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Carlo Ginzburg, el historiador italiano que cambió la forma de relacionarse con el pasado, falleció hoy en Bolonia a los 87 años. Fue hijo de la escritora Natalia Ginzburg y del intelectual Leone Ginzburg. Fue reconocido como impulsor de la “microhistoria”, con la que se enfocó en los personajes “secundarios” de la historia.
“Mi madre, mi padre, mi abuelo, todos han sido figuras importantes para mí. En la educación es fundamental lo que no se dice. Lo que no se puede traducir a palabras. Lo que se transmite sin palabras, pero es decisivo, modela la vida y construye la relación con la verdad”, dijo el historiador a El País.
La noticia fue confirmada a los medios por su esposa, la también historiadora del arte Luisa Ciammitti, quien detalló que el funeral se realizará el viernes 19 de junio.
“El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI” (1976), publicado en castellano en 1994 por la editorial de Mario Muchnik, fue su obra más reconocida. En esta se detalla la vida de Domenico Scadella ‘Menocchio’, un molinero juzgado por la Inquisición. Con este libro respondió a la pregunta de cómo contar y descubrir la historia de aquellos que casi no dejaron rastro.
Otros de sus libros conocidos son: "Ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia", “Una historia sin final", "Mitos emblemas e indicios" y "Los benandanti. Brujería y cultos agrarios entre los siglos XVI y XVII“.
El académico italiano era, además, profesor emérito en la Scuola Normale Superiore de Pisa y fue docente en Bolonia y universidades en Estados Unidos como Harvard, Yale y Princeton, entre otras. Ginzburg nació en Turín en 1939; estudió filosofía y letras en la Universidad de Pisa.
“El gran aporte de Ginzburg fue correr el foco de atención. Hasta su llegada, los manuales de historia parecían estar reservados exclusivamente para los reyes, los generales victoriosos y las grandes batallas épicas. Él, en cambio, decidió bajar la vista. Convirtió en protagonistas a los herejes, los campesinos, las supuestas brujas y los perseguidos; aquellos sujetos anónimos que jamás dejaron un testimonio escrito, pero cuyas vidas y sufrimientos quedaron atrapados en las listas negras de sus verdugos”, recopiló el medio Perfil.
Ginzburg explicó que su interés por rescatar este tipo de historias está relacionado con su propia experiencia de vida, pues, al haber nacido en el seno de una familia judía, tuvo que esconderse del nazismo y del fascismo durante la Segunda Guerra Mundial cuando era un niño.
“Mi privilegio no fue solo criarme rodeado de libros,también lo fue tener modelos”, solía decir el historiador. “Los desclasados tienen historia, pero los testimonios, las huellas que han dejado, han sido considerados y filtrados desde la clase alta porque los campesinos no sabían escribir. A los pobres se los estudiaba como estadística. Yo quise demostrar que se los podía estudiar en profundidad”, dijo a El País en 2023.
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