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En el cine, los biopics, o películas biográficas, han cautivado la atención de grandes artistas que muestran cómo su obra se convirtió en una pieza universal del arte. Ejemplos memorables son Amadeus (1984), que narra la historia de Wolfgang Amadeus Mozart y cómo su música alcanzó la universalidad; o Control (2007), centrada en la vida del cantante post-punk Ian Curtis, su banda Joy Division y sus últimos días, entre otras.
Con el tiempo, este tema se transformó prácticamente en un género, con recientes películas como Rocketman (2019), Betterman (2024) o Un completo desconocido (2024), que resaltan los procesos creativos de sus artistas, sus cuestionamientos frente al entorno y sobre sí mismos, así como el destructivo camino hacia la fama. En ocasiones, estas historias se tornan dramáticas, pero siempre con la intención clara de develar la magia de sus sonidos y explicar por qué permanecen para siempre.
Estas películas, en mi opinión, también se han producido para cautivar nuevas audiencias y relanzar artistas desconocidos para un público más actual, que resultan en cintas vacías y sin rumbo, como Back to Black (2024) o Bob Marley: La Leyenda (2024), que terminaron siendo meros comerciales de más de una hora para reactivar su portafolio musical, algo que no le corresponde al cine.
Ahora, el director estadounidense Antoine Fuqua, recordado por películas como la trilogía de El justiciero (2014, 2018, 2023) o por su notable Día de entrenamiento (2001), se involucró de manera emotiva y emocionante con una de las figuras más reconocidas, importantes y mediáticas en la historia de la música: Michael Joseph Jackson, el Rey del Pop. Con un historial mítico de éxitos y múltiples misterios que marcaron su vida hasta el momento de su muerte, Jackson se convirtió en el centro de este nuevo biopic.
Michael es la película sobre este polémico y querido artista nacido en Indiana, Estados Unidos, cuya vida de fama, excesos y excentricidades resonó en polémicas, documentales, entrevistas y biografías no autorizadas. La cinta transita en una línea muy delgada entre la publicidad y el drama familiar ligero.
Fuqua utilizó la música como recurso para imprimirle ritmo a la película, evitando caer en el vacío conceptual de Bohemian Rhapsody (2018), que se apoyaba únicamente en la emocionalidad de los sonidos. Aquí, se recrearon personajes clave en la vida de Michael, como su padre Joseph, interpretado por Colman Domingo, o su madre (Nia Long), que pudo tener mayor peso dramático en la cinta, al igual que su hermana (Jessica Sula). Tal vez eso quede reservado para otra parte de la historia.
Como era de esperarse, la narración comenzó con la formación musical infantil de Michael, con un padre exigente y un pequeño interpretado por el talentoso Juliano Krue Valdi. Este actor recreó de manera convincente el perfil psicológico del personaje, mostrando hechos reconocidos que, según la cinta, fueron clave en la construcción del ídolo.
Mientras la película se alimentó de las actuaciones de su elenco, la música condujo la nostalgia y se integró al personaje, en lugar de imponerse sobre él, como ha ocurrido en otras producciones del género. El Michael adulto, interpretado por el actor y bailarín colombo-estadounidense Jaafar Jeremiah, se convirtió en una grata sorpresa. Su preparación de más de dos años para el papel se reflejó en los gestos, las miradas infantiles, la inocencia y la pasión que el músico transmitía en el escenario.
Más allá de la música como eje narrativo, destaca cómo Jeremiah cargó la película sobre sus hombros. A través de procesos creativos y coreográficos, canciones icónicas como Billie Jean, Thriller o Bad se muestran no solo en escenarios, sino también en los pormenores de su creación, construyendo al personaje protagonista mediante la música y el trabajo actoral.
Michael no es un biopic perfecto, como tampoco lo fue la vida de su protagonista, pero intenta retomar los pormenores de una existencia llena de matices. Presenta al artista, al músico y al hombre que llevó su música, carisma y movimientos a los escenarios más grandes del planeta, marcando un antes y un después en la industria musical y en la vida de millones de personas. Jaafar Jeremiah logró contener un personaje complejo y, al final, permitió que vibrara con la fuerza del recuerdo de Michael Jackson. La película muestra por momentos al Rey del Pop, aunque muchas veces cae en la ligereza de su historia, donde parece que el objetivo fue no ofender a nadie, especialmente a su familia.
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