¿Cómo se siente pasar de ser mánager de otros artistas a ser la voz de su propio proyecto solista?
Ese cambio ha sido muy interesante, pero se dio de una forma tan natural que siento que todo lo que venía aprendiendo en esta industria, con cada proyecto y con cada artista que he acompañado, era precisamente para nutrir de la forma adecuada este proyecto. Si esta oportunidad hubiera llegado hace cinco años, con mis hijos más chiquitos y de pronto sin la claridad musical y de la industria que tengo en este momento, no la habría podido aprovechar de la misma manera.
Entonces, aunque hay momentos en los que tengo que callar a la impostora, porque me pregunto: “¿pero por qué estoy yo al frente de la cámara?”, al mismo tiempo siento que se dio en el momento que era y que es la cúspide de todo este trabajo que llevo haciendo a nivel profesional y personal.
¿Por qué más cree que este era el momento preciso para hacerlo?
A nivel personal, creo que tiene que ver con mis hijos. Simón tiene 11 años, y Fátima y María, que son gemelas, están por cumplir 9, entonces todos ya son mucho más independientes. En sus primeros años de vida me volqué mucho hacia la maternidad y, aunque nunca dejé de trabajar, estaba mucho más enfocada en eso; todo mi tiempo estaba dirigido ahí.
Y, a nivel musical, fue porque un día un cazatalentos de una disquera en Estados Unidos, que se llama Via Cantus —una de las primeras disqueras católicas que se crearon—, me dijo que le habían hablado de mí como productora y compositora, pero también de “mi proyecto”. Yo yo pensé: “¿Qué proyecto?”. Porque ahí lo que tenía eran notas de voz y algunas presentaciones en grupos de oración o en alguna misa que me pedían acompañar, nada más.
Pero creo que Dios quería que fuera este el momento en el que esa música saliera a la luz y eso llevó a que todo fluyera de manera muy natural, porque, además, creo que es un momento en el que muchas personas están en una búsqueda espiritual, Dios o como lo quieran llamar, y por eso creo que estoy aquí ahora.
Antes de considerarla como una carrera, ¿dónde empezó su historia con la música?
Yo creo que mi alma venía con la misión de compartir historias a través de la música. Crecí en Estados Unidos, que además es una sociedad donde en el colegio te enseñan a leer música, y ahí empecé desde muy chiquita a tocar piano. Fue también por esa época que me empecé a enamorar del góspel y tuve la fortuna de contar con unos papás que me apoyaron mucho. Ellos me decían: “si le va bien en el colegio, pida lo que quiera”; entonces pedía clases de canto, de guitarra, de historia de la música... En ese entonces, iba a una escuela que se llama Piccolo, de donde han salido varios artistas, y ahí estuve hasta que a los 17 años un productor me dijo: “venga, ¿y si hacemos un proyecto artístico?”. Ahí pisé un estudio de grabación y pensé: “ah, wow, la música no es solo leer notas y tocar instrumentos”. Fue en ese momento cuando me enamoré y decidí que iba a estudiar producción musical.
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¿Cómo ha sido la música un vehículo para desarrollar una relación con Dios?
Eso es muy lindo, porque yo me he dedicado mucho a la música comercial a nivel profesional. Los artistas que han pasado por Quinta Estudio son muy del “mainstream”, y lo que más hago es componer en ese lenguaje. Pero a veces las temáticas en el “mainstream” son limitadas: se habla mucho de amor, de fiestas… En cambio, yo siempre he tenido una conexión muy personal con Dios.
Desde chiquita, en lugar de tener un “querido diario”, era más bien: “hola, Dios, ¿cómo estás? Ven y te cuento de mi vida”. Entonces empecé a querer volcar eso en mis canciones, que igual considero diferentes al gospel que existe hoy en día, porque no son exactamente una alabanza, sino la narración de una historia personal con Dios que he cultivado durante muchos años.
Lo que nos lleva a “Cada detalle”, su primer sencillo. ¿Cómo materializó todo esto en esa canción?
Justamente en “Cada detalle” yo quería narrar una historia de la cotidianidad con Dios, no necesariamente hablar de la forma en que estamos acostumbrados a oír en la alabanza.
La canción nació de un momento difícil. Por mis tres hijos, mi trabajo y todos los otros proyectos que tengo, hubo un punto en el que sentí que mi fe se había enfriado, porque no estaba cumpliendo con esos requisitos que muchas veces proponen las religiones, como ir a misa, ir a los grupos de oración y demás. Y aunque son ejercicios muy lindos que te acercan a Dios, en ese momento entendí que mi relación con Él no dependía de marcar cuántas horas al día le dedicaba a eso. “Cada detalle” es una conversación conmigo misma, recordándome que no necesito cumplir una serie de reglas para sentir que Dios está feliz conmigo, que está en mi vida o que puedo conectarme con Él.
¿Cree entonces que esas imposiciones de ir un cierto número de veces a misa o a comulgar o a confesarse, en lugar de acercar a la gente a la religión, terminan alejándola?
Más que alejarla, creo que terminan condicionando a pensar que la relación con Dios es un intercambio. Como si Dios quisiera más a los que van a misa o a los que hagan más obras de caridad, pero yo creo que Él no tiene preferidos, sino que su amor es incondicional y, por eso, no se puede medir ni es algo que haya que ganarse. Entonces la canción es una invitación a enfocarnos en eso: en esa relación que se cultiva cuando le decimos “gracias por esto”, “ayúdame con esto” o “Dios mío, inspírame las palabras para esta entrevista porque no estoy tan acostumbrada a hacer estas cosas”. Ese es un poco el enfoque de este álbum: encontrar a Dios en todas partes y desarrollar esa relación con Él en un lenguaje cercano. Y yo digo mucho esto con mi equipo de trabajo: siento que hago música no para los católicos ya convertidos, sino para quienes están buscando a Dios.
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¿Qué ha aprendido de las artistas con las que ha trabajado que ahora esté implementando en su carrera como solista?
Creo que lo principal ha sido entender cómo funciona realmente la industria independiente. A la gente le venden mucho la idea de Hollywood sobre la música: que uno va a un bar o a un restaurante, canta, aparece mágicamente un cazatalentos, lo firma, le dan un montón de plata y un Grammy, y ya, llega el estrellato. Pero esta industria es mucho más compleja. Hay muchas carreras que se están construyendo en simultáneo todo el tiempo. Entonces, lo valioso de haber trabajado en esto antes es que ahora entiendo qué tipo de artista quiero ser, qué presiones estoy dispuesta a asumir y cuáles no me interesan. Además, toda la experiencia trabajando en sonido, composición y producción con otros artistas también me ha ayudado a entender qué música quiero hacer. Entonces no fue solo que me ayudó a entender la industria, sino también entender mi sonido, lo que me gusta y lo que puede funcionar.
En ese sentido, ¿cómo describiría su sonido?
Definitivamente es un sonido “pop”, pero dentro de ese “pop” hay dos líneas muy claras, porque hoy en día el “pop” es casi todo. Por un lado, está una influencia muy fuerte de la música country, que viene de lo que escuchaba desde chiquita. Yo crecí en Minnesota, en el norte de Estados Unidos, en un entorno muy americano, con poca migración latina, y esa forma de contar historias es muy propia de ese lugar. Eso se siente en mi música. Pero, por otro lado, como he trabajado mucho el “pop” urbano, también están presentes los “beats”, de pronto algunos “chanteos” y elementos de ese mundo. Es algo que llevo haciendo tanto tiempo que ya hace parte de mi ADN musical. Diría que es eso: un “pop” con influencias claras del country y del “pop” urbano que escuchamos tanto aquí en Colombia.
¿Qué viene para usted en estos meses?
“Cada detalle” fue el abrebocas. A partir de ahí, voy a estar lanzando sencillos cada dos meses. El 22 de mayo salió el segundo, que se llama “Milagro” y es una canción muy importante para mí, porque siento que todo el tiempo le estamos pidiendo a Dios un milagro, pero no vemos todos esos otros milagros que ya hacen parte de nuestra vida y que a veces damos por sentados. Dos meses después, más o menos en julio, saldrá el siguiente sencillo, que se llama “En todas partes”, que es una canción un poco más tristonga y, de ahí en adelante, vendrán sencillos uno tras otro hasta completar un álbum de entre ocho y diez canciones.
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