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Niños desplazados en Gaza encuentran refugio en la música

En el campamento de Nuseirat, el profesor Husam Hasuna utiliza los instrumentos como una forma de combatir los daños psicológicos que ha sufrido la infancia.

Agencia EFE

05 de mayo de 2026 - 08:11 a. m.
La sede de Gaza del conservatorio nacional palestino de música está en una tienda del campamento de Nuseirat (centro de la Franja).
Foto: EFE - EFE
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La sede de Gaza del conservatorio nacional palestino de música está en una tienda del campamento de Nuseirat (centro de la Franja). El espacio, que también hace las veces de escuela, lo preside una pizarra con conjugaciones de verbos en árabe. Pero hoy no toca eso: para Ghazal y otros niños hoy es día de percusión.

La pequeña imita a su profesor nada más llega a la clase. Coge un cubo de plástico, lo coloca boca abajo sobre el suelo y empieza a golpearlo metódicamente: primero con las manos -arriba y por los lados-, luego con una baqueta, por último con dos.

Cuando, por fin, el sonido de los nueve tambores se fusiona en un solo ritmo, la clase se llena de sonrisas. “Probar sonidos distintos nos hace muy felices porque liberamos energía”, explicó Ghazal, quien tiene aproximadamente unos 8 años.

En el espacio contiguo de la tienda, niños algo más mayores convierten ese ritmo en armonía. Los guía Husam Hasuna, de 28 años, que durante la guerra decidió aprovechar su experiencia como profesor de guitarra para sacar a los menores de la Franja de “un clima tan difícil”.

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“No creo que nadie pueda soportar los daños psicológicos que han sufrido estos niños. Por eso intentamos aliviarlos lo máximo posible”, explicó Hasuna, formado en la sucursal gazatí del conservatorio nacional Edward Said.

Entre una lona de Unicef y otra de la Media Luna Roja, Hasuna reparte seis guitarras a un grupo de niñas desplazadas en Nuseirat. Si los instrumentos son distintos entre sí es porque hacerse con ellos bajo las bombas fue extremadamente difícil, aunque ahora el reto es otro: encontrar profesores suficientes para tantos niños interesados en aprender música.

“La mayoría de los músicos que había en la Franja de Gaza se fueron del país o fueron martirizados”, contó el profesor. “Este instrumento es lo único que me puede transportar a otro mundo”, dijo Dima agarrada a su guitarra.

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Después de meses de guerra buscando profesor sin éxito, esta joven de 13 años encontró que el guitarrista era el único dispuesto a seguir dando clase pese a verse obligado a cambiar de refugio por los bombardeos.

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“No importaba ir cambiándonos de lugar porque era la única manera de salir de ese clima de guerra, bombardeo y destrucción”, explicó la menor, una de las pocas que consiguieron un hueco en las clases de Hasuna.

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“Aunque cuando nos reunimos aquí lo olvidamos todo, el olvido solo es temporal”, reconoció Hosni Abu Sharar, estudiante universitaria y alumna de guitarra de Hasuna. Para ella, es imposible dejar atrás lo que ha visto, pero la música es capaz de “compensar todo el dolor y toda la crueldad” que ha sufrido. “La gente de la Franja también piensa en crear, jugar, aprender…”, defendió.

Los alumnos más pequeños de esta sede improvisada del conservatorio Edward Said se acercan a la clase de los mayores. Entre los huecos de las rejillas que forma la tela blanca de la tienda, fisgan lo que hacen los mayores.

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“Nuestros estudiantes y el resto de niños de Gaza no son muerte y destrucción como ustedes ven”, recordó Husam Hasuna, el profesor, antes de alegar que la infancia en la Franja merece ser vista, no desde la muerte, sino “desde la vida”.

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