Se inicia por una idea. Una escena, un personaje o una intención de experimentar con las formas posibles (e imposibles) de realizar de una película. Cada proyecto tiene necesidades distintas —si es animación o acción real— y tienen el objetivo de convertirse en una historia completa de formato corto o, si pasa de los 70 minutos, se le conoce como largometraje.
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En este camino, los escritores y productores empiezan a preguntarse sobre las maneras de desarrollar estas ideas, de cómo hacerlas atractivas para el público y, en ocasiones, como en el caso del productor de Serval Films, Juan Pablo Soto, existe una preocupación alrededor de las tendencias actuales. “Me parece muy aburrido hacer cosas que la gente esté buscando. Yo creo que hay que sorprenderla, pero también es importante identificar qué le gusta”, afirmó en entrevista para El Espectador.
Carlos R. López, director y escritor del filme independiente “Nubes grises soplan sobre el campo verde” (2023), mencionó para este diario que este proyecto nació de una búsqueda para dejar de ser solo una casa productora y de tomar las riendas de un largometraje que les permitiera abrazar todas las herramientas que habían aprendido en su paso por la publicidad y los cortometrajes. Esto, además, respondió a una búsqueda por escribir un proyecto que no dependiera exclusivamente del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC)
Durante el proceso de escritura, contó López, este proyecto tomó camino al convertirse en un trabajo de maestría que realizó en España. “A partir de esas mejoras, también la empecé a mandar a distintos lugares. El principal que nos acogió se llama el Curso de Desarrollo de Proyectos Cinematográficos Iberoamericanos de la Fundación Carolina”. El también productor indicó que el paso por estos laboratorios de guion, que otorgan reconocimientos, pueden facilitar la financiación de fondos nacionales e internacionales.
Para 2024, los estímulos de desarrollo del FDC para ficción dotaban de hasta $45 millones de pesos a cada uno de los proyectos seleccionados, mientras que para documentales entregaban hasta $20 millones de pesos por obra. De acuerdo con López, esto no cubre la totalidad de los gastos de desarrollo de un largometraje, por lo que es necesario abrirse camino con otros fondos internacionales, como el Ibermedia o el Visions Sud Est.
“Los fondos internacionales prefieren películas que ya tengan financiamiento interno antes de arriesgar su inversión. Una vez se reúne el presupuesto, se entra a la producción. Esa es la manera en que se produce cine en Latinoamérica”, aseveró López.
Para Valentina Qaszulxkef, directora de cine en Serval Films, indicó que la búsqueda por los estímulos del FDC puede generar un cuello de botella. “Si todos vamos a aplicar ¿cómo vamos a hacer? Solo uno va a ganar y todos tenemos proyectos hermosos”, lo que motiva a buscar otras maneras de financiar los proyectos.
El equipo de Serval Films, mencionó que actualmente están en el proceso de desarrollo de una película animada sobre una medusa, para la cual están buscando aún el material para crearla. Soto indicó que esto puede tardar mucho tiempo, ya que al presentarla a convocatorias, se tiene que estar en un punto avanzado de la preproducción. Si quedan seleccionados, tienen una ventana de tiempo reducida para ejecutar el proyecto. “Porque si solamente pasamos la idea y ganemos, nos van a clavar a hacer en cuatro meses un proyecto que puede demorarse seis, siete, ocho meses”, añadió.
Al no quedar seleccionados en el FDC de desarrollo, el equipo de Chirimoya Films encontró otras formas para financiar su proyecto: “un préstamo bancario, apoyo de un amigo, un familiar y alguien que entró con una buena porción de dinero. Hicimos la película con $100 millones de pesos”, dijo López, quien afirmó que este presupuesto es bastante reducido para un largometraje.
López mencionó que, en términos líquidos, el presupuesto fue de $100 millones de pesos, ya que, en varias ocasiones, amistades o personas que “lo hacían de puro corazón, de puro cariño”, reducían su tarifa habitual. Esto les permitió ingresar a la producción como socios, como fue el caso del sonidista, el posproductor de sonido y el director de fotografía, lo que dio paso a la aparición de la figura del productor asociado.
“En términos líquidos, la película nos costó $100 millones de pesos, pero en la realidad tuvo un presupuesto de $600 o $700 millones de pesos. Frente a eso contrastábamos nuestro gasto real. Si en efectivo teníamos un millón de pesos y nos quedaban por pagar $9 millones, los cubríamos con un porcentaje” indicó López.
Festivales de cine
“Nosotros queremos que la gente vea los proyectos. Es un esfuerzo enorme para que estas películas, tanto las nuestras como las de nuestros colegas, lleguen al público. A veces, el problema es la falta de redes de distribución”, apuntó Qaszulxkef.
Para el ciclo de festivales, cuya duración está entre uno y dos años, los realizadores suelen apuntar primero a los clasificados como clase A por la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos (FIAPF por sus siglas en inglés). Entre estos se encuentran Mar del Plata, Cannes, la Berlinale, San Sebastián y Venecia, como muchos otros. Si este tipo de festivales dan una respuesta negativa, proceden a otros de nicho o emergentes.
López contó que durante su proceso, encontraron una dificultad para estar seleccionados. “Alguien me dijo: ‘Mira, Carlos, te voy a contar qué sucede. En los festivales, el 80 % de las películas que se exhiben llegan porque el distribuidor, el productor o el director tienen un contacto directo con los programadores. El otro 20 % lo conforman quienes no tienen conexiones, pero su película es tan buena que ningún festival puede rechazarla”, argumentó.
Salas comerciales y espacios culturales
En el caso de la muestra en salas de cine, se requiere un trabajo directo con una empresa de distribución, quienes son las encargadas de las negociaciones con los exhibidores (quienes son dueños de las salas de cine) y los cine clubes que proyectarán la película.
Para esto, pueden acceder a estímulos de distribución y promoción del FDC, que ayudan con un porcentaje para cubrir estos gastos. En la convocatoria 2025, se estipula que darán hasta $90 millones de pesos para la promoción y hasta $20 millones para la distribución para cada proyecto seleccionado.
Existe un limitante para las distribuidoras y productoras nacionales: el tiempo en salas. Como es usual, los estrenos de cine en Colombia se realizan los jueves de cada semana, teniendo como punto fuerte el sábado y domingo. Durante una evaluación realizada los miércoles, los exhibidores analizan las métricas de asistencia, taquilla y se definen las salas y funciones para cada película.
Carlos R. López recordó que durante su paso por salas de cine en 2023, estrenaron el 7 de septiembre con cuatro salas en Cine Colombia y cuatro en Cinemas Procinal, con “muy malos horarios, sobre todo en Cine Colombia”. A pesar de estos limitantes, luego del primer fin de semana, varios espectadores indagaron por la película luego de recibir recomendaciones de amigos o familiares.
“El miércoles de la semana siguiente del estreno, Distrito Pacífico, nuestra distribuidora, nos dijo que Cine Colombia no iba a seguir pasando la película”, indicó López. Esto, según él, se debió a la entrada del filme “El rey de la montaña”, estrenada el 14 de septiembre, para la cual esta empresa actuó no solo como exhibidor sino también como distribuidor. Esta película, según cifras de Proimágenes, entró con 46 salas en Cine Colombia a nivel nacional.
Entre los procesos de distribución también hay que fijarse en las conversaciones con las salas alternativas y espacios culturales como las cinematecas y los cine clubes. Estos últimos dan mayor accesibilidad a los contenidos audiovisuales nacionales, como expresó Soto: “Si hay interés en ir al cine, pero para mí el problema sigue siendo el precio y el transporte, en cambio, para una película comercial es distinto. No van a ir a ver una película colombiana de un director que no conocen”.
De acuerdo con Proimágenes, para 2024, eliminando la inflación y tomando como base el precio de la boleta de diciembre de 2018, el costo promedio de una entrada a salas de cine es de $8,318 pesos. En este mismo periodo, el presidente de Cine Colombia, Munir Falah, anunció que reduciría los precios de la confitería, con combos desde $15,700 hasta $59,900. Si se asume que mínimo van dos personas al cine, con el combo más económico de esta cadena, el precio rondaría los $32,300 pesos.
“Te detienes a pensar y dices: me gasté más de $25 mil pesos en una ida al cine. Más o menos lo que me cuesta una plataforma. No es que la gente prefiera las plataformas porque haya un cambio en el consumo. El problema es que los ingresos siguen siendo bajos y, en muchos casos, ir al cine se ha vuelto un lujo”, afirmó Soto para El Espectador.
Al indagar sobre el margen de ganancias de una película independiente en Colombia, Soto indicó que en el caso de Serval Films han alcanzado cierto equilibrio financiero mediante las convocatorias, pero que conoce casos de otras productoras que no han llegado a estos balances ni a tener unas ganancias muy amplias. “Sigue siendo muy complicado. Si tienes mil espectadores, ya eres considerado un éxito”, concluyó.