Aura Lucía Mera, columnista de El Espectador desde 2008, falleció este domingo 29 de marzo según pudo confirmar este diario. Oriunda de Cali, fue hija de la periodista Aura Becerra de Mera. Además de sus columnas, Aura Lucía Mera fue reconocida por la publicación de su libro “Testimonio de una lucha contra el alcohol y la droga” (1995) y su paso por ColCultura.
“Quiero entrar a la muerte con los ojos abiertos”, dijo citando a Marguerite Yourcenar en el episodio que protagonizó del documental “Mi adicción, mi maldición”. Mera comenzó a publicar crónicas y columnas en El País de Cali en 1964 e hizo parte de Telecom y ColCultura durante el gobierno de Belisario Betancur.
Aura Lucía Mera dirigió ColCultura en 1982. “Espero continuar sin descanso la labor editorial del Instituto, promoviendo la publicación de obras y autores colombianos, así como incentivar la formación del archivo nacional, patrimonio del país que recopila la identidad del pueblo y que es prioritario para el menester intelectual de cualquier ciudadano”, dijo cuando recibió el cargo. Antes de dirigir este organismo, fue asistente editorial del Círculo de Lectores.
Además, fue la encargada de organizar el recibimiento de Gabriel García Márquez, luego de que el escritor ganara el Premio Nobel de Literatura. “Fue un éxito, pero a mí casi me cuesta la vida. No sé cómo no exploté, porque era la tensión, manejar todo esto, aguantarme el genio de García Márquez y salir adelante”, dijo en el documental. Adicionalmente, acompañó al escritor hasta Noruega para recibir el galardón como delegada del entonces presidente Belisario Betancur.
Según contó en un episodio del pódcast El Topo, su infancia estuvo llena de amor y en su casa poco se hablaba de la muerte. “Yo no tengo la disculpa para ser adicta de que mi papá era alcohólico o que mi mamá me pegaba. En mi casa nunca vi que se tomara un trago, era la casa más sana del mundo”, dijo.
Fue criada en medio de un contexto católico y fue discípula de monjas hasta los 18 años, algo que la llevó a Italia e Inglaterra. Aura Lucía Mera conoció a su esposo, Rodrigo Lloreda, a los 14 años y se casaron siete años después. De ese matrimonio tuvo cuatro hijos, aunque luego se separó. A raíz de esta ruptura, dos de sus hijos se quedaron con ella y dos con su esposo.
Después de ese momento, pasó un tiempo en Quito y se alejó de Cali, pero al regresar se volvió a enamorar. “Creo que el amor no es tanto la longitud, ni el tiempo, sino la intensidad”, dijo sobre su relación con el torero Domingo Dominguín, que la marcó durante cuatro años y a quien conoció en Cali. “Él sacó todo lo que yo era”, dijo. Junto a él se inventaron las “corridas de Guayaquil”, como contó.
Se fue de Cali y llegó a Bogotá, donde consiguió empleo en Telecom, sin saber exactamente lo que era esta empresa. “Yo lloraba en las escaleras de emergencia porque no tenía puta idea, que era Telecom. Entonces, de la noche a la mañana, pasé de los toros de Lidia a sastre, blusa de seda, tacón alto y media” afirmó.
Parte de su historia se vio marcada por sustancias como el alcohol y la cocaína. Aura Lucía Mera no lo ocultó, razón por la que publicó su libro en el que detalló sus experiencias con ese mundo. “Creo que es genético. Los que nacemos adictos tenemos un cerebro distinto”, dijo.
Según contó, le daban miedo los borrachos. Sin embargo, dijo que este periodo de su vida comenzó con su primer trago en los Juegos Panamericanos, cuando su esposo era gobernador. Durante la dirección de Alfonso Bonilla Aragón, con el equipo solían tomarse un whisky y “tengo en mi contra que resisto muchísimo el alcohol”, dijo en el pódcast.
Luego, durante su época en Telecom, afirmó que el alcohol era lo que le daba “gasolina”: “Si la vida me da patadas, yo le doy patadas a la vida. La curva del alcohol es la más insidiosa, más silenciosa, más larga y más mortal”, aseguró.
Contó que conoció la cocaína tras el lanzamiento del libro de su hijo Francisco, quien había vencido un cáncer. En ese momento trabajaba en ColCultura. “Yo no sabía qué era, creía que eran esas sales que les daban a las señoras que se desmayaban”, dijo. Le advirtieron que los “que se enganchan se vuelven mierda”. Y efectivamente, tuvo que lidiar con la adicción seis o siete años con la adicción y salir le costó varios intentos. “Yo creía que era una víctima del destino, que había nacido para darme la jeta. Que no me salía bien y que lo único que me hacía sobrevivir era el alcohol”, afirmó.
Mientras trabajaba en la campaña de María Eugenia Rojas por la alcaldía de Bogotá, la desaparecieron durante unas horas tras haberse enfrentado a un coronel durante su adicción. “Me metieron en una jaula y una amiga mía logró escuchar que me llevaban para la estación segunda, sin papeles, ni nada”, contó.
“De esa adolescente líder y entusiasta descubriendo Europa y sus museos, esquiando por las montañas nevadas, enamorada de la vida, trabajando por los demás, amante de la naturaleza, ¿qué quedaba? De esa joven que se casó con el único novio y juró ante un altar con toda la honestidad, ser fiel para toda la vida y trajo al mundo cuatro hijos maravillosos que quedaban, no quedaba nada. Eso me decía con odio una mujer cuarentona, sola, separada, viuda de un suicida, sin hijos, sin empleo, fofa, abotagada, resentida, fracasada. Así me veía sentada en la playa. Así me sentía", escribió en su libro.
Cuando vio que sus hijos ya no estaban en la casa, partió rumbo a Miami. Fue allí donde comenzó su camino de recuperación. Relató que tras ver a un tío que llevaba sin beber 10 años, decidió “conocer esa secta de Alcohólicos Anónimos. Fue la primera vez que me dijeron que estaba enferma y ahí comenzó la lucha”, mencionó en el pódcast. Se vio reflejada en las historias de las personas con las que compartió ese espacio.
Tras recuperaciones y recaídas Aura Lucía Mera recuperó a su familia y su pluma continuó aguda hasta el final. Su última columna para este diario, publicada el 24 de marzo, trataba sobre el aumento del salario mínimo.
“Me divierte este circo político. Paloma y Oviedo no comparten una sola idea. Miguel Uribe cree que los afrocolombianos lo van a apoyar. El Tigre Abelardo amenaza con destripar a todo el que piense diferente. Uribe el intocable mueve los títeres a su antojo con su manito en el pecho; la otra no sé dónde la pone", escribió.
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