 años que dedicó a la escritura, Christie perfeccionó el desarrollo de inquietantes historias de detectives con finales sorpresa. Su fórmula solía ser bastante similar: un crimen inexplicable a primera vista, una lista de personajes arquetípicos (un mayordomo, un magnate, su amante, un sobrino codicioso, por poner algunos ejemplos), cada uno perfectamente capaz de declararse culpable y, por supuesto, un detective sagaz encargado de encontrar la verdad a toda costa. Sin embargo, en cada una de ellas había nuevos escenarios, nuevos motivos y, sobre todo, nuevos giros de trama alimentados por una imaginación que parecía inagotable, pero que siempre trataba de sustentarse en la lógica y la verosimilitud.
Entre sus obras más reconocidas están, además de la mencionada al principio de este texto, “Asesinato en el Orient Express”, “El asesinato de Roger Ackroyd”, “Muerte en el Nilo” y “El misterio de las siete esferas” (libro que inspiró una miniserie de Netflix, que justo se estrenará este 15 de enero), entre muchas otras. Según relató en su autobiografía, siempre tenía el mismo método para crearlas. Primero, definía el crimen; después, el motivo, y, finalmente, la lista de sospechosos. Solo con estas bases claras era que Christie se lanzaba a desarrollar sus tramas y así, libro tras libro, fue edificando una base sobre la cual están cimentadas la gran mayoría de obras de este género.
“Yo trabajo en una librería, y la primera novela que recomiendo de Agatha Christie siempre es ‘El asesinato de Roger Ackroyd’. Ese libro arranca con un asesinato de una mujer que envenena a su marido, pero ella lo confiesa de una vez, así que, en principio, parece que no hay misterio porque ya sabemos quién lo mató. El problema es que después ella muere, al igual que su amante (el famoso Ackroyd), y ahí es donde empieza el verdadero enigma, que termina en lo que, para mí, es uno de los finales más inesperados de la historia de la novela policiaca”, relató Claudia Amador, librera de Woolf, en Bogotá, y autora de “Altasangre” (Laguna Libros, 2024), para explicar cuál es el apelativo de muchas de las historias creadas por esta escritora.
Agatha Christie no inventó el misterio, pero sí lo institucionalizó y se convirtió en una de sus más grandes exponentes. Por eso, directa o indirectamente, su influencia ha llegado no solo a las más grandes creaciones del suspenso que se han hecho, sino que también ha infectado a novelas de muchos otros géneros distintos que, de alguna u otra manera, han tenido que lidiar con la creación de un secreto.
Sobre la influencia contemporánea de Agatha Christie
“En Agatha Christie hay toda una serie de elementos que, sin lugar a dudas, marcaron una pauta para todo el género. No es solo que yo la haya leído y eso me haya influenciado a mí como autor, sino que influyó a toda una estructura montada desde hace décadas”, explicó Sebastián Camelo, escritor de libros como “Descenso” (Destiempo, 2019) y “Fuego” (Destiempo, 2023), al igual que creador de “SerialMente”, un pódcast (también hecho libro) especializado en la investigación criminal y las historias de asesinos seriales. Bajo esa idea, él y las demás fuentes consultadas para la construcción de este Magazín, además de explicar la importancia de la figura de Agatha Christie, compartieron también cuál había sido la influencia que ella había tenido en su propia escritura.
Camelo resaltó que las obras de Christie son fundamentales para cualquiera que quiera adentrarse en el misterio y el crimen: se le puede considerar “la creadora de los arquetipos y de las percepciones generalizadas que tenemos sobre la investigación y el crimen”. Sin embargo, añadió, incluso sin acercarse a sus obras directamente, es posible terminar impactado por su literatura. “Realmente mis influencias son de otros autores. Se me viene a la cabeza Leo Demidov, el detective creado por Tom Rob Smith, por ejemplo. Pero si uno lo analiza se da cuenta de que todo eso está arraigado en Agatha Christie, entonces puede que uno no la lea, pero sí a otros autores que sirven como una suerte de intermedios, porque ellos sí aprendieron de ella. Agatha Christie es la madre de todo, y me atrevería a decir que le debemos casi que todo el género”, afirmó.
Por otra parte, Acebedo, autora de libros como “Verdades a medias” (Tusquets, 2023) y “El enigma del amuleto” (Planetalector, 2019), explicó que, si bien sus libros no buscan únicamente encontrar al culpable de un crimen, sí hay algunos elementos estilísticos que ella ha utilizado a su favor a la hora de sentarse a escribir. “Por ejemplo, cada vez que necesito utilizar algún recurso irónico trato de buscar alguna novela de Christie”, explicó.
Además, aclaró que se trata de una autora que puede ser de gran ayuda para quienes estén en busca de mejorar su capacidad creativa, pues la fuerza de sus personajes y la delicadeza con la que tejió sus tramas, funcionan como ejemplos de cómo crear historias convincentes y que enganchen a los lectores. Ella misma quisiera poder lograr con la maestría con la que lo hizo Christie la sorpresa que causa una revelación. “Ese famoso momento, del que llevamos hablando desde tiempos de Aristóteles, en el que el lector se sorprende de algún dato o un secreto (trágico o no) es muy difícil de escribir, pero a mí me encantaría hacerlo porque el suspenso como herramienta aplica no solamente para el suspenso, sino para cualquier tipo de literatura”, afirmó.
Y finalmente Amador, ganadora del Premio Nacional de Narrativa Elisa Mújica en 2024, por “Altasangre”, contó que las novelas policiacas fueron uno de sus impulsos para entrar en la escritura. “Esto no lo sabe nadie, pero antes de ‘Altasangre’, la primera novela que escribí (y luego guardé en un cajón para siempre), fue una novela policiaca”, confesó al hablar de su afición por este tipo de literatura. Al final, se decantó por el gótico, pero no por eso dejó de considerar las obras de Christie y otros autores similares parte de su formación como lectora y como escritora.
Para Amador, leer a la “Gran dama del misterio” le ayudó a entender la atención al detalle que requería aprender a construir un mundo con palabras. “En la creación de universos hay que ser muy minucioso. Nada que ocurra en una escena ni nada que hablen los personajes en un momento dado puede estar desconectado de ese gran secreto que se quiere revelar. En ‘Altasangre’ hay uno, pero solo se ve casi al final cuando se empiezan a tejer todos los hilos. Eso es una cosa que siento que les debemos a novelas policiacas como las de Christie”, explicó.
E incluso fue un poco más allá al afirmar que fue ella, más que Conan Doyle (otro autor que ha leído a profundidad), la que le enseñó cómo se construía un misterio. “Cuando uno lee a Sherlock Holmes, es casi imposible resolver el enigma, porque las pistas no las vemos. El autor no las pone, sino que hace que su lector llegue al final, que es cuando el detective ya lo descubrió todo, para explicar todo eso que no se ve. En cambio, en las novelas de Agatha Christie las pistas sí están. En los diálogos, en los detalles, están estas pistas y lo que eso hace es poner al lector a la par con el investigador. Eso es muy interesante, y creo que se puede aplicar a cualquier obra narrativa”, concluyó Amador.
Así como estos tres, cientos de autores han aprendido sobre este oficio a través de las páginas de Christie. Sabemos que el mismo Jorge Luis Borges la leyó y parte de lo que vio en ella (y tantos otros del género) lo plasmó en cuentos como “La muerte y la brújula” y “El jardín de los senderos que se bifurcan”. Y no sería descabellado llegar a afirmar que Frank Molina, uno de los personajes recurrentes de Mario Mendoza, podría leerse como una versión moderna de “Poirot caído en desgracia”.
Analizar la obra de Agatha Christie implica entender que sus novelas buscan mucho más que el pronunciamiento de un culpable, como me quiso convencer ese profesor de inglés. Y esto sin haber ahondado en el hecho de que, como mujer, tuvo que enfrentar las dificultades de un mundo editorial dominado por hombres a principios del siglo XX. Todos estos elementos son los que hacen que hoy, 50 años después de su muerte, Agatha Christie siga siendo leída, recordada, citada e incluso parodiada, pues se trata de una escritora que marcó profundamente la literatura de su género.