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Cadaqués es un pequeño pueblo a orillas del Mediterráneo catalán, anclado en la Costa Brava, famoso por recibir cada verano oleadas de turistas y de artistas enamorados de sus calles y de sus playas. Allí, en su hermoso cementerio con vistas a Port Lligat y Cap de Creus, quiso tener su último refugio la editora Esther Tusquets.
Este es, entre comillas, el hilo narrativo de la última novela de Milena Busquets, También esto pasará, una pequeña delicia literaria que ha irrumpido en el panorama español con una fuerza inesperada, como hace mucho tiempo no se veía. La historia transcurre en pocos días y empieza con el entierro de la madre de la protagonista, y termina con la primera visita en solitario que hace la hija a la tumba en el cementerio. Sencilla, con algunos tintes autobiográficos y escrita con la exquisita vivacidad de la segunda persona, el libro narra un presente constante en el que la hija aprovecha para confesarse con su madre muerta. Este fenómeno editorial de la última Feria de Fráncfort, con veintisiete traducciones vendidas, incluyendo una al vietnamita, no es más que la vida de una mujer de cuarenta años, madre de dos hijos, pero anclada en la niñez, que debe asumir la partida de la madre en medio de la soledad. Eso sí, narrada con la delicadeza literaria de quien confía en la fuerza y en la vitalidad de la palabra cotidiana y coloquial libre de artificios literarios, necesaria para construir frases y dibujar imágenes en las que el lector pueda protegerse ante la embestida del mundo actual.
Milena Busquets, como bien lo dice Blanca, la protagonista del libro, es hija de la Gauche Divine, aquella generación de artistas e intelectuales catalanes a la que perteneció su madre y que quiso hacer del mundo una fiesta en medio del franquismo entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Siempre haciendo gala del encanto de la burguesía, mostrándose libres en ideas políticas y en la crianza de los hijos. Por eso, a lo largo de las páginas Blanca va revisando su niñez asilvestrada, como ella misma la define, como queriendo enfrentar todos esos miedos que arrastra desde entonces, entre ellos el hecho de haber crecido con un corazón libre pero al mismo tiempo asustadizo y valiente. Y todo gracias a una madre embebida en los libros que casi nunca estuvo a su lado, por lo que hizo que aquella niña quedara atrapada en su infancia. Sin embargo, esa mujer que revisa el mundo desde los ojos de la niñez, deteniéndose en la manera como visten los demás o riéndose de los códigos de los adultos, descubre que lo único que quiso la madre fue guiarla en el mundo enseñándole a ser mujer.
Y ese es el punto central del libro: el amor y el sexo como ruta de vida, pues es gracias a ellos que la protagonista es capaz de aprovechar la muerte de la madre justo en verano, para ir a enterrarla en Cadaqués y exorcizar así sus miedos organizando un viaje de fin de semana al pueblo, con la compañía de su amante y su mujer, sus dos exmaridos con sus familias y sus amigas, sin olvidar que en el pueblo la espera un antiguo amor juvenil y un atractivo hombre solitario.
De este modo, esa embestida que representa para Blanca la decadencia, la enfermedad y la muerte de la madre, se compensa con la búsqueda y el reencuentro con esos lugares y con esos objetos capaces de dar testimonio de que alguna vez fueron felices. Lugares y objetos como el mar o las fotos antiguas, gracias a los cuales ella puede aferrarse y así pasar página. No obstante, el libro es un reflejo de la fragilidad de una burguesía acartonada por el dinero y reacia a la vida sencilla. Y es esta implacable descripción minuciosa de las cosas la que hace que ella anteponga siempre un beso como única alternativa frente al caos.
Así pues, esta larga confesión erótica de la soledad de una mujer cargada de ironía no es más que una burla a una sociedad llena de prejuicios, atestada de gente cobarde ante la idea de romper reglas en búsqueda de la felicidad. Gente incapaz de disfrutar el encanto de la banalidad del día a día y miedosa ante la posibilidad de juguetear con el destino. Por lo cual, ya que el amor lo justifica todo, y la belleza y la felicidad son como un vestido que siempre deberíamos llevar puesto, Blanca opta por cerrar de una buena vez los libros y la vida intelectual para entregarse de lleno a la vida.
Al final, Blanca recuerda un cuento de emperadores chinos que le contó la madre cuando niña. Ese cuento chino da el título al libro y es la luz que ve la protagonista al final de la novela. Ella decide enviar un viejo abrigo de su madre a la tintorería para que se lo devuelvan “como nuevo”, y así continuar con su propia historia siempre con la alegría de vivir riendo.
luisalejandro.diaz@hotmail.com