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Pinin Brambilla Barcilon, conocida por los 21 años en los que trabajó para salvar el fresco de La Última Cena de Leonardo da Vinci, murió a los 95 años. Brambilla fue una de las restauradoras más importantes del siglo XX y fue conocida internacionalmente por haber llevado a cabo la restauración de La Última Cena de Leonardo da Vinci, que se encuentra en el convento de la Iglesia de Santa Maria delle Grazie, en Milán; un intenso y duro trabajó que comenzó en 1978 y concluyó en 1999.
El anuncio de su fallecimiento lo realizó La Venaria Reale, centro de excelencia para la formación universitaria de restauradores e investigación avanzada en el sector del patrimonio cultural. Este fue fundado y dirigido por Brambilla Barcilon desde el 2005. ”No hay muchas palabras para saludar a una figura tan importante para nuestro centro, para todos nosotros y para todo el mundo de la restauración. Su rigor y su ejemplo seguirán siendo un punto de referencia que vivirá en nuestras elecciones y en nuestras acciones. Adios Pinin, te echaremos de menos “, escribió el centro de conservación y restauración en Facebook.
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Brambilla fue la restauradora de algunas de las mayores obras maestras del arte italiano, como las pinturas de Giotto en la Capilla de los Scrovegni, en Padua; y de los frescos de Masolino da Panicale, en el Baptisterio de Castiglione Olona. También restauró obras de Piero della Francesca, Bronzino, Caravaggio, Tiziano, Tiepolo, entre otros. Con el libro Mi vida con Leonardo (Mondadori Electa, 2015), Brambilla Barcilon relató su extraordinaria y legendaria empresa vinculada a la restauración de la Última Cena, que logró salvar deteniendo la corrosión de los colores originales. Una aventura que terminó en 1999, intercalada con interrupciones forzadas por problemas burocráticos, gracias a la financiación de las entonces 7.000 millones de liras (4.5 millones de dólares) donadas por la empresa Olivetti.
La Última Cena, o el Cenáculo, como también se la conoce, sobrevivió milagrosamente al bombardeo de Milán en 1943 y fue restaurada siete veces con técnicas diferentes con la obsesión de fijar el color, lo que supuso el empleo de colas que con el paso del tiempo oscurecieron el original hasta hacerlo casi imperceptible. Da Vinci terminó esta obra en 1497. Lo que ignoraba era que debajo de aquel baptisterio pasaba un río que humedecía la pared sobre la que había pintado una de sus obras maestras y que esa humedad funcionaría como absorbente de la pintura.
Los primeros problemas por la pérdida de color surgieron apenas diez años después de que él la acabara. Pinin Brambilla trabajó en la reconstrucción del color original con disolventes y papel japonés para disolver las colas y limpiar las impurezas milímetro a milímetro. De ahí los 21 años empleados para completar la restauración.