Conversaciones con mi madre:
-¿Cómo está la abuela?
-Más o menos. Por estos días anda con los menos alborotados, porque tiene mucho dolor en sus articulaciones y anda muy mal de la digestión. Se queja bastante.
-Llegar a la vejez es horrible, mamá. Yo no quiero llegar a esas instancias tan deplorables.
-Sí, es una condición muy dura, pero para allá vamos todos si Dios lo permite.
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-Yo no quiero esperar a ningún permiso de los dioses, yo espero a cuando sienta que sea el momento, tener la voluntad de hacerlo por mi cuenta; si antes la naturaleza no me ha ganado la partida.
-Eso nunca se sabe. El futuro está preñado de incertidumbre.
-Sabes que es lo peor de todo, que he escuchado, me han dicho y repetido, que cuando uno llega a la vejez, más se aferra a la vida. Más le gusta y más quiere vivir.
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-Sí, eso es verdad. Tal vez sea porque cuando se llega a esta altura de entrar en la vejez, uno se siente más tranquilo, sin tanto afán y en reconciliación con uno mismo. Con más paz. Entonces a uno le empieza a gustar de verdad la vida, aunque vaya siendo un poco tarde.
-Con más razón no deseo llegar a vieja. No quiero aferrarme a la vida cuando pocas fuerzas me queden para sostenerla.
Abuela de 78 años, mamá de 53, yo de 32 y el vertiginoso tiempo arrastrándonos de esto que percibimos como vida y existencia.