El Magazín Cultural

26 Jun 2019 - 1:00 a. m.

Mi problema con Fernando Vallejo

Esta masa zombi de sobrevivientes celebrando a la selección de Colombia da náusea existencial. Pero yo habría querido que Vallejo no se rajara.

Mauricio Navas Talero

Fernando Vallejo, autor de “La puta de Babilonia” y “La virgen de los sicarios”, entre otras novelas. / Cortesía
Fernando Vallejo, autor de “La puta de Babilonia” y “La virgen de los sicarios”, entre otras novelas. / Cortesía

Es que estoy más de acuerdo con Fernando Vallejo que Fernando Vallejo. Inicios de obra como aquel de La puta de Babilonia, con la divertida y explosiva letanía contra la Iglesia de monseñor López Trujillo, Juan Pablo II y Pío XII, el papa cómplice de Hitler, y la elegía de La virgen de los sicarios, una visión radiográfica y quirúrgica de los tres valores que anegaron este país, la patria, la Iglesia y la audacia paisa, son monumentales análisis forenses para la autopsia de Colombia.

Hasta ahí me cuelgo de las cortinas para alcanzar a mirar a Vallejo. Uno, si es decente, tiene que sacudirse a Colombia, porque no se puede ser decente y vivir en paz con un país cuyo Congreso embolata un proyecto de ley anticorrupción y le hace el juego de “dónde está la bolita” a la norma que prohíbe la casa por cárcel para los pútridos corruptos. Uno, si tiene buena educación, no se siente orgulloso de una nación que acoge como normal que un tipejo altere la Constitución, compre legisladores, regale notarías y se haga reelegir para consumar su organización criminal que, entre otras, ha asesinado inocentes para excitar sus glándulas de la venganza y ha enriquecido a sus dos inútiles hijos, a sus hermanos, y ha escondido el tesoro de su “guía espiritual”, primo hermano del gran “putrefactor”.

Uno, si pretende ser decente, no puede vivir tranquilo con un fiscal a quien los gringos le capturan a su fiscal anticorrupción por corrupción barata de esa que se usa para comprarle joyas caras a la mujercita en Miami y sigue “orondo y muy majo” insultando la ética y la inteligencia de los pocos que entendemos que es un badulaque sin principios. Si hay la menor noción de decencia uno se vomita de colombianidad cuando el Congreso trapisondea la ley a favor del ciudadano para que los agiotistas de la banca no cobren comisión por el uso de las tarjetas, uno quiere pasarse a ser nacional de la Atlántida y quemar el “mejor pasaporte del mundo” (porque le funciona el código de barras) cuando se entera de que hay un movimiento de masas para acabar con la JEP, única opción para que en el campo los campesinos vivan en paz, porque en las fincas de Rionegro y el Oriente de Medellín no hay problemas de combates, por eso, por allá, con poncho y aguardiente, se hace todo lo posible por volver a la guerra.

Uno hace lo de Vallejo, uno se sacude porque esta masa zombi de sobrevivientes celebrando a la selección de Colombia da náusea existencial. Pero yo habría querido que Vallejo no se rajara, como dicen en la patria que escogió, no sé por qué. Ahí radica mi problema con Vallejo, uno no deja este enfermo terminal para irse a México, en donde pasa lo mismo multiplicado por cuatro, solo que la plata hace ver bonito hasta lo que es cuatro veces más feo.

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