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Murió Jürgen Habermas, el filósofo que pensó la democracia a través del diálogo

Con la muerte de Jürgen Habermas desaparece uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, cuya teoría sobre la comunicación y la democracia transformó las ciencias sociales.

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Rodrigo Zuleta (EFE) y redacción cultura
14 de marzo de 2026 - 02:57 p. m.
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El filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, falleció este sábado a los 96 años en la ciudad de Starnberg, en Alemania. La noticia fue confirmada por su editorial, Suhrkamp, que informó del deceso citando a la familia del intelectual, según reportaron distintos medios germanos y agencias internacionales. La televisión pública alemana ARD también informó que el autor murió en esa localidad del sur del país.

Con su muerte desaparece una de las figuras centrales de la filosofía contemporánea europea. Habermas fue un pensador cuya influencia trascendió el ámbito estrictamente académico para intervenir en debates públicos y políticos durante décadas. Sus reflexiones sobre la democracia, la comunicación y la formación de la opinión pública lo convirtieron en una referencia fundamental en las ciencias sociales y la filosofía política.

Habermas fue, junto con el escritor Günter Grass y el ensayista Hans Magnus Enzensberger, uno de los tres intelectuales más influyentes de una generación que impulsó numerosos debates en la historia de la República Federal de Alemania. Su muerte ocurre, además, en un momento en que el país vive profundas transformaciones y cuando la formación de la opinión pública —uno de los temas centrales de su obra— ocurre a través de canales distintos a los que él estudió durante su trayectoria.

Habermas, un pensador entre la academia y el debate público

La carrera de Habermas se desarrolló en una constante tensión entre la investigación académica y la intervención pública. Aunque su formación fue inicialmente filosófica, pronto amplió su campo hacia otras disciplinas, especialmente la sociología.

Él mismo lo explicó: “Pertenezco a una clase de filósofos que también se han ocupado de la sociología y nunca se han tomado muy en serio las fronteras entre las distintas disciplinas”. Esa perspectiva interdisciplinaria marcaría gran parte de su trabajo intelectual.

Habermas se doctoró en 1954 en la ciudad de Bonn con un estudio sobre la teoría de las edades del mundo del filósofo alemán Friedrich Schelling. Poco después comenzó a vincularse con el influyente círculo intelectual de la llamada Escuela de Fráncfort.

En 1956, el filósofo Theodor W. Adorno lo invitó a trabajar en el Instituto de Investigaciones Sociales de Fráncfort, una institución clave del pensamiento crítico europeo que había sido cerrada durante el régimen nazi y posteriormente refundada. Ese espacio sería fundamental para el desarrollo de su pensamiento y su proyección internacional.

Como lo registró El País, a partir de la década de 1960, Habermas se consolidó como una de las voces más relevantes de la teoría social. En 1961 se doctoró nuevamente en la Universidad de Marburgo con la obra La transformación estructural de la esfera pública, un estudio que analizaba la evolución histórica de los espacios de discusión pública en las sociedades modernas.

Tres años después, en 1964, asumió la cátedra de Filosofía y Sociología que había ocupado Max Horkheimer en la Universidad de Fráncfort. De su conferencia inaugural surgió el libro Conocimiento e interés, publicado en 1968, uno de los textos fundamentales de su producción intelectual.

Entre la revuelta del 68 y la crítica al radicalismo

El nombre de Habermas también quedó vinculado a los intensos debates políticos y culturales que marcaron Europa en los años sesenta. Durante el movimiento estudiantil de 1968 en Alemania, muchos jóvenes lo consideraron inicialmente un aliado intelectual de sus reivindicaciones.

Sin embargo, su relación con ese movimiento fue compleja. En un episodio que se volvió legendario dentro de la historia política alemana, Habermas criticó al líder estudiantil Rudi Dutschke por el radicalismo de algunas posiciones y advirtió que podían abrir la puerta a lo que llamó un “fascismo de izquierdas”.

Esa intervención reflejaba una postura característica de su pensamiento: el rechazo a la violencia política y la defensa de los procesos democráticos basados en la discusión racional y pública.

Aunque fue percibido en algunos momentos como simpatizante del movimiento estudiantil, también expresó reservas frente a su radicalización, según recoge El País.

Los conceptos de Habermas para pensar la democracia

A lo largo de su trayectoria académica, Habermas desarrolló conceptos que pronto se incorporaron al lenguaje de la filosofía política y las ciencias sociales. Muchos de ellos surgieron en momentos clave de la historia alemana y europea.

Uno de los más conocidos es el de “patriotismo constitucional”, que formuló cuando Alemania buscaba redefinir su identidad nacional después de la tragedia del nazismo. Con esa idea, Habermas planteaba que la identidad política de un país debía basarse en la adhesión a los principios democráticos de su Constitución, más que en elementos culturales o étnicos.

Otro concepto importante apareció tras los acontecimientos de 1989 que condujeron a la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana. Habermas describió ese proceso como una “revolución recuperadora”.

Según explicó, durante la historia alemana las grandes transformaciones políticas habían sido impuestas desde arriba, sin una revolución protagonizada directamente por los ciudadanos. El movimiento popular que se desarrolló en la antigua República Democrática Alemana (RDA), en cambio, permitió que por primera vez los ciudadanos tomaran el destino del país en sus manos, al menos en un primer momento.

Su obra más influyente

La producción intelectual de Habermas fue extensa y abarcó décadas de trabajo. Entre sus textos más conocidos se encuentran Conocimiento e interés y Teoría de la acción comunicativa, obras que siguen siendo estudiadas en universidades de todo el mundo.

Esta última, publicada en 1981, es considerada su obra principal. En ella desarrolló una teoría que coloca la comunicación y el diálogo racional en el centro de la vida social y política.

Detrás de ese planteamiento se encuentra una idea fundamental de su pensamiento: la democracia solo puede sostenerse si los ciudadanos participan en procesos de discusión pública basados en argumentos y no en la imposición de la fuerza.

La preocupación por la comunicación, de hecho, atraviesa gran parte de su obra. Tanto sus estudios académicos como sus ensayos comparten una reflexión constante sobre la forma en que las sociedades modernas construyen consensos y opiniones públicas.

Pensar el capitalismo y la religión en el mundo contemporáneo

Con el paso del tiempo, Habermas amplió sus reflexiones hacia nuevos temas. Uno de ellos fue el futuro del capitalismo en las sociedades modernas.

Tras la crisis financiera internacional, el filósofo revisó las consecuencias del optimismo que predominó en Occidente tras la caída del bloque soviético. En una entrevista con el semanario alemán Die Zeit, advirtió que después de 1989 el mundo occidental había caído en una euforia triunfalista que condujo a una defensa acrítica del neoliberalismo.

Para Habermas, la tarea no consistía en superar el capitalismo —como pretendía el marxismo clásico— sino en “domesticarlo”, es decir, someterlo a reglas democráticas que limitaran sus efectos sociales negativos.

Otro ámbito al que dedicó atención en sus últimos años fue el de la religión. Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Habermas habló de la entrada en una “época postsecular”, un concepto con el que buscaba describir la persistencia de la religión en sociedades modernas que se consideraban secularizadas.

Una vida dedicada al pensamiento público

El País también reportó qué, a lo largo de su carrera, Habermas ocupó diferentes cargos académicos en universidades alemanas como Heidelberg, Marburgo y Fráncfort. También dirigió el Instituto Max Planck para la Investigación de las Condiciones de Vida del Mundo Científico-Técnico en Starnberg entre 1971 y 1981.

En 1983 regresó a la Universidad de Fráncfort, donde continuó enseñando hasta su jubilación en 1994. Incluso después de retirarse formalmente de la docencia, mantuvo una presencia activa en debates políticos e intelectuales, opinando sobre temas como la guerra de Kosovo, los avances en la investigación del cerebro o los conflictos religiosos.

En reconocimiento a su trayectoria intelectual, Habermas recibió numerosos premios internacionales. Entre ellos, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

Tenía dificultades para hablar debido a una fisura palatina congénita. A pesar de ello, desarrolló una intensa actividad pública durante décadas como conferencista y ensayista.

Un legado abierto

En 2004, el filósofo Phillip Felsch se preguntó en un libro qué quedaría del legado de Habermas “después de la muerte del mundo de ayer”, una reflexión que aludía a las transformaciones políticas y culturales que estaban cambiando el contexto en el que su pensamiento había surgido.

La pregunta sigue siendo pertinente hoy. Muchas de las cuestiones que Habermas analizó —la formación de la opinión pública, la democracia deliberativa o el papel de la comunicación en la política— se enfrentan ahora a escenarios nuevos marcados por internet, las redes sociales y la fragmentación del debate público.

Aun así, su obra continúa siendo una referencia fundamental para quienes buscan comprender cómo puede sostenerse la democracia en sociedades complejas.

Con la muerte de Jürgen Habermas desaparece una de las voces más influyentes del pensamiento europeo contemporáneo. Pero sus ideas sobre el diálogo, la razón pública y la necesidad de construir consensos a través de la discusión siguen siendo, para muchos, herramientas imprescindibles para pensar el presente.

Por Rodrigo Zuleta (EFE) y redacción cultura

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Si el Capitalismo en Colombia es y ha sido salvaje significa simplemente que lo que hay que hacer es domesticarlo, y después educarlo.
Carlosé Mejía(19865)14 de marzo de 2026 - 09:40 p. m.
Los aportes de Habermas son valiosísimos pero su teoría de que al capitalismo se le puede domesticar resulta en extremo cándida.
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Mis respectos a un gigante de la filosofía...
Helga66(40077)14 de marzo de 2026 - 06:18 p. m.
Se debería preguntar a los candidatos presidenciales, al gabinete del actual gobierno y por supuesto al presidente Petro, no si han leído a Habermas, sino si lo han oído mentar. Este gentecita que dirige el país o la que aspira a gobernarlo, es muy pandilla intelectualmente. Se nota en las pobres ideas que expresan y en las mismas palabras lisas y vulgares que emplean
  • Usuario(qwylh)Hace 19 horas
    El presidente Gustavo Petro Urrego, siempre a tenido como soporte y guía en sus diversas intervenciones públicas, el pensamiento de éste ilustre pensador Alemán, Jürgen Habermas. De ahí la importancia de saber escuchar y entender...
  • Usuario(qwylh)Hace 19 horas
    El presidente Gustavo Petro Urrego, siempre a tenido como soporte y guía en sus diversas intervenciones públicas, el pensamiento de éste ilustre pensador Alemán, Jürgen Habermas. De ahí la importancia de saber escuchar y entender...
Camilo Hermida(99433)14 de marzo de 2026 - 05:28 p. m.
Asumo nuestro presidente, asistirá a las honras fúnebres
  • Eduardo Sáenz Rovner(7668)14 de marzo de 2026 - 10:27 p. m.
    Y dará un largo discurso... en alemán.
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