Las palabras de Sergio Wolf, director artístico del festival más importante de cine independiente de Latinoamérica, BAFICI, parecen una profecía sudamericana hecha realidad.
Para este crítico cinematográfico, lo mejor que le puede pasar al cine de un país es que no tenga elementos que lo caractericen, para que logre ser universal. En cuanto a las tramas de las películas, este argentino afirma: “Estamos olvidando que no sólo la coyuntura de una país genera historias (en el caso colombiano, la desigualdad social, la corrupción, el conflicto, etc.) las mejores ideas están en las historias comunes de la gente normal”. Para él, este error se comete cuando se piensa primero en lo que quisiera ver el público, mas no en lo que el realizador prefiere contar.
Los guiones colombianos
Sergio Wolf hace parte del jurado que seleccionó los mejores proyectos presentados a la convocatoria 2008 del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico. Junto con su equipo estudió 232 proyectos de guión para largometrajes y documentales, así que son muchas las historias que tuvo que leer y evaluar.
Aunque afirma que encontró ideas muy originales, no niega que también dedicó parte de su tiempo a leer sinopsis que carecían de autenticidad. “Hay una idea de originalidad mal entendida. Se piensa que hacer historias paralelas que se entrecrucen en algún punto, al estilo de Amores perros o Babel, es algo muy auténtico. De hecho, muchos repiten modelos de películas que han visto, como las antes mencionadas, que son muy difíciles de lograr”.
Para este amante del trabajo del colombiano Luis Ospina hay cuatro aspectos que se deben tener muy definidos a la hora de presentar un guión: el punto de vista desde el que se cuenta la historia, el tono, el mundo de los personajes y la solidez de la estructura.