En la tarde de este 9 de enero se confirmó la noticia del fallecimiento de Beatriz González, una de las figuras más representativas del arte nacional. La asistente de González y la directora del Museo Nacional de Colombia, Liliana Angulo Cortés, confirmaron la muerte de la artista por complicaciones de salud. Tenía 93 años.
Homenajeada recientemente en la Bienal Internacional de Arte y Ciudad BOG 25, al igual que en la más reciente edición de ARTBO, González destacó por su trabajo en la pintura y el grabado. Es reconocida por obras como los “Suicidas del Sisga”, “Estudio para telones La guerra y la paz” y “La felicidad de Pablo Leyva IV”, entre muchas otras en distintos formatos. Además, destacó por sus importantes aportes a la historia y a la crítica del arte colombiano.
Esta es una pérdida que “afecta a la cultura y la historia de Colombia porque se trata de una de las personas más representativas del país, una verdadera joya”, opinó el periodista Alberto Casas para La W una vez se confirmó la noticia.
¿Quién era Beatriz González?
Beatriz González nació el 16 de noviembre de 1932 en Bucaramanga, Santander, pero su carrera artística no comenzó sino hasta pasados los 30 años. Su primera exposición fue en 1964 en una muestra inspirada en “La encajera”, del pintor holandés del siglo XVII Jan Vermeer. El año siguiente, presentó una obra realizada a partir de una imagen que encontró en un periódico, los “Suicidas del Sisga”, con la que consiguió el segundo premio especial en Pintura del XVII Salón de Artistas Nacionales.
Desde ahí empezó a ganar reconocimiento en el ámbito nacional. Su obra se caracterizó por una mirada crítica y aguda sobre la sociedad colombiana, en la que dialogaron el arte popular, la historia del arte occidental y las imágenes provenientes de los medios de comunicación.
Durante la década de los setenta empezó a experimentar mucho más con su arte, al igual que a involucrarse con la realidad política del país y eso culminó con uno de los eventos que marcaron su vida en 1986: la toma y retoma del Palacio de Justicia. Su hijo terminó reclutado por el Ejército y ella entregó su dolor al arte. En alguna ocasión llegó a afirmar incluso que ese era su deber, en contraposición a lo que hacían los medios.
“La labor del artista es no permitir que se olviden la muerte y el dolor”, afirmó.
Es por eso que en su obra se hace constante alusión al conflicto armado colombiano, especialmente desde la perspectiva de las víctimas. Se alimentaba de aquello que veía en la prensa para crear sus obras y convertía lo que consideraba era efímero en una página de periódico, en una obra de arte eterna. Sucedió, por ejemplo, con su obra “Auras Anónimas”, que hasta el día de hoy reposa en los columbarios del Cementerio Central de Bogotá y que recuerda a todos aquellos muertos que no han sido identificados (también conocidos como NN).
Sin embargo, la obra de González no se limitó a la creación artística, pues también destacó su trabajo como historiadora, curadora, crítica y pedagoga. Fue curadora de las colecciones de arte e historia del Museo Nacional durante catorce años, directora de educación del Museo de Arte Moderno de Bogotá durante trece años y también asesora de las colecciones de arte del Banco de la República.
Además, investigó y publicó sobre otros artistas colombianos como José María Espinosa, Roberto Páramo y Luis Caballero Holguín. Con este último incluso llegó a entablar una relación de amistad que se nutrió durante sus años en la Universidad de Los Andes, donde estudió para convertirse en artista.
Era, para muchos, una de las artistas con mayor trayectoria en el país y una de las figuras que perdurará para siempre en la historia cultural de nuestro país.